En la mayoría de los casos, las empresas que necesitan una reestructuración se ven desde lejos. En otras ocasiones, no es tan evidente. Hablamos de compañías que mantienen su actividad, generan caja y atienden todos los pagos. Sin embargo, aparecen algunos signos que muestran que algo no funciona del todo bien y que anuncian que su estructura financiera necesita una revisión.
Si eso sucede, esperar al primer impago no es una buena idea, ya que puede reducir el margen para negociar con los acreedores y adaptar la deuda a la capacidad real del negocio. Asimismo, si acudes a los bancos a pedir financiación cuando ya tienes problemas te vas a encontrar con menos opciones, peores condiciones y mayor coste financiero, como contábamos en este artículo.
Señales que debes tener en cuenta
Abencys Reestructuraciones identifica algunas señales inequívocas de que tu empresa debe acometer una reestructuración antes de que tu situación financiera te lleve a incumplir tus obligaciones de pago.
“Una caída continuada de las ventas o de los márgenes y las desviaciones recurrentes respecto al plan de negocio pueden indicar que las previsiones sobre las que se organizó la financiación han dejado de ajustarse a la realidad”, apunta.
“Para valorar su alcance, resulta necesario contrastar la caja que genera la actividad con los compromisos de pago previstos”, precisa el despacho especializado en reestructuraciones e insolvencias.
Otro signo de alarma es el uso de la financiación. Por ejemplo, el incremento del uso medio de las cuentas de crédito y la necesidad reiterada de prorrogar financiaciones.
“Estos indicadores deben analizarse junto con la evolución de la tesorería y los vencimientos, para valorar si responden a una situación puntual o a un desajuste persistente”, detalla Abencys.
Asimismo, recalca que el diagnóstico debe contemplar también la evolución del mercado. “Caídas sostenidas de precios, incrementos estructurales de costes, cambios regulatorios o modificaciones en las condiciones de financiación pueden alterar las previsiones sobre las que se estructuró la deuda. Por ello, una compañía operativamente viable puede necesitar revisar su estructura financiera”, apunta.
No obstante, explica que ninguna de estas señales por sí sola significa que una empresa sea insolvente o necesite una reestructuración. “Su relevancia aumenta cuando se combinan, se repiten o muestran una tendencia sostenida”, subraya.
La clave está en la anticipación
El despacho hace hincapié en que “el análisis no debe limitarse a comprobar si la compañía puede atender el siguiente vencimiento”. Lo importante es valorar si tu empresa podrá hacer frente al conjunto de sus obligaciones sin comprometer su actividad y conectar la tesorería, la deuda y las perspectivas del negocio.
Llegado a un punto en el que ese futuro no se vea del todo claro, conviene anticiparse, aprovechando las herramientas que nos ofrece la Ley Concursal.
“El Texto Refundido de la Ley Concursal contempla la posibilidad de iniciar negociaciones para alcanzar un plan de reestructuración cuando exista probabilidad de insolvencia. Esta situación se produce cuando sea objetivamente previsible que, sin una reestructuración, el deudor no podrá cumplir regularmente las obligaciones que venzan en los próximos dos años”, especifica Abencys.
Iniciar este proceso de forma voluntaria ofrece algunas ventajas, como la paralización de ejecuciones y embargos en curso, la posibilidad de renegociar la deuda o la protección de tu patrimonio personal, como recogíamos en este artículo. Además, es posible acometer este proceso mientras el negocio sigue en marcha, a la espera de alcanzar una solución al problema.
Más allá de la reestructuración financiera
En algunos casos, las empresas están bien desde un punto de vista financiero, pero necesitan otro tipo reestructuración. Por ejemplo, la irrupción de la IA nos está mostrando que muchas compañías se ven en la obligación de acometer una reestructuración tecnológica. “Un cambio tecnológico obliga a las empresas a sumarse para no perder el tren de la innovación y de la competitividad”, apunta Proa Comunicación.
Y otras empresas necesitan una reestructuración de tipo organizativo cuando deciden cambiar su estructura de funcionamiento y gestión en pos de una mayor eficacia o una mejor respuesta a las demandas de sus clientes.
Estas situaciones suelen llevar aparejados procesos de reestructuración de plantillas o downsizing, con el fin de “equilibrar los recursos y el capital humano de la empresa a las necesidades reales, a las demandas del mercado y a una más adecuada respuesta a las necesidades de sus clientes”, puntualiza Proa Comunicación. “Estas situaciones adquieren muchas formas y maneras, pero todos exigen un acuerdo con la representación social y la aprobación de la Administración”, advierte.
En cualquier caso, recuerda que la reestructuración no siempre implica que tu empresa esté al borde de la insolvencia. A veces, la necesidad surge de una deuda que ya no encaja con la capacidad de generar caja. Otras, de cambios tecnológicos, organizativos o del propio mercado. Identificar el origen del problema es el primer paso para decidir qué cambios necesita el negocio y cómo abordarlos sin comprometer su continuidad.