Sara Tió
Sara Tió Abogada mercantilista de Talenom

Contratos mercantiles: seis errores que pueden salir caros a tu empresa

Esta experta advierte que dejar aspectos clave a la interpretación, no definir las consecuencias de un incumplimiento o descuidar la titularidad de los desarrollos puede convertir un acuerdo sencillo en un problema jurídico y económico

apretón de manos para cerrar un acuerdo de negocio
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Firmar un contrato mercantil debería ser el inicio de una relación comercial sólida, no el primer paso hacia un conflicto.

Sin embargo, la prisa por cerrar un acuerdo puede dejar cuestiones importantes sin concretar y exponer a las empresas a riesgos jurídicos y económicos.

Un contrato bien planteado sirve para definir qué debe hacer cada parte, anticipar posibles incumplimientos y establecer cómo resolverlos.

Desde Talenom detectamos que algunas de las dificultades más habituales aparecen cuando las partes confían en que “ya se entenderán” o utilizan cláusulas genéricas sin adaptarlas a la operación concreta.

Estos son seis errores que conviene revisar antes de firmar.

1. Dejar el objeto del contrato poco definido

Uno de los errores más comunes es no detallar con precisión qué se va a entregar o qué servicio se va a prestar. Si faltan especificaciones técnicas, plazos o criterios de aceptación, cada parte puede interpretar de manera distinta qué incluye el acuerdo y si se ha cumplido correctamente.

Para evitarlo, el contrato puede acompañarse de anexos con las características del producto o servicio, un calendario de entregas y criterios objetivos de recepción.

También es útil establecer un procedimiento para comunicar incidencias y confirmar que el trabajo se ha realizado conforme a lo pactado.

2. Redactar cláusulas penales ambiguas

Las penalizaciones por retraso o incumplimiento deben explicar con claridad cuándo se aplican y qué cubren. Si la cláusula no determina su alcance, puede generar dudas sobre si la cantidad pactada sustituye la indemnización por daños y perjuicios o si puede reclamarse además una compensación adicional.

La redacción debe dejar clara la intención de las partes y prever cómo se calculará la penalización. También conviene valorar si se establecerán importes distintos según la gravedad del incumplimiento o el tiempo de retraso. Así, ambas partes conocen de antemano las consecuencias previstas.

3. No regular la resolución anticipada

Apoyarse únicamente en una referencia general al incumplimiento puede generar incertidumbre: ¿qué incumplimientos permiten poner fin al contrato y cuáles deben corregirse primero? Resolverlo de forma precipitada puede dar lugar a reclamaciones por daños y perjuicios.

Una alternativa es enumerar las causas que permiten resolver el acuerdo, como el impago, la pérdida de una licencia necesaria o determinados cambios societarios.

El contrato también puede fijar un plazo para subsanar el incumplimiento antes de que la resolución sea efectiva. Ese margen ayuda a corregir problemas y reduce el riesgo de interpretaciones distintas.

4. Descuidar la propiedad intelectual y el know-how

En contratos de servicios, desarrollo o creación de contenidos, es importante aclarar quién será titular de los materiales, diseños, desarrollos o programas realizados durante la relación. Si el acuerdo no regula expresamente la cesión de derechos, pueden surgir dudas sobre quién puede utilizar o modificar el resultado y en qué condiciones.

La empresa debería especificar qué derechos se ceden, para qué usos, durante cuánto tiempo y en qué territorio. También puede vincular la cesión al pago completo del precio.

En paralelo, es recomendable regular la confidencialidad y el uso de información sensible, incluido el conocimiento empresarial compartido durante el proyecto.

5. Asumir una responsabilidad desproporcionada

Un contrato sin límites claros de responsabilidad puede exponer a una empresa a reclamaciones que no guarden proporción con el valor del servicio. También puede dejar sin concretar qué daños se indemnizan y cómo se calcula la compensación.

Por eso, conviene valorar si se establece un límite cuantitativo vinculado al valor del contrato o a los importes abonados durante un periodo determinado. El acuerdo puede precisar también qué daños quedan excluidos, con las salvedades que correspondan según la ley aplicable. La clave es que el reparto de riesgos sea comprensible y adecuado a la operación.

6. Ignorar el fuero y la ley aplicable

Si surge un conflicto, la cláusula de fuero y ley aplicable puede influir en dónde se resolverá y qué normas se tendrán en cuenta. Las fórmulas genéricas pueden generar incertidumbre, especialmente en contratos con empresas de distintos territorios o países.

Antes de firmar, las partes pueden designar los tribunales de una localidad concreta y comprobar que la cláusula se ajusta al caso.

En acuerdos de especial complejidad o valor, también pueden estudiar el arbitraje comercial y definir aspectos como la sede, el idioma y el número de árbitros.

Prevenir antes de firmar

Un contrato mercantil es una herramienta para ordenar la relación entre las partes, concretar responsabilidades y anticipar posibles desacuerdos. Dejar aspectos clave a la interpretación, no definir las consecuencias de un incumplimiento o descuidar la titularidad de los desarrollos puede convertir un acuerdo sencillo en un problema jurídico y económico.

La prevención empieza con una revisión cuidadosa de cada cláusula y de los escenarios que podrían producirse durante la ejecución del contrato.

Desde Talenom, firma de servicios profesionales especializada en el asesoramiento a empresas, recomendamos revisar cada acuerdo antes de firmarlo para comprobar que los compromisos, las responsabilidades y las vías para resolver incidencias quedan definidos con claridad.

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