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“Muchas marcas llegan a las familias, pero pocas logran quedarse: en el hogar, quien descubre no siempre decide y quien rechaza suele tener más peso que quien desea”

Borja López-Niclós, CEO y cofundador de We Are Family Iberia, lleva años analizando —como emprendedor y como investigador— cómo construir relaciones duraderas dentro del hogar. Aquí nos da las claves

Borja López Niclós, cómo se articulan las familias en la elección de marcas, productos y experiencias.
Borja López-Niclós, CEO y cofundador de We are Family Iberia.

Borja López-Niclós, CEO y cofundador de We Are Family Iberia, lleva años analizando algo que muchas compañías todavía simplifican: cómo deciden realmente las familias.

Su trayectoria combina experiencia en grandes marcas y emprendimiento, pero sobre todo una inquietud constante por entender qué hace que una marca consiga entrar y, sobre todo, quedarse en la vida cotidiana de las personas.

La conversación arranca con una confesión que conecta lo profesional con lo personal: “Lo primero de todo, quería daros las gracias por vuestro interés y por querer contar esta historia. Para mí es especialmente bonito porque llevo más de 20 años leyendo Emprendedores. Me he inspirado muchas veces con vuestras entrevistas, con ideas de nuevas startups, con modelos de negocio y con esa mezcla tan vuestra de visión y utilidad. Os he leído y os he coleccionado durante años, así que esta entrevista me hace muchísima ilusión, de verdad. En cierto modo, también siento que cierra un pequeño círculo personal, que espero que siga fortaleciéndose”.

El impacto de las marcas

Con esta conexión como punto de partida, la charla fluye hacia una idea clave: entender qué ocurre realmente dentro del hogar cuando una familia elige qué compra, qué consume y a qué le da espacio en su día a día.

DURANTE AÑOS HAS TRABAJADO CON COMPAÑÍAS DE SECTORES MUY DISTINTOS ANALIZANDO CÓMO FUNCIONA EL CONSUMO DENTRO DEL HOGAR. ¿CUÁL HA SIDO TU TRAYECTORIA Y QUÉ TE LLEVÓ A ESPECIALIZARTE EN ESTE ÁMBITO?

Es una buena pregunta, porque en realidad mi trayectoria no nace de una especialización tradicional en una categoría concreta, sino de una inquietud mucho más profunda: entender por qué algunas marcas consiguen tener un impacto cultural, económico y generacional mucho mayor que otras.

Después de montar mi primera startup con 21 años, nos dimos cuenta de que nos habíamos dedicado a emprender sin aprender cómo funcionaba el mundo, por lo que necesitaba aprender de verdad.

Ahí entré a trabajar en grandes compañías como Red Bull y fue donde entendí algo fundamental: el verdadero poder de una marca no está solo en vender, sino en formar parte de la vida de las personas, de su cultura, de sus hábitos y de cómo entienden el mundo.

Tras casi diez años aprendiendo dentro de grandes compañías, decidí volver a emprender, pero esta vez con otra mirada. Me tomé un tiempo para pensar con mucha intención qué quería construir y dónde quería poner mi energía.

Y llegué a una conclusión muy clara: quería dedicarme a ayudar a construir marcas con impacto real en la sociedad y con capacidad de trascender generaciones.

Cuando miré de cerca algunas de las compañías que más admiraba, vi un patrón muy claro: no solo vendían bien, habían entendido cómo ocupar un lugar en la vida de las familias y en la cultura. En mi caso, eso se veía muy claramente en referentes como Lego o Disney.

Ahí entendí que no quería especializarme en un sector, sino en algo mucho más relevante: en cómo las marcas, los productos y los servicios entran en la vida de las nuevas generaciones y de las familias, qué lugar ocupan dentro del hogar y qué hace que consigan quedarse. Ese cruce entre investigación, estrategia, creatividad, cultura y sistema familiar es lo que me llevó a especializarme en este ámbito.

“El verdadero poder de una marca no está solo en vender, sino en formar parte de la vida de las personas, de su cultura, de sus hábitos y de cómo entienden el mundo.”

Investigación y creatividad

¿EN QUÉ MOMENTO EMPIEZAS A MIRAR A LAS FAMILIAS NO SOLO COMO UN FENÓMENO SOCIAL, SINO COMO UN SISTEMA ECONÓMICO CON LÓGICAS PROPIAS?

Creo que empecé a mirarlo mucho antes de ponerle nombre. Primero, desde muy cerca: mi propia familia, las de mis amigos, las de mi entorno. Siempre he sido muy observador.

De niño, por ejemplo, hacía algo curioso: iba a la playa con mi familia y, en vez de salir corriendo a hacer castillos de arena, muchas veces cogía una silla plegable, me apartaba unos metros y me quedaba mirando.

Me fascinaban las dinámicas: qué hacía que mi grupo funcionara, quién proponía, quién decidía, quién cedía y cómo se ordenaban las relaciones.

Con el tiempo entendí que esa forma de observar está en la base de lo que hago hoy: investigación y creatividad. Llevo más de una década estudiando cómo las familias deciden y cómo adoptan productos, contenidos y marcas, a través de investigación cualitativa y cuantitativa propia.

Y esa combinación entre observación, estrategia e investigación fue la que me hizo ver algo muy claro: la familia no es solo un fenómeno social o cultural, es también el sistema económico más importante de la sociedad, complejo y con reglas propias.

Porque dentro del hogar no solo se decide qué comprar. También se distribuyen tiempo, atención, confianza, dinero, pertenencia y bienestar.

Y esas decisiones responden a lógicas mucho más complejas de lo que muchas compañías suelen contemplar. Ahí fue donde entendí que no estábamos ante una simple audiencia, sino ante un sistema real de influencia, negociación, prioridades y adopción.

Y esa mirada no la confirma solo la investigación. También la valida el trabajo real con marcas e IPs que han conseguido ocupar un lugar profundo dentro del hogar.

En nuestro caso, haber participado en la construcción de la estrategia global de Bluey fue especialmente revelador, porque vimos de cerca cómo una propiedad puede entrar en la vida de las familias con una fuerza extraordinaria y convertirse en parte de sus rituales, su lenguaje y su memoria compartida.

Y lo mismo ocurre, de formas distintas, con otras marcas con las que hemos trabajado: cuando entiendes de verdad cómo funciona el sistema familiar, dejas de construir solo visibilidad y empiezas a construir permanencia.

Para mí, eso refuerza una convicción muy clara: las familias no son una categoría a la que hablar, sino un sistema que hay que entender muy bien para entrar con sentido y legitimidad.

Borja López-Niclós es un emprendedor y empresario español de origen vasco y vocación internacional, reconocido por su especialización en estrategia, crecimiento y construcción de marcas en el espacio family-first.

Encaje producto-mercado

¿QUÉ DETECTASTE EN ESE ESPACIO QUE MUCHAS COMPAÑÍAS NO ESTABAN VIENDO O ESTABAN SIMPLIFICANDO EN EXCESO?

Aquí creo que estaba uno de los grandes gaps del mercado: muchas compañías intentaban construir para las familias sin entender de verdad cómo es su vida real.

Las reducían a una foto demasiado simple, una suma de individuos, una figura decisora única o una audiencia a la que impactar y, desde ahí, era muy difícil responder a sus necesidades reales.

Porque los problemas de las familias no son abstractos. Tienen que ver con tiempo, coordinación, carga mental, confianza, presupuesto, hábitos, negociación, diversión, fricción y cuidado.

Si no entiendes esa realidad cotidiana, acabas construyendo cosas que pueden parecer relevantes en una presentación, pero que luego no encajan en la vida real.

Para mí, ahí está la diferencia entre hacer algo con sentido y hacer humo: no se trata solo de atraer, sino de resolver, de encajar y de conseguir quedarse.

Solución real para el mercado

¿CUÁNDO Y POR QUÉ DECIDISTE CREAR WE ARE FAMILY? ¿QUÉ VACÍO REAL VENÍA A CUBRIR?

Lo decidí cuando entendí que tenía una visión innovadora y una solución real a las necesidades del mercado y que nadie estaba cubriendo.

Sentía que algunas marcas que querían crecer dentro del mundo infantil y familiar seguían intentando hacerlo con mapas viejos.

La sociedad había cambiado muchísimo, en lo cultural, en la tecnológico, en los medios, en cómo vivimos y en cómo decidimos, pero muchas compañías seguían leyendo a las familias de una forma demasiado tradicional, demográfica y superficial.

Y ahí vi un vacío muy claro. Hoy es más fácil operar internacionalmente, lanzar mensajes y ganar visibilidad. Lo difícil es otra cosa: conectar de verdad con la vida de las personas, entender sus códigos culturales y construir relevancia que se sostenga en el tiempo.

Las barreras geográficas son cada vez menores, pero las fricciones culturales son cada vez más importantes. Y eso, dentro del mercado familiar, se vuelve todavía más evidente.

We Are Family nació, precisamente, para cubrir ese espacio: ayudar a marcas y negocios del ecosistema infantil y familiar a crecer con una lectura mucho más profunda, más estratégica y más conectada con la realidad.

No solo en una categoría concreta, sino en todo ese universo donde convergen contenido, producto, retail, licensing, entretenimiento, educación y experiencias.

Desde el principio tuve claro que esta necesidad no era local, sino estructural. Por eso, dimos forma a una compañía especializada, con visión internacional y con capacidad de trabajar esa complejidad en distintos mercados.

Porque si las compañías operan cada vez más sin fronteras, pero las familias siguen decidiendo desde contextos, códigos y realidades muy concretas, alguien tenía que ayudar a unir esas dos cosas con criterio.

Para mí, ese era el vacío real: hacía falta una compañía capaz de entender la complejidad de la vida familiar contemporánea y traducirla en growth, estrategia, creatividad y construcción de marca con sentido.

“We Are Family nació, precisamente, para cubrir ese espacio: ayudar a marcas y negocios del ecosistema infantil y familiar a crecer con una lectura mucho más profunda, más estratégica y más conectada con la realidad”

El hogar, como sistema vivo

DEFIENDES QUE EL HOGAR FUNCIONA COMO UN SISTEMA DE DECISIÓN CON REGLAS PROPIAS. ¿QUÉ LO HACE DIFERENTE FRENTE A OTROS MERCADOS?

Para mí, la gran diferencia es que en el hogar casi nada compite solo por deseo, compite por encaje. Un producto o una marca no entra simplemente porque guste, sino porque consigue encontrar un lugar dentro de una estructura de descubrimiento, entretenimiento, utilidad, tiempo, confianza, presupuesto, valores, rutinas y convivencia. Y ese filtro es muchísimo más exigente que en otros mercados.

Además, dentro del hogar la decisión casi nunca es lineal. Quien descubre no siempre decide. Quien paga no siempre usa. Quien usa no siempre valida. Y quien rechaza muchas veces tiene más poder que quien desea.

Por eso, el hogar no funciona como una simple audiencia, sino como un sistema vivo, con sus propias reglas de entrada, permanencia y salida.

Y precisamente por eso, entender el hogar no consiste solo en saber a quién le gusta algo, sino en comprender qué hace falta para que ese algo pueda entrar, sostenerse y tener sentido dentro de la vida real para trascender generaciones.

Las marcas tienen que convencer y facilitar

DENTRO DE UN HOGAR CONVIVEN MUCHAS FUERZAS: INFLUENCIA, NEGOCIACIÓN, HÁBITO, ASPIRACIÓN… ¿CÓMO SE ARTICULAN EN LA ELECCIÓN DE MARCAS, PRODUCTOS Y EXPERIENCIAS?

Es interesante que me lo preguntes, porque desde fuera muchas veces parece que las decisiones familiares son simples y, en realidad, casi nunca lo son.

Dentro de un hogar conviven influencia, negociación, hábito, aspiración, presupuesto, practicidad y confianza. Y muchas veces, lo que termina ganando no es lo más llamativo, sino lo que mejor encaja en la vida real de esa familia.

Por ejemplo, en la elección de una universidad puede pesar mucho la aspiración del hijo o hija, pero también la preocupación económica de los padres, las salidas profesionales, la distancia o incluso el significado social de esa decisión.

Y en unas actividades extraescolares ocurre algo parecido: importa el aprendizaje, claro, pero también si al niño le gusta, si encaja en la logística familiar, el precio, y si se puede sostener en el tiempo sin generar más fricción que valor.

Por eso, dentro del hogar las marcas, productos y servicios no solo tienen que convencer: tienen que facilitar. Tienen que reducir fricción, generar confianza y demostrar que pueden tener sentido en la vida cotidiana. Si no entiendes eso, puedes conseguir una compra puntual, pero difícilmente construirás una relación.

“Dentro del hogar las marcas, productos y servicios no solo tienen que convencer: tienen que facilitar. Tienen que reducir fricción, generar confianza y demostrar que pueden tener sentido en la vida cotidiana”

Construir legitimidad y consistencia

¿POR QUÉ MUCHAS EMPRESAS SIGUEN FALLANDO AL LEER A LAS FAMILIAS? ¿QUÉ ESTÁN DEJANDO DE VER?

Yo aquí haría un matiz importante: más que hablar de “fallar”, diría que a algunas empresas les cuesta leer bien a las familias porque el contexto ha cambiado mucho más rápido que sus herramientas.

Hoy el hogar vive bajo una presión enorme, y eso cambia por completo cómo decide. Cuando una familia está sobrecargada, filtra más, tolera menos fricción y decide con mucha más cautela.

Además, el problema ya no es solo competir con empresas de tu categoría. Hoy compites por tiempo, atención y espacio mental dentro de un entorno saturado.

Y eso significa que entrar en la vida familiar no depende solo de tener visibilidad, sino de tener un encaje real dentro de una vida cotidiana cada vez más exigente y fragmentada.

Ahí es donde algunas marcas se frustran: siguen obsesionadas con la relevancia puntual, cuando el verdadero reto es construir legitimidad y consistencia.

Dependen demasiado de algoritmos, paid media y fórmulas de interrupción, cuando lo que hace falta es generar confianza real y activos propios de relación.

Si tuviera que resumir qué están dejando de ver, diría esto: profundidad en el análisis, honestidad en la propuesta y constancia en la construcción de marca.

Muchas empresas siguen intentando impactar a las familias, pero muy pocas están diseñando cómo ser aceptadas por ellas. Y hoy esa diferencia lo cambia todo.

El gran problema no es la falta de impacto. Es confundir atención con permiso y relevancia con legitimidad.

De niño, el emprendedor observaba cómo funcionaban las dinámicas familiares; desde hace más de una década convierte esa mirada curiosa en investigación y estrategia para entender cómo se toman las decisiones en el hogar.

Media spender vs. media builder

¿QUÉ CAMBIA CUANDO UNA COMPAÑÍA DEJA DE PENSAR EN “IMPACTAR AUDIENCIAS” Y EMPIEZA A ENTENDER SISTEMAS DE DECISIÓN REALES? ¿QUÉ OPORTUNIDADES EMPIEZAN A APARECER?

Ahí es donde, para mí, cambia absolutamente todo. Porque dejas de pensar en cómo interrumpir a tu público y empiezas a pensar en cómo encajar dentro de un sistema real de descubrimiento, decisión y pertenencia.

Ya no se trata solo de captar atención, sino de entender qué lugar puedes ocupar en la vida de esa familia, qué valor aportas y por qué deberían dejarte entrar.

Y ahí aparece una diferencia que para mí es clave: la diferencia entre ser un media spender y ser un media builder. Un media spender compra alcance, alquila atención y depende de que el algoritmo o la inversión le sigan funcionando.

Un media builder, en cambio, construye un espacio propio: diferenciación, relación, confianza, memoria y recurrencia. No vive solo de empujar mensajes, sino de crear algo a lo que la gente quiere volver porque encuentra utilidad, identidad o valor real.

Cuando una compañía entiende los canales, los formatos y sistemas de decisión reales, cambia la forma de investigar, porque ya no estudia solo perfiles, sino dinámicas. Cambia el producto, porque empieza a diseñar para encajar mejor en la vida cotidiana. Cambia la narrativa, porque deja de hablar desde sí misma y empieza a conectar con tensiones y necesidades reales.

Y cambia incluso la forma de medir el éxito, porque ya no todo pasa por el impacto inmediato, sino también por adopción, repetición, confianza y permanencia.

Y ahí empiezan a aparecer oportunidades mucho más valiosas. Porque cuando entiendes de verdad cómo decide una familia, ya no solo puedes comunicar mejor: puedes diseñar mejor, distribuir mejor y construir negocios mucho más difíciles de reemplazar. Empiezas a ver espacios donde no hay solo una campaña por hacer, sino una necesidad estructural por resolver.

Hoy, y cada vez más, el reto no es solo tener alcance, es construir suficiente valor como para no tener que comprar la relación cada vez.

“Hoy, y cada vez más, el reto no es solo tener alcance, es construir suficiente valor como para no tener que comprar la relación cada vez”

Las claves del consumo familiar

A PARTIR DE TU EXPERIENCIA, HAS DESARROLLADO CulturalOS, UN MARCO ESTRATÉGICO Y OPERATIVO PROPIO QUE ORDENA DOS LECTURAS COMPLEMENTARIAS DEL MERCADO: FamilyOS Y KidultOS. ¿QUÉ EXPLICAN ESTOS MODELOS SOBRE CÓMO FUNCIONAN HOY LAS DECISIONES DE CONSUMO?

Surge de una necesidad muy práctica: convertir años de observación e investigación en un sistema útil para tomar mejores decisiones. Y lo “cultural” aquí no se refiere a la cultura en abstracto, sino al contexto real en el que la gente vive, descubre, elige, comparte y repite.

Porque entender el consumo familiar hoy no es solo entender qué compra una familia. Es entender cómo vive, qué canales usan sus distintos miembros, cuánto tiempo pasan en ellos, para qué los usan y qué papel tiene cada uno en la construcción de atención, confianza y hábito.

Ahí es donde entra nuestra lógica de family listening: una escucha constante de cómo cambian las familias, sus códigos, canales y formatos, sus rutinas, sus tensiones y sus comportamientos en distintos mercados.

Dentro de ese marco, FamilyOS explica cómo funciona el hogar como sistema de decisión, pero también mapea el sistema completo en el que esa decisión se produce: canales, formatos, recorridos de descubrimiento, puntos de influencia, fricciones, permiso, coordinación y repetición.

Porque hoy no basta con saber qué quiere una familia; hay que entender dónde lo descubre, cómo lo interpreta, en qué formato le llega, quién lo valida y qué hace que eso termine formando parte de su vida.

KidultOS, por su parte, nace de otra observación muy clara: no estamos ante una simple nostalgia adulta, sino ante un fenómeno cultural que está redefiniendo industrias enteras, especialmente en categorías como juguete, entretenimiento, licensing, coleccionismo o experiencias.

Muchos adultos están reconstruyendo su identidad, su ocio y su forma de pertenecer a través de productos, universos y códigos culturales que antes se leían de otra manera. Y entender eso hoy es clave para leer hacia dónde se mueve el mercado.

En conjunto, ambos modelos permiten leer no solo qué consume la gente, sino qué sistema de canales, formatos, motivaciones y códigos culturales hace posible que algo sea descubierto, adoptado, repetido y escalado.

“Ambos modelos [FamilyOS y KidultOS] permiten leer no solo qué consume la gente, sino qué sistema de canales, formatos, motivaciones y códigos culturales hace posible que algo sea descubierto, adoptado, repetido y escalado”

Hablar el mismo lenguaje

CUANDO UNA COMPAÑÍA INCORPORA ESTA LECTURA, ¿DÓNDE SE EMPIEZA A NOTAR PRIMERO?

Normalmente se nota primero en la claridad. Y eso es mucho más importante de lo que parece.

Cuando una compañía pone palabras, criterios y un marco compartido sobre cómo funciona de verdad el hogar, los equipos empiezan a entender mejor para quién están construyendo, qué barreras estaban pasando por alto y qué lugar pueden ocupar con legitimidad.

Muchas veces descubren que no tenían un problema de creatividad o de inversión, sino de lectura.

A partir de ahí, el cambio baja muy rápido a decisiones concretas: posicionamiento, lenguaje, canales, formatos, tiempos, fricciones, relaciones y prioridades.

De repente, muchas cosas empiezan a tener más sentido porque ya no se está trabajando sobre intuiciones vagas o conceptos abstractos, sino sobre la realidad de cómo viven, deciden y adoptan las familias.

Y, por último, también se nota en la efectividad. Se nota en campañas más precisas, en mensajes que conectan mejor, en propuestas que encajan más y en decisiones que generan más adopción, repetición y valor.

Porque cuando trabajas sobre la vida real de las familias, no solo entiendes mejor el mercado: construyes acciones mucho más seguras y eficaces. Porque cuando trabajas sobre la realidad, no solo mejoras la lectura, mejoras el resultado.

Borja López-Niclós es cofundador y CEO de We Are Family, un grupo internacional especializado en servicios de investigación, creatividad y marketing para marcas que buscan entender y activar las nuevas dinámicas de consumo del hogar, y CEO de su operación para España y Latinoamérica.

La era de la emoción con sentido

¿POR QUÉ HOY NO BASTA CON TENER UN BUEN PRODUCTO O UNA BUENA COMUNICACIÓN? ¿QUÉ DIFERENCIA A LAS MARCAS QUE SIMPLEMENTE VENDEN A FAMILIAS DE LAS QUE CONSIGUEN FORMAR PARTE DE SU VIDA COTIDIANA?

Porque hoy no basta con ser bueno: hay que ser adoptable, recordable y emocionalmente relevante. Durante años se ha hablado de la economía de la atención, pero la atención hoy está tan fragmentada, tan saturada y dura tan poco, que por sí sola ya no garantiza nada.

Todos recibimos miles de impactos, mensajes, estímulos y contenidos cada día. Muchos los vemos, algunos incluso los entendemos, pero muy pocos nos dejan huella. Y si no te hacen sentir algo, si no conectan con una tensión real o no ocupan un lugar claro en tu vida, desaparecen igual de rápido que llegaron.

Por eso creo que cada vez vivimos menos en la era de la atención y más en la era de la emoción con sentido. No basta con que te vean unos segundos; hace falta que lo que ofreces represente algo, alivie algo, resuelva algo o conecte con algo real.

Puedes tener un gran producto y una gran comunicación, pero si no logras que eso encaje en la lógica cotidiana del hogar, te quedas fuera. Y en el entorno familiar, entrar una vez ya es difícil, pero quedarse lo es mucho más.

Las marcas que simplemente venden a familias suelen moverse en una lógica transaccional. Las que consiguen formar parte de su vida cotidiana entienden algo más profundo: que tienen que resolver una necesidad real, generar alivio, reducir complejidad y construir confianza con el tiempo. No solo consiguen una compra; consiguen permanencia.

La atención puede abrir la puerta, pero solo la emoción con sentido consigue que te recuerden, te elijan, y la utilidad y el servicio a la familia es lo que hace que te dejen quedarte.

“Puedes tener un gran producto y una gran comunicación, pero si no logras que eso encaje en la lógica cotidiana del hogar, te quedas fuera. Y en el entorno familiar, entrar una vez ya es difícil, pero quedarse lo es mucho más”

Escucha activa

LA VIDA FAMILIAR ESTÁ CAMBIANDO RÁPIDAMENTE. ¿QUÉ DEBERÍAN ENTENDER HOY LAS EMPRESAS SI QUIEREN SEGUIR SIENDO RELEVANTES Y ESTAR BIEN POSICIONADAS PARA CAPTURAR VALOR DENTRO DEL HOGAR?

Aquí has dado en una de las claves, porque lo primero que tenemos que entender es que hoy la vida familiar es mucho más compleja, más exigente y más tensionada que hace unos años.

Las familias viven con menos tiempo, más coordinación, más carga mental y una atención cada vez más fragmentada. Y eso cambia por completo la forma en que descubren, evalúan y adoptan productos, servicios y marcas.

En ese escenario, las compañías que quieran seguir siendo relevantes no pueden limitarse a observar desde fuera ni a repetir fórmulas que un día funcionaron.

Tienen que escuchar de verdad a las familias, entender cómo cambian sus hábitos, sus tensiones y sus prioridades, y adaptarse con criterio a esa realidad. Porque adaptarse rápido importa, sí, pero dentro del hogar la confianza no se construye a base de movimientos constantes, sino de coherencia sostenida en el tiempo.

También creo que hoy es más importante que nunca ser honestos: honestos en la propuesta, en el valor que aportas y en el lugar que realmente puedes ocupar.

Porque ya no basta con estar presentes culturalmente o con parecer relevantes. Hay que ser útiles. Y útiles no en abstracto, sino dentro de situaciones concretas de la vida cotidiana.

Al final, las compañías mejor posicionadas para capturar valor dentro del hogar serán las que entiendan algo muy simple, pero muy profundo: que las familias no están buscando más ruido, sino más sentido.

Las marcas, productos y servicios que sepan aliviar, facilitar, acompañar o mejorar momentos reales de su vida serán las que consigan ocupar un lugar valioso y difícil de reemplazar.

“Las compañías que quieran seguir siendo relevantes no pueden limitarse a observar desde fuera ni a repetir fórmulas que un día funcionaron”

Comunicación transversal

DE CARA AL FUTURO, ¿CÓMO CREES QUE EVOLUCIONARÁ LA RELACIÓN ENTRE LAS MARCAS Y LAS FAMILIAS? ¿QUÉ EXIGIRÁ EL MERCADO?

Creo que vamos hacia una relación mucho menos superficial y mucho más exigente entre las marcas y las familias. Las familias van a pedir menos ruido y más valor real.

Menos promesa y más prueba. Menos presencia oportunista y más verdad, consistencia y utilidad. Y eso va a separar muy rápido a las marcas que solo saben comunicar de las que realmente saben acompañar.

En el futuro ya no bastará con lanzar campañas o con tener visibilidad. El mercado va a premiar a las compañías que entiendan que la relación con las familias no se construye en un solo punto de contacto, sino de forma transversal, a través de distintos productos, servicios, experiencias, contenidos, espacios y momentos de vida. Las marcas más fuertes serán las que sepan participar en la vida familiar de varias maneras, con coherencia y con sentido.

Porque una familia no incorpora una marca a su vida solo por lo que dice, sino por el sistema de valor que construye a su alrededor: cómo aparece, qué resuelve, qué facilita, qué representa y cómo acompaña en el tiempo.

Ahí es donde las grandes marcas marcan la diferencia: no se quedan en una sola expresión, sino que consiguen extenderse de forma natural a distintos formatos, generaciones y momentos sin perder su verdad.

Creo que esa será una de las grandes exigencias del mercado: dejar de pensar en marcas como emisores de mensajes y empezar a construirlas como sistemas coherentes de valor.

En ese sentido, el futuro no será solo de las marcas más visibles, sino de las más integradas, las más transversales y las más capaces de generar relación real con las familias desde distintos lugares.

“El mercado va a premiar a las compañías que entiendan que la relación con las familias no se construye en un solo punto de contacto, sino de forma transversal”

Construir a largo plazo

¿QUÉ OPORTUNIDADES EMPRESARIALES SE ABREN PARA QUIENES SEAN CAPACES DE COMBINAR RELACIÓN DIRECTA, INTELIGENCIA Y DISTRIBUCIÓN CULTURAL CONFIABLE DENTRO DE LA VIDA FAMILIAR?

Se abren oportunidades enormes, porque esa combinación permite construir mucho más que marcas visibles: permite construir posiciones duraderas dentro del hogar. Y eso cambia por completo el valor del negocio.

Cuando creas para niños y familias, no basta con venir, vender algo e irte. Tampoco funciona impactar con una campaña y desaparecer.

Si de verdad quieres construir una compañía con visión de largo plazo, tienes que ser capaz de entrar con sentido, crecer con la familia y seguir aportando valor a medida que esa familia evoluciona. Ahí es donde aparece la diferencia entre una marca puntual y una plataforma con capacidad real de permanencia.

Eso es lo que vemos en compañías como Disney, Lego o Pokémon: no construir una única relación, sino una relación que se expande a través de productos, experiencias, contenido, licencias, comunidad y memoria compartida, conectando además con distintas generaciones dentro del mismo hogar.

Y ahí está una de las claves más potentes del negocio: cuando una marca consigue ser relevante para varias edades y acompañar distintos momentos de vida, su valor crece muchísimo.

Porque entonces aparecen tres cosas que cualquier compañía busca. Aparece la rentabilidad, porque aumenta la repetición, la confianza y el valor de vida del cliente. Aparece la escalabilidad, porque puedes crecer hacia nuevas categorías, formatos y modelos sin empezar de cero cada vez.

Y aparece la permanencia, porque dejas de depender solo de captar atención y empiezas a ocupar un lugar legítimo y difícil de reemplazar dentro de la vida familiar.

Para mí, esa es una de las mayores oportunidades empresariales de los próximos años: construir compañías que no solo le vendan a las familias, sino que sepan relacionarse con ellas, evolucionar con ellas y formar parte de su vida de una manera confiable, transversal y sostenida en el tiempo.

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