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Rufino de la Rosa

Director de Facturación Electrónica y Políticas Públicas de Marosa

De la factura al dato: la nueva frontera de la competitividad empresarial en España

El reto no está tanto en el arancel como en el dato. En cómo una factura, un formato o una discrepancia técnica pueden frenar un cobro o una operación internacional, especialmente en Europa y Latam

De la factura al dato: la nueva frontera de la competitividad empresarial en España

España se encuentra inmersa en un cambio que va más allá de los aspectos materiales de la regulación tributaria: la fiscalidad digital se está convirtiendo en un motor clave de competitividad empresarial.

La combinación del Suministro Inmediato de Información (SII), el sistema Verifactu y la obligatoriedad de la factura electrónica no pueden verse como proyectos aislados.

Representan un salto adelante hacia una fiscalidad basada en datos, inmediata, trazable y conectada con todos los sistemas de la empresa y, a su vez, con la administración.

Hasta hace poco, la gestión tributaria solía estar enfocada en la preparación de la información necesaria para cada uno de los vencimientos fiscales o contables.

Hoy, el control por parte de las autoridades fiscales empieza desde el mismo momento de emitir una factura. Esto exige que las organizaciones adopten un enfoque diferente y que se establezca una estrategia adecuada de gobierno del dato fiscal. 

No es suficiente presentar las declaraciones a tiempo, que haya una revisión a posteriori de la información por los departamentos fiscales, o que la tecnología utilizada funcione adecuadamente. Todo ello, por supuesto, sigue siendo necesario, pero en este nuevo entorno ya no es suficiente. 

Es imprescindible definir desde el inicio quién supervisa la calidad de todos y cada uno de los datos fiscales que se generan en el día a día de la actividad empresarial, incluyendo aquellos que identifican a cada uno de los productos o servicios. 

También es necesario definir quién gestiona la adecuada validación de la información de cada cliente, y establecer claramente el proceso de incorporación de nuevos datos. 

Por último, también es necesario definir el proceso de modificación de los datos ya existentes, estableciendo controles antes de su realización y asegurando que cada cambio, su motivación y la persona que ha realizado esa modificación han quedado adecuadamente registrados. 

Los beneficios de este enfoque son claros y afectan directamente a la cuenta de resultados. Una adecuada arquitectura de datos reduce las facturas rectificativas, agiliza el flujo de caja al eliminar bloqueos por incidencias técnicas y disminuye los costes de inspecciones y controles administrativos al disponer de evidencias y trazabilidad sin extracciones manuales.

La experiencia internacional ya va mostrando este camino, con Latinoamérica como pionera: en países como México o Brasil, una factura solo es válida cuando la autoridad tributaria la aprueba. Europa avanza rápidamente en la misma dirección, extendiéndose tanto a los mecanismos de suministro de información como a los de facturación electrónica.

En definitiva, introduciendo sistemas digitales que eliminan el margen de error, con Bélgica, Polonia y Francia siendo los países más destacados y que se suman en 2026 a esta tendencia. 

Para la empresa española, esto implica evitar las discrepancias habituales en series, devengos, validación de NIF o desgloses de impuestos.

La reconciliación entre el sistema de gestión, las facturas y los datos oficiales deja de ser algo abstracto: se ha convertido en el nuevo cierre mensual que asegura la integridad de la información.

¿Y qué ocurre con la gestión del riesgo fiscal? Actualmente, este depende de la coherencia de la información. Cuando los datos no coinciden con el reporte oficial, la causa está casi con total seguridad en la calidad de los registros internos.

Ante esta realidad, la dirección debe tomar tres decisiones estratégicas: evaluar la madurez del dato para detectar errores recurrentes, rediseñar la arquitectura de sistemas integrando facturación, ERP y la información de las cajas registradoras o terminales de venta, y establecer un modelo operativo que supervise el flujo de información de manera constante.

El mensaje es claro: más datos, más control y más coherencia. La armonización fiscal digital es un camino irreversible y, antes de 2030, será el estándar en Europa.

En un entorno de control transaccional, la ventaja competitiva está en entender que cada factura cuenta y que la información debe ser fiable desde el primer clic.

Integrar la fiscalidad digital deja de ser solo una obligación legal: se convierte en una decisión estratégica que fortalece la empresa, protege al contribuyente y prepara a las organizaciones para liderar la economía del futuro.

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