Hispansion: sembrando la luna desde Madrid
Hispansion es una startup que se dedica al desarrollo y producción de regolito lunar sintético (tierra lunar simulada) para el sector aeroespacial

Hispansion es la startup fundada por dos jóvenes de 25 años: Jaime Abella Larraz y Carlos Aguilar Borasteros. Persiguen alzarse con el liderazgo mundial en la producción simulada de regolito y en las pruebas de infraestructura para la exploración espacial.
Incubados ESA BIC Comunidad de Madrid, centro que gestiona la Fundación madri+d, abordan una necesidad crítica en la nueva carrera espacial.
El regolito sirve para que desarrolladores de tecnologías de exploración lunar (Rovers, hábitats aptos para los humanos, construcción o extracción de recursos) prueben sus inventos en un laboratorio terrestre antes de embarcarse en misiones reales en la luna.
Alta fidelidad
“Somos una startup donde nos dedicamos a desarrollar y producir materiales que replican, en composición y en propiedades, el suelo de la luna ”, afirman los fundadores. En esta línea, lo que han sacado al mercado es un simulante de regolito altamente avanzado que alcanza un 92% de similitud con el suelo lunar.
Conocen la fidelidad de su producto porque, en el desarrollo, tomaron como referencia unas métricas públicas de la NASA, de las misiones Apolo, llamadas Figuras de Mérito (Figure of Merit). Se trata de una métrica cuantitativa que mide la similitud entre simulantes de regolito lunar y muestras reales para asegurar la calidad en la investigación.
Las Figuras de Mérito contemplan siete variables, desde la mineralogía, hasta la distribución de partículas, química o densidad, entre otras. Cada categoría se puntúa de 0 a 100. A ellos la réplica de las propiedades físicas y químicas del suelo lunar, les sale con nota de sobresaliente.
El producto
Los regolitos los producen ellos, de forma sintética, mezclando distintos minerales y materias primas extraídas de la Tierra, todos de origen europeo.
Para adaptarse a las variaciones de la composición del terreno lunar, los fabrican de dos tipos. Unos simulan las tierras altas (highlands) que son regiones montañosas, claras y densamente craterizadas. Otros simulan los mares lunares, que corresponden a llanuras oscuras y planas de la superficie.
Los regolitos los comercializan en bolsas de plástico que, a ojo de un profano, se pueden confundir a primera vista con comida para mascotas. Cada bolsa de 5 kg puede adquirirse al precio de 125€, según puede verse en su página web.
Escalabilidad
Aunque en Hispansión hayan logrado una calidad muy elevada, la idea de simular terrarios lunares no es nueva. Por eso estos emprendedores quisieron ir un paso más allá y solventar una flaqueza de mercado que es la capacidad limitada de producción de regolitos.
“Hay universidades que te pueden desarrollar un simulante de buena fidelidad y calidad alta. El problema es que solo te van a hacer, por ejemplo, 1 kg. Si tú quieres probar el comportamiento de un rover nuevo en la luna o entrenar astronautas, necesitas un terrario gigante, como el que hay en Colonia (Alemania), que simula la superficie lunar con 900 toneladas de regolito. Otra opción era ir a una cantera directamente y utilizar un único material, lo que significa usar un simulante de bastante baja fidelidad”, explican.
Para sortear el problema de la escalabilidad, en Hispansion han suscrito un acuerdo con una planta industrial de procesado de minerales, acostumbrada a mantener altos estándares de calidad y baja variabilidad en lo que producen, algo muy importante en los simulantes de regolito. Gracias a este acuerdo, se proponen producir más de 1000 toneladas anuales de regolito.
“La competencia produce sus simulantes sin tener industrializado y estandarizado el proceso, lo que les impide escalar para llegar a este número tan alto de toneladas. Sin embargo, nosotros hemos enfocado la formulación del simulante para que sea un producto escalable desde el inicio del I+D, lo que nos permite estandarizar procesos de forma mucho más sencilla. Resumiendo, no hay nadie salvo nosotros que sea capaz de producir tanta cantidad de regolito manteniendo una fidelidad tan alta como la nuestra”, declaran.

Y todo esto, ¿para qué?
Una vez que los distintos bloques geopolíticos han decidido aparcar, por el momento, a Marte y han recuperado su interés por regresar a la luna, ahora para quedarse, soluciones como las de Hispansion cobran mucho sentido.
Con el foco puesto en establecer la presencia humana permanente en la luna, la NASA ha puesto en marcha el programa Artemis.
Se suman a ello numerosos proyectos de empresas privadas de todo tipo que investigan desde nuevos vehículos eléctricos todoterreno hasta constructoras que quieren edificar hoteles o hacer carreteras; agricultura espacial, como el proyecto español Green Moon Project o cualquier otra industria que haga posible la habitabilidad de la luna, con una superficie muy diferente a la de la Tierra y cambios drásticos de temperatura.
Para evitar costes y ganar efectividad, todos estos ensayos y pruebas de tecnologías han de hacerse en la tierra, en terrarios lunares simulados. A todas estas empresas, agencias e instituciones que se orientan a la tecnología lunar, quiere Hispansion vender sus regolitos. Clientes suyos podrían ser multinacionales como GMV, la misma Agencia Espacial Europea (ESA) o cualquier empresa que desarrolle tecnología lunar.
Refieren también los fundadores el valor estratégico de su compañía en aras de la perseguida autonomía tecnológica en Europa.
Con sus propios recursos
Pese a ser una startup de base científica a las que se presupone un capital intensivo, otro de los méritos conseguidos hasta ahora por estos dos emprendedores es haberse hueco en el mercado sin apoyo económico externo.
“Desde el principio, hemos intentado enfocar el negocio para no depender tanto de capital externo. Hemos querido generar ingresos y ser rentables desde el inicio para financiar el crecimiento y la I+D con nuestros propios beneficio, al menos en las primeras etapas. Ya veremos más adelante si tenemos que recurrir al venture capital”, dicen.
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