Invertir en sostenibilidad: 3 decisiones que mejoran la competitividad de una empresa

Reducir la factura energética, optimizar el agua o renovar la flota permite ganar eficiencia, reducir riesgos y reforzar la competitividad de la empresa.

Invertir en sostenibilidad: 3 decisiones que mejoran la competitividad de una empresa
Cajamar te ayuda a convertir tus proyectos de sostenibilidad en inversiones.
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Durante años, hablar de sostenibilidad medioambiental en la empresa podía parecer una cuestión ligada a la reputación y a la responsabilidad social corporativa. Hoy la perspectiva es diferente. Las decisiones orientadas a reducir el impacto negativo también pueden tener un efecto positivo sobre la cuenta de resultados, al mejorar la eficiencia, reducir costes y limitar determinados riesgos.

Para una pyme, esto no significa que tenga que convertirse de la noche a la mañana en una empresa de emisiones cero. Sí implica, en cambio, que determinadas inversiones pueden adquirir un carácter cada vez más necesario. Y, sobre todo, que anticiparse puede resultar más conveniente que esperar a que el cambio llegue en forma de mayores costes, restricciones, exigencias de clientes o nuevas obligaciones en forma de normativa. 

Es cierto que muchas inversiones requieren un desembolso inicial, pero también generan ahorros y optimizan recursos. Por eso, la sostenibilidad ha pasado a formar parte del marco en el que las entidades financieras analizan los riesgos y orientan sus decisiones. La taxonomía europea contribuye a ello al proporcionar un lenguaje común para empresas, inversores y entidades financieras y facilitar que el capital se dirija hacia actividades que contribuyan a la transición.

A partir de aquí, hay tres ámbitos que concentran algunas de las oportunidades más interesantes para las empresas: movilidad sostenible, gestión eficiente del agua y energía solar fotovoltaica. Los repasamos.

1. Movilidad sostenible: renovar la flota para reducir costes

Para un autónomo que utiliza el coche como herramienta de trabajo o para una empresa con una flota destinada a desplazamientos, transporte de mercancías o prestación de servicios, sustituir vehículos convencionales por modelos más eficientes, especialmente eléctricos, supone una inversión, pero también una oportunidad para reducir los costes asociados a la movilidad y al consumo de combustibles fósiles. La renovación de la flota permite, además, adaptarse a las restricciones de circulación que afectan a los vehículos más contaminantes en cada vez más entornos urbanos.

La electrificación resulta especialmente interesante cuando los vehículos realizan recorridos habituales, ya que facilita planificar la recarga durante los periodos de parada, tanto en el domicilio del profesional como en las instalaciones de la empresa u otros puntos disponibles.

Otra ventaja está en el mantenimiento. Los coches eléctricos requieren menos intervenciones de mantenimiento que los de combustión porque tienen menos componentes mecánicos sometidos a desgaste: no necesitan cambios de aceite ni de los filtros asociados al motor y prescinden de elementos como el embrague, la caja de cambios convencional o el sistema de escape. Además, la frenada regenerativa reduce el uso de los frenos de fricción y, con ello, su desgaste.

El coste de utilización y mantenimiento no es el único factor a tener en cuenta. Según el vehículo, el uso y el territorio, pueden existir ventajas fiscales y de circulación. «Dependiendo de la comunidad autónoma pueden ser muy diversas, desde exenciones o descuentos en impuestos hasta permiso para circular por lugares y zonas restringidas», apuntan desde Cajamar, cuya oferta de financiación incluye préstamos para la adquisición de vehículos de cero emisiones, con plazos de hasta diez años y garantía personal.

2. Gestión sostenible del agua: reducir el consumo y ganar eficiencia

El agua es un elemento especialmente estratégico para España. El cambio climático está aumentando la presión sobre las reservas hídricas y las proyecciones apuntan a una mayor variabilidad de las precipitaciones y a un incremento del riesgo de sequías e inundaciones. En este contexto, la planificación hidrológica española ya incorpora medidas de adaptación al cambio climático y de refuerzo de la resiliencia hídrica.

Para muchas empresas —especialmente en sectores como el agroalimentario, la industria o el turismo— gestionar mejor el agua no es solo una cuestión ambiental: es una forma de proteger la continuidad del negocio. 

Las inversiones pueden ir desde la instalación de dispositivos de bajo flujo, la monitorización y reparación de fugas, la reutilización de aguas grises y la sustitución de equipos obsoletos por otros más eficientes, además de la incorporación de tecnologías de reciclaje y sistemas de purificación, medidas que proponen desde Cajamar, cuya trayectoria está especialmente vinculada al sector agroalimentario y a la búsqueda de soluciones para un uso más eficiente del agua. El retorno puede llegar en forma de una menor factura, pero también de una menor exposición a restricciones futuras y de una mayor seguridad de las operaciones.

Para acometer este tipo de actuaciones, la entidad cuenta con un préstamo para la gestión sostenible de los recursos hídricos, una línea de financiación destinada a optimizar y mejorar el uso del agua en la empresa y la sostenibilidad de estos procesos. La financiación ofrece plazos de hasta 15 años con garantía hipotecaria o hasta 10 años con garantía personal y permite elegir la periodicidad de los pagos.

3. Energía solar fotovoltaica: enchufarte al sol y al ahorro

La instalación de paneles solares se ha convertido en una de las opciones más reconocibles dentro de la transición energética. Para una empresa con un gasto eléctrico significativo, especialmente si buena parte de la demanda se concentra durante las horas de sol, el autoconsumo permite generar parte de la energía que necesita, reducir la dependencia de la red y contener el coste de la electricidad.

El retorno económico es relativamente sencillo de visualizar: la inversión inicial se puede recuperar progresivamente a través del ahorro generado en la factura eléctrica. El plazo dependerá de factores como el gasto energético de la empresa, el tamaño de la instalación, el porcentaje de energía generada que se utiliza directamente y la evolución del precio de la electricidad.

Además del ahorro, producir parte de la energía necesaria permite a la empresa tener un mayor control sobre uno de sus costes operativos y reducir su exposición a las fluctuaciones del mercado eléctrico. En determinadas instalaciones, los excedentes que no se utilizan pueden acogerse a mecanismos de compensación o ser vertidos a la red, en función de la modalidad de autoconsumo.

Para facilitar este tipo de proyectos, Cajamar ofrece financiación específica para instalaciones de energía fotovoltaica destinadas al autoconsumo. Su propuesta contempla plazos de hasta 15 años con garantía hipotecaria o hasta 10 años con garantía personal y señala que, en determinados casos, el autoconsumo puede permitir un ahorro superior al 50% de la factura eléctrica anual.

Sostenibilidad con impacto positivo

La característica común de estas tres inversiones es que no deberían plantearse únicamente como un ejercicio de responsabilidad. Su interés empresarial está precisamente en que pueden generar beneficios más allá del impacto ambiental: reducir el consumo, controlar costes, disminuir la exposición a determinados riesgos y prepararse para un mercado que demanda productos y procesos menos intensivos en recursos.

La clave está en calcular cada proyecto como cualquier otra inversión: cuánto cuesta, qué ahorro genera, en cuánto tiempo se recupera, qué riesgos reduce y qué horizonte tiene. La sostenibilidad, en este sentido, deja de ser un capítulo separado de la gestión empresarial para formar parte de una estrategia que, bien planteada hoy, puede contribuir a que la empresa sea más eficiente, más resiliente y siga siendo competitiva mañana.

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