Propiedad intelectual: el activo que muchas pymes siguen sin aprovechar
La abogada Natalia López publica 'Guía práctica de propiedad intelectual para tu negocio', un libro sobre cómo proteger activos intangibles

La propiedad intelectual continúa siendo una de las grandes asignaturas pendientes de muchas pequeñas y medianas empresas. Aunque esta suele asociarse a cuestiones legales complejas o a litigios corporativos, está presente en el día a día de cualquier negocio.
Las marcas, los diseños web, el software… son solo algunos ejemplos de activos con propiedad intelectual que diferencian a una empresa de su competencia. No obstante, suele pasar que no se identifican como tal ni se protegen de forma adecuada. Esto se traduce en pérdidas no solo económicas, sino también de competitividad en el mercado.
Con la publicación de Guía práctica de propiedad intelectual para tu negocio, la abogada Natalia López Pérez acerca estos conceptos al día a día de una empresa. Algo que logra gracias a un enfoque práctico que ayude a emprendedores y pymes a proteger y gestionar uno de sus activos más valiosos.
Sobre la autora
Natalia López Pérez es una abogada especializada en propiedad intelectual, derecho de la Unión Europea y derecho mercantil. Su trayectoria se centra en el entorno digital y la gestión estratégica de los activos intangibles que trata en su libro.

En la actualidad, desarrolla su actividad profesional en el mundo de la consultoría de la mano de KPMG. Además, colabora con la Oficina de Propiedad Intelectual de la Unión Europea (EUIPO) y participa en proyectos vinculados a la Comisión Europea.
Guía práctica de propiedad intelectual para tu negocio es la representación de esa vocación divulgativa que la caracteriza. Combina un lenguaje claro con ejemplos aplicados al día a día empresarial.
Sobre la propiedad intelectual
El libro, publicado por Tirant Lo Blanch, combina el rigor jurídico propio de una abogada con la claridad de un lenguaje que busca llegar a las pymes, una parte fundamental de nuestro motor empresarial.
A lo largo de la obra, la jurista ofrece una visión práctica sobre temas muy variados:
- Cómo salvaguardar software, marcas y secretos empresariales.
- Cómo gestionar derechos de autor con sus contratos y licencias.
- Cómo integrar este activo en la estrategia empresarial para convertirlo en una herramienta de diferenciación.
Este tema puede plantear serias dudas a quienes ponen en marcha o gestionan un negocio. ¿Qué merece realmente la pena proteger? ¿Qué ocurre con los contenidos digitales? Para responder a estas y otras cuestiones, hablamos con la autora sobre estrategia y los activos intangibles.
Todo empieza mucho antes de la marca
Muchas empresas solo piensan en la propiedad intelectual cuando surge un conflicto. No obstante, la protección de los activos intangibles debería formar parte de cualquier proyecto desde sus primeras etapas. De lo contrario, el crecimiento del negocio puede verse condicionado por problemas legales o por la pérdida de valor de esos activos.
En este sentido, Natalia López Pérez insiste en que la protección debe entenderse como una inversión y no como un trámite administrativo:
“Muchas veces el valor real de un proyecto no está solo en lo que vende, sino en todo aquello que lo hace reconocible, diferente y escalable: su marca, sus contenidos, sus diseños, su software, su metodología, su know-how, sus bases de datos o incluso su forma de comunicar. La propiedad intelectual no debería verse como un trámite que se resuelve al final, cuando el negocio ya funciona, sino como una parte de la planificación inicial del proyecto.”
Además, hay errores básicos que la autora ve de manera recurrente y que pueden comprometer la protección de sus activos. Uno de los errores más frecuentes que la autora ve es “pensar que tener un dominio web, un perfil en redes sociales o una sociedad constituida equivale a tener protegida la marca. No es así. La marca se protege mediante su registro”.
Proteger activos digitales en la era de la IA
La cantidad de activos intangibles ha crecido enormemente debido a la transformación digital. Redes sociales, páginas web, software o bases de datos forman parte del patrimonio de muchas organizaciones, aunque no siempre se gestionen como tales. En todo este caos, la inteligencia artificial plantea nuevos desafíos sobre la autoría de las creaciones.
Para la abogada, el primer paso consiste en conocer exactamente qué activos posee una empresa antes de plantearse cómo protegerlos:
“Lo primero es identificar qué activos tiene realmente la empresa. Muchas veces se habla de propiedad intelectual de forma abstracta, pero el primer paso es hacer inventario: qué contenidos se crean, qué diseños se utilizan, qué software se desarrolla o licencia y qué información tiene valor estratégico. En digital, compartir es fácil. Por eso, proteger exige anticiparse”.
Las herramientas capaces de generar textos, imágenes o código obligan a las empresas a crear nuevas medidas de seguridad. Algunas de estas pueden ser la revisión de sus procesos o el establecimiento de políticas claras para evitar riesgos legales. La autora tiene claro cuál es el mayor riesgo, la trazabilidad:
“La inteligencia artificial plantea varios retos importantes. El primero es la trazabilidad: saber qué se ha utilizado para generar un contenido, con qué herramientas, bajo qué condiciones y con qué grado de intervención humana. La pregunta no es solo si podemos generar algo con IA, sino si podemos usarlo, protegerlo y explotarlo con seguridad”.
Propiedad intelectual = ventaja competitiva
Si hay que quedarse con una idea sobre este tema, es que la propiedad intelectual ya no es solo una herramienta defensiva, sino que también puede ser un activo estratégico vital. Según la jurista, este cambio de perspectiva es fundamental para cualquier empresa que quiera crecer de forma sólida:
“En muchos negocios actuales el valor principal no está en activos físicos, sino en activos intangibles: una marca reconocida, una comunidad fiel, un software propio, una metodología diferenciada o una reputación sólida. La propiedad intelectual no solo sirve para impedir que otros copien; también puede servir para construir valor empresarial”.
Como concluye la autora, la propiedad intelectual ya no consiste únicamente en evitar que otros copien una idea. Para construir un negocio sólido es necesario comprender los aspectos legales y, así, reconocer el valor de aquello que hace único a un negocio.
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