Tendencias educativas que marcarán el 2026
Aprendizaje constante, capacidad de adaptación e innovación, habilidad para aplicar el conocimiento a entornos reales…

Universidades y escuelas de negocio ponen el foco en preparar a futuros profesionales para un entorno empresarial complejo y cambiante.
Miguel Ángel Blanco Cedrún
CEO y Decano de Spain Business School

Las expectativas de los estudiantes cambian y, sobre todo, de las empresas. Ya no buscan solo títulos o asignaturas “de moda”, sino profesionales que realmente estén preparados para aportar valor desde el primer día.
Los programas de posgrado de SBS son modelos prácticos, conectados con la realidad empresarial y centrados en competencias: toma de decisiones, liderazgo, análisis de datos, gestión del cambio o comunicación.
A ello se suma la incorporación de herramientas clave que están marcando el presente y el futuro del mercado, como la IA, la analítica avanzada, la automatización de procesos o las plataformas digitales de gestión. No se trata solo de conocerlas, sino de saber aplicarlas con criterio, visión estratégica y sentido ético en contextos reales.
Pero la empleabilidad no se construye solo con contenidos. La experiencia del estudiante se convierte en un eje estratégico. Hablo de personalización, de acompañamiento, de entender que cada alumno tiene un contexto profesional y unos objetivos distintos. El posgrado del presente es flexible, cercano y humano. El estudiante siente que el máster se adapta a él, que lo acompaña y que impulsa su carrera profesional
Javier Camacho
Vicedecano del Área de Empresa y Business Analytics de la Universidad Europea de Madrid

La educación superior avanza hacia un modelo donde aprender significa hacer, conectar e innovar. En la universidad debemos consolidar entornos experienciales en los que el estudiante participe desde el primer día en proyectos reales vinculados a empresas, integrando IA e interactuando en equipos multidisciplinares como elementos habituales de la realidad empresarial.
La internacionalización deja de ser un valor añadido para convertirse en el entorno natural de aprendizaje: alianzas globales, movilidad y colaboración con empresas que impulsan la trayectoria profesional y la visión estratégica del alumno. Al mismo tiempo, la investigación aplicada y la transferencia de conocimiento ganan protagonismo, alineándose con los retos empresariales y sociales emergentes.
Por último, innovar: es tecnología, es aplicar metodologías nuevas, es mejorar procesos y gestión de los recursos y personas, pero sobre todo es capacidad de adaptación, aplicar criterio propio, ejercer un pensamiento crítico y un compromiso ético para transformar una realidad que cambia más rápido que nunca.
Elena Fernández
Directora general de EDEM

Cuando hablamos de tendencias educativas para 2026, la tecnología aparece de forma casi automática. Y con razón: su impacto es innegable y obliga a universidades y escuelas de negocio a formar a los estudiantes no solo en su uso, sino en su aplicación estratégica y ética.
La digitalización, la inteligencia artificial o el análisis de datos deben integrarse de manera transversal en los programas académicos, al tiempo que se capacita al profesorado para trasladar estos avances al aula con sentido pedagógico.
Pero si la tecnología es importante, aún lo son más los principios atemporales que la sostienen. Desde ellos emerge con fuerza una tendencia que nunca debería haber quedado en segundo plano: el humanismo. Formar profesionales competentes exige también educar personas con pensamiento crítico, creatividad, resiliencia y capacidad para cuestionar y aportar valor en contextos complejos e inciertos.
En este sentido, el desarrollo de soft skills se consolida como un pilar esencial. Liderazgo, comunicación, negociación, trabajo en equipo y emprendimiento son habilidades cada vez más demandadas por el mercado laboral.
La educación del futuro debe ser eminentemente práctica. El aula ha de convertirse en un entorno de experimentación real, donde el aprendizaje sea aplicable y prepare a los estudiantes para los desafíos profesionales que les esperan.
Ivo Cadenas
Team Coach del grado LEINN en Teamlabs/

Las mejores universidades a nivel mundial coinciden en un mismo enfoque: menos temario y más capacidad real. Esto se traduce en cuatro tendencias claras.
Para empezar, la alfabetización en IA. Algo inevitable pero que exige criterio. No se trata solo de aprender a usar herramientas, sino de formular casos de uso concretos.
La segunda es consecuencia directa: Authentic Assessment. Es decir, defensa oral del proyecto con evidencias y debate posterior. Aquí no vale el “copia y pega”. La tercera se llama Learning by Doing, algo que en LEINN llevamos haciendo más de 15 años: retos con empresas reales, equipos multiculturales y entregables con impacto.
Y la cuarta, también en auge, son las Microcredenciales, que permiten una formación modular y personalizable.
En TeamLabs/ estamos aplicando estas tendencias de forma natural, pues se alinean con nuestra filosofía innovadora y de liderazgo en equipo. Así hemos formado ya a miles de jóvenes de diferentes países, para construir, juntos, un futuro mejor.
Fabiola Pérez
CEO de MIOTI Tech & Business School

En 2026, la educación ya no puede seguir midiendo su éxito en títulos. El mercado laboral ha cambiado y hoy exige personas capaces de ejecutar, aprender con rapidez y tomar decisiones en contextos complejos, donde no existen soluciones universales. En este contexto, la expansión de tecnologías como la Inteligencia Artificial y la Ciencia de Datos ha acelerado este cambio.
El aula ya no es un espacio separado de la realidad profesional. La frontera entre aprender y trabajar es cada vez más difusa, y el valor educativo surge cuando se conecta con práctica, contexto empresarial, prueba-error, adaptabilidad y reflexión, una habilidad que las escuelas de negocio tecnológicas han sabido integrar con mayor agilidad. El verdadero valor de la formación aparece cuando el conocimiento se contrasta con datos reales, con problemas abiertos y con la experiencia directa del error.
Esta brecha entre formación y demanda es evidente en el ámbito empresarial. De hecho, solo el 16% de los ejecutivos europeos consideran que disponen del talento tecnológico necesario, y más del 60% identifica la falta de habilidades como freno de la transformación digital, según una encuesta interna de McKinsey.
Por eso, este año la formación deberá integrar conocimientos técnicos y competencias transversales. Desde MIOTI Tech & Business School impulsamos planes de estudio multidisciplinares y eminentemente prácticos, orientados a preparar a profesionales capaces de decidir inteligentemente y liderar con visión de futuro.
M.ª Inmaculada López Núñez
Profesora Titular UCM y Directora de la Oficina Complutense de Emprendimiento (Compluemprende)

La educación superior vive una transformación profunda que no puede interpretarse únicamente en clave tecnológica. Los desafíos son, sobre todo, de capacidades y de talento.
La tecnología, por sí sola, no garantiza progreso: la verdadera ventaja diferencial sigue estando en las personas. La inteligencia artificial multiplica capacidades, pero no sustituye el pensamiento crítico, la creatividad o el trabajo en equipo.
Por eso, en los próximos años el éxito no vendrá solo de transmitir conocimientos, sino de formar personas capaces de aprender durante toda la vida, de tomar decisiones éticas y de comprender la complejidad del mundo.
Desde la Universidad Complutense de Madrid entendemos que la innovación es una responsabilidad pública. Pero innovar no es solo transformar la docencia: es también crear entornos donde el talento pueda convertirse en conocimiento aplicado, en emprendimiento y en impacto social.
La universidad debe ser, cada vez más, un espacio donde se formen no solo buenos profesionales, sino también personas con iniciativa, criterio y verdadera capacidad de liderazgo.
Anabel Rodríguez Learte
Directora Académica de Cesif

Desde la perspectiva de las escuelas de negocios, el aprendizaje a lo largo de la vida se ha consolidado como una transformación clave de la educación superior, al facilitar la actualización continua de competencias en contextos profesionales cada vez más dinámicos.
En este escenario, una de las tendencias más relevantes es la integración de microcredenciales. Por ejemplo, en Estados Unidos, el número de escuelas de negocios que ofrecen este formato ha crecido cerca de un 47%, impulsado por su capacidad para responder con agilidad a la demanda de talento en áreas como tecnología, innovación y transformación digital.
El diseño de programas flexibles, intensivos y modulares permite adaptar la formación a distintos perfiles profesionales y a las necesidades cambiantes del mercado laboral; favoreciendo el desarrollo de competencias esenciales para la era de la inteligencia artificial, especialmente las power skills, como el pensamiento crítico, la gestión de la información, el trabajo colaborativo y la comunicación.
A futuro, otra tendencia relevante será el incremento en la conexión entre escuelas de negocios y ciencia básica para acelerar la transferencia de conocimiento hacia modelos de negocio de impacto.
Susana López Blanco
CEO y Fundadora de IEBS Business School

Más allá de herramientas concretas, la formación refuerza fundamentos como el pensamiento crítico, resolución de problemas, toma de decisiones y la comprensión tecnológica. La IA se integra como apoyo, pero con una advertencia clara: quien no entienda que la IA debe potenciar la esencia humana está abocado a ser sustituido por ella.
El liderazgo actual exige sensibilidad, empatía y una gestión ética que priorice a las personas. Formamos profesionales que inspiran y conectan, utilizando la tecnología, no como un fin, sino como el medio para potenciar un talento que no puede ser sustituido.
Quienes dominen esta simbiosis entre técnica y humanidad lograrán liderar el impacto consciente, con propósito y sostenible que el nuevo mercado global exige hoy de forma implacable.
Agustín C. Caminero Herráez
Vicerrector Adjunto de Formación Permanente para la Digitalización y las Relaciones Institucionales de la UNED

En 2026, la Universidad consolida un ecosistema formativo más flexible y digital, manteniendo su misión de generar conocimiento y pensamiento crítico.
La integración de la inteligencia artificial se intensifica como apoyo a la personalización del aprendizaje, lo que exige reforzar la alfabetización digital y ética del estudiantado.
Paralelamente, crecen los modelos híbridos que combinan presencialidad, virtualización y recursos abiertos, apoyados en plataformas y analítica del aprendizaje.
Asimismo, avanzan las microcredenciales y las certificación de competencias transversales —trabajo en equipo, resolución de problemas y pensamiento computacional—. Se refuerza la conexión con el entorno social y productivo mediante prácticas, proyectos con impacto y colaboración con entidades externas, integrando sostenibilidad y responsabilidad social en el currículo.
En este escenario, el aprendizaje a lo largo de la vida se convierte en un eje estratégico. En la UNED, esta visión se traduce en una amplia oferta de grados, másteres, títulos propios y microcredenciales, en constante actualización.
Diego Crescente
Director general Escuela de Organización Industrial de EOI

La educación ya no es sólo una cuestión de contenidos: está transformando la forma de preparar a las personas para un entorno empresarial incierto y en cambio constante. Aunque a menudo se asocia el futuro educativo a nuevas tecnologías o metodologías, el cambio real es más profundo. Durante años se asumió que formarse consistía en adquirir conocimientos estables; hoy, esos conocimientos caducan rápidamente. El foco ya no está en lo que sabemos, sino en cómo aprendemos y cómo tomamos decisiones en contextos complejos.
Este nuevo escenario está impulsando perfiles híbridos capaces de conectar negocio, tecnología, sostenibilidad y estrategia, de interpretar información diversa y de actuar con criterio y responsabilidad. No se trata de acumular títulos, sino de desarrollar capacidades transferibles: pensamiento crítico, comprensión del negocio, liderazgo, adaptación al cambio y aprendizaje continuo.
Formarse de cara a 2026 implica aprender a desaprender, integrar disciplinas y aplicar el conocimiento con sentido práctico. La educación no sustituye a la experiencia profesional: potencia a quienes saben integrarla, conectando el aprendizaje con los retos reales de la empresa y la sociedad.
Ismael Xiva
Responsable del departamento de Contenidos de Esneca

La educación superior se encuentra en un punto de inflexión. En un entorno cada vez más líquido —en el sentido baumaniano del concepto—, las instituciones educativas y, en particular, las escuelas de negocio afrontan el desafío de reimaginar sus modelos pedagógicos para responder a un mercado laboral en constante transformación.
Este 2026 está llamado a convertirse en el año en que la tecnología deje de ser una promesa para convertirse en una realidad tangible e integrada de manera estratégica en los procesos de enseñanza-aprendizaje.
Y es que tecnologías como la inteligencia artificial generativa y la realidad aumentada ya han madurado lo suficiente como para abandonar su estatus de “experimentos” y convertirse en herramientas al servicio de objetivos pedagógicos concretos.
Pero, ojo, porque no se trata de incorporarlas por capricho o por postureo, sino con vistas a aprovechar sus capacidades para resolver problemas reales que las metodologías tradicionales no han podido abordar con la misma eficacia.
A estos efectos, el aprendizaje personalizado —idea sobre la ya trabajaron hace décadas pedagogos como Benjamin Bloom—, encuentra en estas tecnologías un importante aliado, dado que permiten adaptar los contenidos, el ritmo y las metodologías a las necesidades específicas de cada estudiante.
Así, lo que Bloom denominó el problema de los dos sigma —que prueba la existencia de una diferencia significativa entre el rendimiento obtenido por un estudiante en un entorno de enseñanza individual y el alcanzado en un aula convencional—, puede llegar a mitigarse cuando la tecnología actúa a modo de tutor personalizado.
Por ello, esta evolución tecnológica debe encaminarse a objetivos concretos. De entrada, no podemos pasar por alto que la educación ha de adaptarse a las necesidades cambiantes del mercado laboral. Desde una perspectiva utilitarista, un sistema educativo desconectado de la realidad económica sirve de poco.
Las empresas demandan profesionales con competencias específicas y actualizadas, porque las habilidades que hoy son importantes es posible que queden obsoletas al cabo de poco tiempo.
Dicho de otro modo, las instituciones educativas tienen la responsabilidad de anticipar estas necesidades y de satisfacerlas, y las nuevas tecnologías están ahí para ayudarlas en esa senda de adaptación y de transformación constantes.
Pero, al mismo tiempo, no podemos obviar que el desarrollo libre de cada persona —también respecto a su educación—, es condición para el libredesarrollo de la sociedad, como aventuraron Marx y Engels en el siglo XIX.
Esta idea entronca con la personalización del aprendizaje, que permite a las personas desarrollarse en aquellos ámbitos específicos del conocimiento que realmente les interesan y apasionan, más allá del prisma economicista desde el que, confrecuencia, se mira al sector educativo. O sea, la enseñanza no puede orientarse solo a que las personas sean útiles en el mercado laboral.
A este respecto, Jerome Bruner sostenía que el aprendizaje es más efectivo cuando el estudiante descubre el conocimiento por sí mismo, guiado por su propia curiosidad. Y, hoy en día, las tecnologías permiten crear itinerarios formativos que respeten esa individualidad, combinando las necesidades del mercado con los intereses genuinos de cada persona.
Ahora bien, a lo que no puede tender un programa formativo contemporáneo es a proporcionar a sus alumnos una acumulación de conocimientos teóricos: la facultad del papagayo ha pasado de moda.
En nuestros días, hacen falta profesionales capaces de pensar críticamente, de resolver problemas complejos, de trabajar en y con equipos diversos, y de adaptarse a entornos cambiantes.
Las escuelas de negocio deben diseñar experiencias formativas que integren estas competencias de manera transversal, utilizando la tecnología no como un fin en sí mismo, sino como medio para crear situaciones de aprendizaje auténticas.
Pero, insistimos: no se trata simplemente de subirse a la ola de la inteligencia artificial o de la realidad aumentada, sino de repensar profundamente la filosofía educativa, de formar al profesorado en estas nuevas metodologías y de diseñar experiencias que verdaderamente aprovechen el potencial transformador de estas tecnologías.
Como advertía John Dewey, la educación no es una preparación para la vida, sino la vida misma, y la vida actual está indisolublemente ligada a estas realidades tecnológicas.
El reto es considerable, pero también lo es la oportunidad de contribuir a una educación más justa, eficaz y alineada con las necesidades reales de las personas y de la sociedad. En Esneca, estamos comprometidos con ello: omnia possibilia sunt credenti.
Juan Carlos Rubio
Vicerrector de Transferencia, Emprendimiento y Empresa de la Universidad de Málaga

Superado el primer cuarto del siglo XXI, las universidades hemos dejado atrás la imagen de templos cerrados del saber para convertirnos en nodos vivos de desarrollo e innovación. Hoy somos espacios de encuentro repletos de posibilidades, donde la academia y la ciudadanía se encuentran para impulsar el progreso de nuestra región.
En nuestros campus, la inteligencia artificial ya ha dejado de ser una novedad para integrarse con fuerza en la vida académica, al mismo nivel que en su día lo hizo internet.
En la Universidad de Málaga hemos anticipado esta necesidad con la creación de un Grado en Ciberseguridad e Inteligencia Artificial. No se trata solo de programar, sino también de formar a quienes protegerán el tejido digital de nuestras empresas. Esta formación, sumada al Máster Dual en Ciberseguridad, permite que los estudiantes se especialicen directamente en un sector con alta demanda profesional, garantizando que el talento malagueño lidere la protección de datos en un mundo cada vez más digital.
Esta tendencia hacia la digitalización global y la economía de datos se refleja también en nuestra apuesta por el nuevo Grado en Inteligencia y Analítica de Mercados.
En 2026, las organizaciones ya no buscan solo gestores, sino profesionales capaces de transformar información compleja en decisiones estratégicas.
Y si la economía de datos transforma las empresas, la implantación del Grado interuniversitario en Bioinformática y los másteres especializados en Inteligencia Artificial para las Ciencias de la Vida demuestran que las barreras entre disciplinas han dejado de tener sentido.
En la UMA entendemos que los grandes retos de salud y sostenibilidad solo se resolverán mediante la colaboración entre ingenieros, biólogos, científicos de datos y humanistas.
De hecho, no podemos hablar de innovación sin reconocer que las ciencias sociales, las jurídicas y las humanidades son esenciales en este ecosistema. Entender el comportamiento humano, interpretar las leyes o reflexionar sobre nuestros valores resulta tan crucial como desarrollar nuevas tecnologías.
En la UMA, estas áreas avanzan a la par de la ingeniería o la biotecnología, demostrando que el pensamiento crítico y la creatividad son motores fundamentales para construir soluciones sostenibles y equitativas.
El éxito de nuestro nuevo Grado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte es otro buen ejemplo de cómo la salud y el bienestar físico se han consolidado como pilares transversales de una sociedad que aspira, en definitiva, a una mayor calidad de vida.
Desde el Vicerrectorado de Transferencia, Emprendimiento y Empresa, promovemos el emprendimiento como una competencia transversal.
Espacios universitarios como ‘Link by UMA’ se han convertido en el epicentro de esta transformación, donde estudiantes y empresas conviven bajo el paradigma del ‘learning by doing’, o “aprender haciendo”.
Esta filosofía se materializa de manera muy especial a través de programas como ‘UMA Experience’, una iniciativa que consolida el aprendizaje basado en proyectos como motor de una formación estrechamente vinculada con los desafíos reales del tejido productivo.
También en esta área del emprendimiento se ha integrado la Inteligencia Artificial, incorporando en los últimos dos años un módulo formativo sobre “IA aplicada a proyectos emprendedores y Startups”. No en vano, 5 de los 10 proyectos seleccionados en el programa Spin-off de la UMA están basados en esta tecnología: FlexIA, ClaudIA, TebguCTI, FlashIA y Calia.
En 2026, la Universidad de Málaga es una institución más abierta, más digital y, al mismo tiempo, más humana que nunca: un motor de cambio que conecta presente y futuro, impulsando la sociedad que queremos construir entre todos.
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