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¿Nos falla la ciencia a la hora de mejorar nuestra competitividad?

Europa y España se enfrentan al reto de cerrar la brecha entre el conocimiento y la ciencia que generan y la industria que necesitan para mantener su competitividad. No es solo cuestión de dinero

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¿Nos está fallando la ciencia a la hora de mejorar nuestra competitividad?

Es la pregunta que se planteó Javier García Martínez, catedrático de Química Inorgánica en la Universidad de Alicante, fundador y presidente de Celera y fundador, cuando estaba como investigador en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) de la empresa Rive technology, que acabó vendiendo a la compañía líder en productos químicos y catalizadores W.R. Grace, tras consolidarse como un caso de éxito.

El motivo de su reflexión obedecía a una charla que debía dar en el transcurso del último foro Science for Industry (S4i) celebrado los pasados días 28 y 29 de enero en las instalaciones de La Nave, en Madrid. Las conclusiones a las que llegó buscando una respuesta a la pregunta planteada centraron la conferencia de García Martínez que resumimos aquí.

El nuevo modelo global

Durante los últimos años hemos visto cómo grandes empresas tecnológicas lideran la investigación global. Son compañías de origen privado auspiciadas o no por sus respectivos gobiernos.

Hablamos de corporaciones tecnológicas como Tesla, Open AI, Microsoft, Apple, Alphabet, Amazon o NVIDIA. Esta última es, precisamente, la que encabeza el ranking actual alzándose con el liderazgo mundial en chips de IA.

Como señala García Martínez, solo INVIDIA, representa en la actualidad, el 3,6% del Producto Interior Bruto del mundo. El valor que genera, supera al que pueden aportar la economía de un solo país como Francia. El ascenso en la bolsa de la tecnológica estadounidense ha sido meteórico. Según la BBC, hace 8 años las acciones de INVIDIA valían menos del 1% de su precio actual.

La paradoja del IBEX

Si nos trasladamos ahora a la bolsa española, observa el catedrático que las empresas que integran el IBEX 35 en este momento son prácticamente las mismas que en el año 2000.

Claro que durante este tiempo ha habido movimientos en el parqué madrileño pero todavía se da la paradoja de que cerca del 50% de las compañías cotizadas son propiedad de inversores extranjeros. Destaca el peso de fondos el de BlackRock.

Además, como señala este profesor, “no hay nada que nos haga pensar que vamos a ser líderes mundiales en ninguno de los campos que están cambiando la economía”.

Lo que nos diferencia 

Mientras que el Ibex35 se mantiene más o menos congelado, el Standard & Poor´s 500 (S&P 500) se ha transformado completamente con la incorporación de nuevas empresas tecnológicas.

Lo que nos diferencia, tanto en España como en otras economías europeas, es, a juicio de este catedrático, es que estas grandes compañías, además de hacer la mejor ciencia en el mundo, “la patentan, la escalan y la comercializan bajo un mismo techo.

Cambia la transferencia de tecnología porque ellos tienen todas las tuberías dentro del mismo tejado”. Lo que falla, entonces, no es la ciencia, falla el terreno.

Javier García Martínez durante su conferencia en el S4i.

El terreno

Tenemos la idea de que cuantos más papers publiquemos y más dinero asignemos a la investigación, mejor nos va a ir. “Sin duda, ambas cosas son una buena noticia –sostiene el catedrático–. El error es pensar que la transferencia de tecnología puede hacerse por su solo canal. Ojalá fuera tan fácil”.

La transferencia de tecnología involucra muchos otros factores. España mantiene una posición destacada en el panorama científico internacional.

Se consolida entre los 10 primeros países del mundo en cuanto a volumen de publicaciones científicas y ocupaba el año pasado el puesto 29 en el Índice Mundial de Innovación (GII), dominado por China y EEUU.

¿Y si somos tan buenos haciendo ciencia…?

Y si somos tan buenos haciendo ciencia ¿por qué nuestra economía no es más competitiva, más diversificada?, es otra de las preguntas que se hace García Martínez. 

Efectivamente, aunque ganando puestos, España figuraba en el puesto número 39 de 69 compañías analizadas en el índice de competitividad IMD.

Algunos de los factores que nos frenan están más que dichos. Escasa cultura emprendedora; exceso de regulación y burocracia; un mercado laboral muy rígido y otros males endémicos de los que siempre se acaba hablando en los medios de comunicación, pero que no por conocerlos, los solucionamos.

“Ponemos el énfasis en el dinero para la investigación, que es muy importante, pero seguimos ignorando otros temas más difíciles de solucionar que requerirían mayores acuerdos”, dice García. 

Como conclusión principal, extrae que no es la ciencia la que nos está fallando a la hora de generar mayor competitividad, sino el terreno infértil en el que cae esa semilla y que impide su desarrollo.

Interpreta también el desfase entre nuestros indicadores de producción científica y el tamaño de nuestra economía como una “enorme oportunidad” aprovechando otras de nuestras “muchísimas fortalezas”, Incluye aquí una población bien formada y una cultura emprendedora en pleno desarrollo, aunque queden pendientes de trabajar muchos otros factores.

Una educación más humanista

Otro mensaje clave subrayado por el profesor es que “cuanto más tecnológica sea nuestra economía, más humanista tiene que ser nuestra educación”.

Entiende que el poder de las tecnologías actuales es tal que, un mal uso de las mismas puede conducir al aumento de desigualdades o la falta de transparencia. Discernir la realidad, la verdad de la mentira, requiere de personas instruidas, leídas y con pensamiento crítico.

“Lo lógico es pensar que si la empresa más importante del mundo es de microchips, lo que conviene es formar a más gente que haga microchip. El problema es que, sin formación humanista, esa gente también puede ser engañada y manipulada”, sostiene.

Con mentalidad emprendedora

Desde esa perspectiva humanista, aboga también García Martínez por un cambio de mentalidad. Se basa en pasar de plantearnos ¿qué es lo que habría que hacer para cambiar las cosas? a ¿qué es lo que puedo hacer yo para que las cosas cambien?

Este es el salto que acostumbran dar los emprendedores buscando soluciones para problemas concretos pasando de una actitud pasiva a otra comprometida. 

“Personalmente, creo que esto es lo que transforma a un país. Cuando la gente deja de esperar a que otros hagan las cosas a plantearse lo que pueden hacer ellos. Es un cambio de mentalidad muy importante”.

El sello Celera

Hilando la conferencia con la parte humanista, aprovechó García Martínez la conferencia para referir el caso de Celera de la que ya hablamos hace tiempo en esta publicación.

Se trata de una organización sin ánimo de lucro que promueve un cambio cultural apostando por jóvenes con nombre y apellidos. Lo único que comparten es que son mentes brillantes y con una gran y sana ambición. Por lo demás, forman parte de la comunidad desde músicos, hasta escritores, científicos o emprendedores. 

Se trata de un programa filantrópico que financia la Fundación  Rafael del Pino de tres años de duración al que se incorporan cada año 10 candidatos. Se eligen de entre las 150 y 200 candidaturas que suelen recibir anualmente. Disponer de un buen currículum no es un requisito

Y aunque el objetivo no sea crear startups, lo cierto que a lo largo de los 12 años de vida de Celera, se han montado 15 empresas valoradas en más de 600 millones de euros. Capchase, Saturno Labs o Coral son algunas de ellas. El apoyo de Celera en estos casos es totalmente desinteresado. Les mentorizan y les forman a fondo perdido sin tomar ninguna participación en las compañías que logran consolidarse.

Acuerdo con universidades

El éxito alcanzado por Celera les llevó, en su décimo aniversario, a plantearse el reto de abrir la organización a más gente, algo que muchos le reclamaban.

Para dar respuesta a esta demanda optaron por diseñar un nuevo programa que condensa los tres años de Celera en uno solo para impartirlo en centros universitarios.

El primero en suscribir un acuerdo fue la Universidad Autónoma de Madrid a la que posteriormente se sumaron CUNEF y la Universidad Católica de Murcia. Así es como confían en hacer crecer el espíritu de la comunidad Celera.

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