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Acoso laboral en el teletrabajo, el nuevo mobbing

El acoso laboral no se limita al centro de trabajo, sino que también puede extenderse a los empleados que trabajan desde casa, promoviendo un aislamiento digital y ambiental.

29/03/2024  David RamosRRHH

El acoso laboral afecta a 743 millones de personas, el 22,8% de los trabajadores del mundo, según los datos de una encuesta realizada por la Organización Mundial del Trabajo (OIT), Lloyd’s Register Foundation y Gallup.

Hay diferentes modalidades de acoso laboral, hostigamiento que suele limitarse al espacio de trabajo. Sin embargo, la irrupción del teletrabajo ha metido el acoso laboral en los hogares de muchos empleados.

“El fondo es el mismo. Se siguen desplegando conductas no deseadas que crean un entorno intimidatorio, hostil o humillante, pero cambian las formas y los medios que se emplean. Podemos decir que la tecnología se pone al servicio de esa finalidad de hostigamiento”, explica en este artículo Raquel Blanco, abogada laboralista y profesora colaboradora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

¿Cómo es el acoso laboral cibernético?

Carlos Galán, magistrado de la jurisdicción de lo social y profesor colaborador de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC, señala que casi todas las conductas hostiles típicas del acoso laboral presencial se trasladan al ciberacoso.

Someter al teletrabajador a falta de ocupación efectiva; encomendarle tareas inútiles, repetitivas o improductivas; o darle órdenes imposibles de cumplir con los medios o el tiempo del que dispone son algunos de los ejemplos que cita.

La principal diferencia entre el acoso laboral convencional y el que se produce en el teletrabajo es que el aislamiento físico del primero se sustituye por aislamiento digital y ambiental del acoso a distancia.

También se considera ciberacoso laboral provocar la incomunicación con terceras personas, no invitar al trabajador a las reuniones o videoconferencias de grupo, ignorarle durante el desarrollo de estos actos, sacarle de grupos de WhatsApp laborales o crear un grupo paralelo en el que no esté.

“Algunas conductas de ataque directo o indirecto, como los rumores maliciosos o las descalificaciones públicas de su persona o su trabajo, incluso multiplican su audiencia y su efecto dañino con el uso de herramientas TIC”, advierte Galán.

También surgen comportamientos propios de esta modalidad de acoso laboral a trabajadores remotos. “El Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha considerado como un elemento que integró acoso el hecho de que, entre otras conductas, la empresa no atendiese las incidencias técnicas que la trabajadora afectada iba manifestando. Eso provoca impotencia y desesperación no sólo por no poder desarrollar tus tareas, sino también porque nadie te haga el menor caso”, comenta Blanco.

Además, las redes sociales ofrecen una vía paralela de hostigamiento, ya que el acoso en el contexto laboral se puede combinar con acciones en estas plataformas que impliquen difamación o ataque a la persona, ya sea abiertamente o amparada por el anonimato que ofrecen aquellas.

Asimismo, Galán indica que es frecuente que los acosadores utilicen las redes sociales “para obtener información extralaboral sobre su víctima, que luego emplean para sus fines o para descubrir puntos de vulnerabilidad”.

Consecuencias del ciberacoso laboral

Las repercusiones de este tipo de actuaciones no son menores que cuando se producen casos de acoso laboral presencial. “He visto como se han activado protocolos de acoso sexual en personas que estaban teletrabajando y las consecuencias para la salud de la víctima han sido demoledoras”, afirma Meritxell Beltrán, experta en igualdad de género en el mundo laboral y profesora colaboradora del grado de Relaciones Laborales y Ocupación de la UOC.

De este modo, considera que este acoso laboral “puede causar un daño psicológico y moral”. “Son comunes los cuadros de ansiedad, miedo, apatía, trastorno del sueño, trastornos de la conducta alimentaria, depresiones e incluso el suicidio”, apunta.

Igualmente, remarca que el menosprecio continuo, el hostigamiento y las vejaciones provocan que la persona acosada acabe con baja autoestima y sienta que no puede salir de ese círculo de violencia.

Además, la distancia física con los compañeros tampoco ayuda, ya que la persona afectada puede sentirse sola. “En un modelo de prestación en el que no hay siquiera un café compartido con los compañeros en un descanso, afterwork a la salida, etc., es más complicado aún encontrar a alguien que lo presencie, que empatice, que preste al menos apoyo moral o incluso que despeje tus dudas y te haga tomar conciencia de la situación, algo que a veces es un proceso y no es instantáneo», comenta Galán.

¿Cómo responder?

Ante este tipo de situaciones, los expertos aconsejan activar el protocolo de acoso de la empresa y usar la tecnología para recabar pruebas para su defensa. “Al contrario de lo que sucede en el acoso presencial, en el que muchas conductas son verbales y no dejan ninguna prueba ni hay testigos, en los sistemas de teletrabajo el correo electrónico, el WhatsApp, las órdenes y comunicaciones por la intranet, las videoconferencias —que pueden ser grabadas—, etc., sí que van dejando rastro”, reseña Blanco.

Además de recoger y guardar pruebas, se recomienda consultar cuanto antes a un profesional del derecho, pero también acudir en busca de apoyo psicológico.

Por otro lado, hay que recordar que las empresas no están exentas de responsabilidad, ya que están obligadas a evaluar los riesgos psicosociales y deben articular protocolos contra el acoso moral y sexual en el trabajo y contra la discriminación. Y dicha exigencia se extiende al ámbito del teletrabajo.

David RamosDesde 2006, soy periodista freelance especializado en información económica, técnica y sectorial.