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El aceite de oliva: cada vez más oro líquido

Pese a ser los mayores productores de aceite del mundo, los españoles llevamos meses pagando precios inasumibles. Estas son algunas de las causas y consecuencias que está acarreando la subida.

16/06/2024  Ana DelgadoGestión
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España es líder mundial en superficie, producción y comercio exterior de aceite de oliva gracias a la tradición olivarera de nuestro país y a una industria tecnológicamente avanzada y profesional. La producción española de aceite de oliva supone el 70% de la producción de la UE y el 45% de la mundial. Los datos corresponden al Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA).

Aún así, los españoles llevamos meses pagando precios inasumibles. Según Cristian Castillo, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), hace apenas cuatro años, comprar aceite de oliva virgen extra salía de media por, aproximadamente, 3 euros el litro. Hoy, ese mismo aceite es tres veces más caro y en algunas marcas premium se ha cuadruplicado. “El oro líquido hace honor a su nombre”, dice, y así parecen entenderlo también los supermercados que, para protegerse de los hurtos, rodean de candados y alarmas las botellas de aceite.

Las causas

Entre las causas que se atribuyen los expertos al ascenso de los precios destacan:

Las malas cosechas que se derivan de la grave sequía del año pasado.

El efecto acopio ante el temor de que los precios sigan subiendo, aunque un estudio elaborado por Oleícola Innova sostenga que el consumo interno del aceite de oliva cayó un 47% en 2023.

La inflación: La industria también se ha visto afectada por la inflación y los altos precios de los materiales importados, como el vidrio o el plástico. Súmese a ello la subida del combustible, la luz y los productos fitosanitarios. Todo ello se convierte en costes adicionales para los productores y la consecuente repercusión en el precio final. 

La guerra de Ucrania. Un análisis de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) señala que “España es un gran consumidor de aceite de girasol, en el que más del 70% del aceite importado en 2020, provenía de Ucrania”. Subraya el estudio que se pasó de un precio de unos 1.650 euros a más de 3.400 euros la tonelada de aceite refinado tras el comienzo del conflicto.

Perspectiva del aceite para 2024

Asegura la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) que, durante el primer trimestre de 2024, los precios han continuado subiendo. No obstante, el mejor comportamiento pluvial de los meses de marzo y abril podrían ocasionar el inicio de una normalización de los precios a partir del segundo semestre del año. Todo dependerá de las lluvias, es la advertencia que hacen los productores. 

“La realidad es que, si la cosecha de este año termina siendo buena, tal como se prevé, los productores se van a encontrar con almazaras llenas que tendrán que colocar antes de la llegada de la nueva cosecha, lo que puede implicar una bajada más rápida”, dicen en la OCU. Se añade al optimismo la promesa del ejecutivo a aplicar un IVA cero a los aceites de oliva y de semillas, todavía pendiente de aplicación. No obstante, ya en marzo, el Gobierno aprobó una bajada 10% al 5% del IVA de los aceites -incluido el de oliva-, en vigor hasta el 30 de junio, aunque tampoco ha sido revulsivo suficiente. 

El aceite de oliva: cada vez más oro líquido

Los grandes perdedores

Aunque la crisis en uno de los sectores principales en la economía nacional parece no favorecer a nadie, hay partes de la cadena que salen más perjudicadas que otras. Entre los más damnificados se encuentran: 

Agricultores: Son los que reciben de forma más directa el impacto de la bajada del precio del aceite en origen y el aumento de los costes de producción. Los de secano se están viendo más afectados por la situación que los de regadío. El problema es que más del 68% de la superficie cultivada corresponde al olivar de secano, con especial predominio en Andalucía, aunque también hay otros grandes productores fuera del territorio sureño.

Los consumidores: El eslabón más bajo de la cadena empieza a desertar del consumo de uno de los productos más saludables y tradicionales en nuestro país. Según información de la agencia EFE, el consumo de aceite de oliva ha descendido hasta un 20 % en el último año móvil hasta noviembre debido, principalmente, a la subida de su precio a máximos históricos. En detrimento del de oliva, sube un 5,5% el de girasol. También las marcas blancas ganan cuota de mercado, como advertían el pasado mes de marzo grandes empresas del sector, como Deoleo.

Pymes envasadoras: En este punto, señala Ricardo Migueláñez, director de la agencia especializada Agrifood Comunication, en otro artículo: “Por su parte, industriales envasadores y comercializadores en el mercado interno o en el exterior habrán tenido que ajustar márgenes al máximo en su negociación con las cadenas de distribución,  soportando también unos mayores costes de producción”.

La exportación nacional. Según EFE Agro, “la mala campaña del aceite de oliva redujo las exportaciones españolas en un 35,8 % en 2023, una tendencia que va camino de repetirse este año”. Es de suponer que otros países productores de la competencia mediterránea, como Italia, Grecia, Marruecos o Siria se estén beneficiando de la coyuntura nacional, aunque lo cierto es que la caída de la producción es generalizada en la zona. 

¿Especulación?

La asociación de consumidores FACUA señaló el año pasado diferencias de precio de hasta un 45% por el mismo producto según se adquiriese en un supermercado u otro. También se difundieron noticias afirmando que la adquisición de misma botella de aceite de oliva producida en España resultaba más económica en Irlanda que en nuestro país. Ello levantó cierta sospecha de prácticas especulativas en el mercado que, a la larga, ha resultado incierta. Los establecimientos, más o menos, han uniformado los precios y el caso de Irlanda se explica por la compra a volumen y a largo plazo, lo que mitiga la volatilidad de los precios en comparación con las compras por temporada.

Ana DelgadoLarga trayectoria en el oficio del periodismo. Sé poco de mucho y mucho de nada
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