Frenos al avance de la movilidad en España, según este experto
España podría convertirse en un laboratorio europeo de movilidad avanzada, pero requiere ambición estratégica y valentía regulatoria

La transformación de la movilidad va más allá de la electrificación: el vehículo tradicional está dando paso a una plataforma digital basada en software y datos.
Esta es la tesis central de Javier Goikoetxea González, CEO de Next Mobility, quien advierte en esta entrevista de que, a pesar de las inversiones, España y Europa se encuentran frenadas por una “excesiva cautela normativa”.
Goikoetxea expone por qué la inversión prioritaria debe ser digital y cómo la regulación europea está haciendo que el continente pierda una ventaja competitiva clave frente a EEUU y China.
La movilidad del futuro
EMPRENDEDORES: Mantiene que la movilidad del futuro será autónoma, compartida y pensada para personas mayores. ¿Qué inversión en infraestructura necesitaría España para que eso sea posible?
JAVIER GOIKOETXEA: La movilidad autónoma, compartida y adaptada al envejecimiento poblacional no depende únicamente del vehículo, sino de todo el ecosistema que lo rodea.
España ha movilizado más de 13.000 millones de euros en el marco de la Estrategia de Movilidad Sostenible y Conectada 2030 y más de 24.000 millones a través del PERTE del Vehículo Eléctrico y Conectado.
Sin embargo, la inversión clave pendiente no es tanto industrial como digital.
Para que la autonomía sea viable a gran escala es imprescindible completar el despliegue de redes 5G y corredores V2X que permitan la comunicación constante entre vehículo e infraestructura.
También será necesario avanzar en sensorización urbana, plataformas de datos interoperables entre operadores públicos y privados, sistemas de recarga inteligente y hubs de movilidad intermodal.
En definitiva, transformar la infraestructura física en infraestructura digital.
Barrera a esa movilidad
Ahora bien, conviene ser realistas. Europa, y dentro de ella España, está hoy muy por detrás de otros mercados en el desarrollo operativo de la conducción autónoma.
Mientras en Estados Unidos y China se prueban y escalan soluciones en condiciones reales de mercado, el marco regulatorio europeo sigue siendo extremadamente restrictivo.
Actualmente, la normativa apenas permite sistemas de autonomía de nivel 3 en escenarios muy concretos y con una persona responsable al volante. Eso nos sitúa todavía en una fase temprana de experimentación y validación tecnológica, lejos de un despliegue operativo amplio.
Los retos a la movilidad
Por tanto, antes de hablar de una adopción masiva, Europa debe avanzar en dos frentes: inversión en infraestructura digital y, sobre todo, una revisión profunda del marco regulatorio que permita experimentar en condiciones reales. Sin ese cambio, la implantación de la movilidad autónoma seguirá siendo lenta y limitada.
Además, el envejecimiento demográfico convierte esta transición en una necesidad social creciente. La movilidad autónoma puede mejorar la independencia de las personas mayores, especialmente en entornos rurales o periurbanos.
Su desarrollo dependerá en gran medida de la capacidad europea para acelerar decisiones regulatorias que hoy avanzan con demasiada lentitud.
Los frenos regulatorios
EMP: ¿Cuáles son esos principales frenos regulatorios al desarrollo de la movilidad?
J.G.: El principal freno al desarrollo de la movilidad autónoma en Europa es la excesiva cautela normativa. El marco actual, como hemos hablado, permite autonomía de nivel 3 en escenarios muy concretos, lo que limita enormemente la experimentación en condiciones reales de mercado.
Mientras tanto, en Estados Unidos y China se prueba, se ajusta y se escala tecnología con mucha mayor rapidez. Europa, en cambio, sigue atrapada en una lógica regulatoria extremadamente conservadora.
Esto ralentiza la innovación y reduce su capacidad de competir en una de las transformaciones industriales más importantes de las próximas décadas.
A ello se suma la fragmentación normativa entre países y municipios, la falta de estándares comunes de datos, la ausencia de entornos regulatorios ágiles para proyectos piloto y la lentitud administrativa en la aprobación de iniciativas innovadoras.
Europa dispone de capacidad industrial y talento técnico, pero carece de velocidad -y parece que también voluntad- regulatoria. Y en cualquier revolución tecnológica hay una regla básica: quien define el estándar termina definiendo el mercado.
Frustración de proyectos emprendedores
EMP: ¿Podrían verse frustrados por falta de infraestructura algunos proyectos tecnológicos e innovadores potentes?
J.G.: La falta de infraestructura digital puede frenar el despliegue real de vehículos autónomos en flotas corporativas, limitar el desarrollo de plataformas MaaS (Movilidad como Servicio) plenamente integradas y retrasar la implantación de sistemas de gestión predictiva del tráfico basados en inteligencia artificial.
También puede afectar a la logística urbana inteligente, a los microhubs de distribución de última milla y a los sistemas de mantenimiento predictivo a escala nacional.
El riesgo, además de tecnológico, es también económico y geopolítico. Si los estándares tecnológicos, los modelos operativos y las plataformas digitales se consolidan en EEUU o China, Europa terminará adoptando soluciones diseñadas fuera de su territorio, perdiendo capacidad de liderazgo y generando una dependencia tecnológica estratégica.
Y la inversiones prioritarias
EMP: ¿Cuáles serían las inversiones prioritarias?
J.G.: Las inversiones prioritarias deberían centrarse en desarrollar una infraestructura digital interoperable, crear entornos de experimentación regulatoria que permitan probar tecnología en condiciones reales y reforzar centros de gestión de datos de movilidad que integren información pública y privada.
Las flotas profesionales representan un entorno especialmente interesante para escalar estas innovaciones. Se debe a que operan con métricas precisas de coste por kilómetro, análisis de coste real total del vehículo durante todo su ciclo de vida (TCO) y optimización basada en datos, lo que facilita la incorporación progresiva de tecnologías de automatización.
Autonomía y transporte público: complementarios
EMP.: ¿Qué sinergias o integraciones deberían desarrollarse entre la infraestructura de los vehículos autónomos y la de otros sistemas de transporte inteligente como el tren, autobús, plataformas de movilidad… para un beneficio sistémico?
J.G.: La clave no es desarrollar vehículos autónomos de forma aislada, sino integrarlos dentro de un sistema de movilidad coordinado. La autonomía no debe competir con el transporte público, sino complementarlo.
Para ello es esencial que exista una integración real con redes ferroviarias y de autobuses a través de plataformas MaaS que permitan planificar, reservar y pagar trayectos combinando distintos modos de transporte.
Asimismo, es fundamental desarrollar sistemas de priorización semafórica inteligente para el transporte colectivo, mejorar la coordinación entre hubs intermodales y permitir que flotas autónomas cubran la primera y última milla del viaje.
Todo ello debe ir acompañado de una compartición de datos en tiempo real entre operadores públicos y privados.
Sin interoperabilidad de datos, el sistema se fragmenta y pierde eficiencia. El objetivo final es mover más personas con menos fricción operativa, menor impacto ambiental y mayor accesibilidad.
Reto estructural
EMP: ¿Algo más que deberíamos tener en cuenta para avanzar en movilidad?
J.G.: Más allá de lo anterior, hay tres cuestiones adicionales que conviene subrayar.
En primer lugar, la movilidad autónoma debe entenderse como una política industrial. Si Europa no lidera el software, el algoritmo y la plataforma digital que sostienen estos sistemas, dependerá tecnológicamente de otros bloques geopolíticos.
En segundo lugar, la gobernanza del dato y la ética algorítmica serán fundamentales. La movilidad basada en inteligencia artificial requiere transparencia, ciberseguridad y confianza pública. Sin aceptación social, no habrá adopción tecnológica sostenible. El big data nos sirve para caracterizar y la IA para aplicar soluciones.
Por último, el verdadero reto es cultural. La transición implica pasar de la propiedad al uso, del vehículo al servicio y del conductor individual al sistema inteligente. La movilidad inteligente no consiste solo en añadir tecnología al modelo actual, sino en redefinirlo estructuralmente.
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