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Neurotecnología, ¿por qué tendría que interesarnos, y preocuparnos?

La neurotecnología está dando lugar a un nuevo mercado muy interesante, pero también arriesgado. Se habla ya del capital brain y los neurodatos

Medición del cerebro

Si la neurociencia estudia el funcionamiento del cerebro y cómo afecta a nuestro comportamiento, cognición, emociones y bienestar, la neurotecnología incluye aquellas herramientas que sirven, bien para monitorizar y leer la actividad cerebral, bien para estimularla.

Tradicionalmente, la aplicación de la neurotecnología se ha restringido al ámbito clínico. Se ha utilizado para el diagnóstico, el tratamiento o la prevención de enfermedades neurológicas y psiquiátricas. Todo el mundo ha oído hablar ya de patologías tan tremendas como el Alzheimer, el Parkinson, la ELA…

El salto al mercado de la neurotecnología

Sin embargo, durante los últimos 10-15 años la neurotecnología ha trascendido el mundo de la medicina y la investigación para dar el salto a contextos muchos más prosaicos y diversos.

Hablamos del mundo laboral, el ocio, el consumo, la educación o el militar.

Actualmente, es en estos terrenos donde pone el foco la investigación, dejando de lado el avance clínico. Las herramientas que leen la actividad cerebral están mucho más avanzadas ahora mismo que las que estimulan.

Juan Manuel Muñoz.

Congreso internacional

Para hablar sobre el impacto de la neurotecnología y los retos de su gobernanza de cara a la sociedad y la economía, los pasados días 16 y 17 de febrero se celebró en Madrid un congreso internacional.

Perseguía reunir en torno a una misma mesa a actores de diversa procedencia para debatir los retos a afrontar en el futuro en la materia y puntos de interés común.

Participaron en el congreso representantes de la Unesco, de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos y del Consejo de Europa, por un lado.

Representación española

Asistieron también académicos líderes internacionales en esta temática y representantes de la industria, concretamente dos empresas españolas que son Inbrain y Bitbrain

Hablamos sobre este tema con José Manuel Muñoz, director del Observatorio Internacional de Gobernanza de la Neurotecnología, del CINET de la Fundación Tatiana, entidad organizadora del congreso.

El proyecto del Observatorio, tiene como objetivo analizar tendencias regulatorias, identificar riesgos, detectar oportunidades y contribuir al desarrollo de marcos normativos frente al acelerado avance de las tecnologías de interfaz cerebro-computadora a escala global.

Nuevos casos de uso

Según estudios recientes, a más del 60% de los europeos les preocupa que la neurotecnología pueda vulnerar sus derechos fundamentales. Normal que así sea teniendo en cuenta que empieza a afectar a áreas muy diversas con experimentos a veces escalofriantes.

En el ámbito del trabajo

Aquí hay una visión dual. Hay empresas que han puesto ya en marcha proyecto pilotos donde usan la neurotecnología para medir los niveles de productividad de los empleados, riesgo de depresión, burnout…

Bien si la finalidad es prevenir la salud mental de los empleados, pero es mucho confiar pensar que el objetivo va a ser siempre tan bien intencionado.

Un mal uso podría derivar en despidos injustificados o en discriminación laboral.

En el ‘gaming’

Tras implantar un chip cerebral de Neuralink –empresa de Elon Musk para el desarrollo de interfaces cerebro-computador– en un paciente neurológico, éste consiguió jugar un clásico de los videojuegos cómo Mario Kart con solamente su pensamiento.

En educación

Hace unos años, China puso en marcha un estudio piloto en escuelas de primaria para medir el nivel de atención de los niños en clase mediante unas diademas cerebrales.

Los datos iban a parar directamente al monitor de los maestros quienes, a su vez, podían evaluar la efectividad de su docencia a tiempo real. A los padres también se les reportaba la información vía smartphone.

Aunque experimentada por los niños chinos, la diadema la desarrolló BrainCo, una pionera startup respaldada por la Universidad de Harvard. 

En defensa

En el ámbito militar también resulta muy tentadora el uso de la neurotecnología. Mejorar el rendimiento mental de los combatientes con neurocascos, interfaces cerebro-computadora para controlar drones o vehículos, y entrenamiento de realidad virtual.

Aunque mejora la eficiencia operativa, plantea retos éticos sobre el control mental y la seguridad. 

Consumo privado

Es uno de los terrenos más avanzados. Cualquiera que lo desee puede adquirir a través de sitios tan populares como Amazon a un precio relativamente asequible, diademas que le permitan medir sus hábitos de suelo, que le guíen en una meditación o que les ayude a mejorar la concentración.

Los neurodatos

Es fácil imaginar la ingente cantidad de datos que arrojan casos de uso como los descritos. Unos datos que, como observa José Manuel Muñoz, no siempre se sabe en manos de quién van a parar. 

¿Qué son los neurodatos?

Dentro de la neurotecnología, se habla de neurodatos. Pueden definirse como cualquier información que se recoja del sistema nervioso o de su actividad.

Los hay de muchos tipos pero, por simplificar, muchos de ellos permiten obtener información para la cual el usuario no ha dado su consentimiento.

Podría, por ejemplo, darse el caso de autorizar el uso de esos neurodatos para identificar una posible enfermedad, pero producirse luego inferencias para cosas muy distintas. 

Neurodatos reidentificables

Otra característica que apunta Muñoz sobre los neurodatos es que son reidentificables.

Esto, en líneas generales, significa que la información captada por neurotecnologías sobre la actividad cerebral de una persona puede utilizarse para determinar su identidad, ya sea de forma directa o indirecta.

Casos de revelar la identidad personal de una imagen anónima de un escáner cerebral ya se han dado en España.

Trazabilidad de los datos

Otra circunstancia que podría darse es autorizar el uso de tus neurodatos a una empresa determinada que después pasa a manos de un tercero perdiendo ya el control y la traza de tus datos.

El mismo Muñoz participó en la defensa de un ciudadano chileno que, supuestamente, fue el primero en el que un tribunal defendió específicamente los datos cerebrales.

¿Para qué los quieren?

Como ya se ha dicho, más allá del ámbito clínico, los neurodatos pueden convertirse en ese libro abierto para aquellos que quieren saberlo todo sobre nosotros, sin secretos ni barreras cognitivas, para actuar en consecuencia, para bien o para mal. 

Existen incluso estudios que parecen demostrar que se puede hacer una correlación entre los datos cerebrales de una persona con sus tendencias ideológicas.

Hablamos, entonces de temas tan sensibles como la libertad de pensamiento y de graves implicaciones éticas y sociales de estos avances tecnológicos.

La ‘brain economy’

También se habla ya de la economía de economía del cerebro (brain economy) y del brain capital y su enorme potencial.

No solo en lo que atañe a los datos sino también porque permite conocer la salud cerebral de los ciudadanos, los empleados, los consumidores, los votantes y todos los ámbitos de la sociedad.

Oportunidades de negocio en torno a este potencial ya existen. El neuromarketing, el wellness o el gaming, entre otros, son sectores que exploran ya el trabajo con la neurotecnología.

La confluencia de la IA

La irrupción de la inteligencia artificial ha sido factor clave en la aceleración y expansión de la neurotecnología más allá del ámbito clínico, especialmente en el desarrollo de herramientas que leen o monitorizan la actividad cerebral en lugar de estimularla.

Es la confluencia con la IA lo que está permitiendo que la neurotecnología se aplique en contextos cotidianos. El uso de los neurodatos permite, a su vez, mejorar el entrenamiento de la IA y perfeccionar sus modelos con un “poder de predicción enorme sobre las personas”.

El salvaje Oeste

A pesar de las graves implicaciones que puede tener la neurotecnología en nuestras vidas, nos movemos todavía en un terreno que Muñoz compara con el “salvaje Oeste”.

Alude con ello a una falta de regulación que afecta a todo el ciclo de vida de los neurodatos. No es sólo su recolección, sino también el consentimiento, bajo qué condiciones, si es seguro, cuánto tiempo se almacenan y cómo se destruyen. Aquí es donde veo yo el gran agujero, dice el experto.

Fragmentación regulatoria

En este sentido, una de las cuestiones puestas sobre la mesa en el congreso internacional es la alta fragmentación en el ámbito regulatorio. Está por un lado la Unesco que, a finales del año pasado, aprobó una recomendación de la ética de la neurotecnología.

Está luego el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas que está desarrollando unos principios guía sobre neurotecnología. La OCDE, por su parte, tiene ya sus propios white papers sobre innovaciones en neurotecnología.

n lo que respecta al Consejo de Europa está estudiando cómo aplicar el convenio de Oviedo sobre biomedicina.

Se suma a ello la enorme atomización de los distintos países que han empezado a regular o se plantean hacerlo y las asimetrías con países como EEUU o China,

De todo ello, la conclusión que extrajo el congreso fue la necesidad de poner en común todas estas perspectivas en aras de conseguir una gobernanza y encontrar marcos regulatorios con estándares globales, en lugar de esfuerzos tan individuales.

Distinguir el uso clínico de otros

Y la segunda gran conclusión a la que se llegó en el congreso de febrero es la necesidad de diferenciar muy buen entre la aplicación clínica de las que van por otros derroteros.

En este segundo supuesto y dado el nivel de incertidumbre, la opinión de los expertos es que la regulación debería ser mucho más estricta y con un elevado grado de prudencia.

“El nivel de riesgo a tolerar para el uso de estos datos debería ser proporcional a la potencial ventaja que se podría obtener, algo que se ve claramente en el ámbito sanitario”, dice José Manuel Muñoz.

Sabe este experto que posicionamientos como el suyo no gustan demasiado a los emprendedores, pero su perspectiva, como científico e investigador, es advertir de los riesgos.

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