Hace apenas unos meses, el Banco Central Europeo señalaba que las necesidades de financiación de las empresas de la zona euro se mantenían estables, mientras que la disponibilidad de préstamos bancarios había disminuido.
Al mismo tiempo, las empresas percibían un endurecimiento de las condiciones de financiación, con aumentos tanto de los tipos de interés como de las comisiones y otros costes asociados.
En este escenario, la subida de los tipos de los préstamos está contribuyendo a elevar la carga financiera de las empresas, presionando aún más unos márgenes que ya se ven afectados por el aumento generalizado de los costes.
Esto me hizo recapacitar sobre un hecho que en España hemos acabado aceptando como algo normal: que un empresario deje de cobrar por mantener su negocio. A este gesto se le atribuyen muchos nombres: compromiso, responsabilidad o espíritu de sacrificio.
Sin embargo, cuando ese mismo empresario se plantea endeudarse, todavía hay quien interpreta que la empresa y sus esfuerzos están fracasando.
Renunciar al propio sueldo es un gesto encomiable y un claro signo de compromiso con el negocio, pero no convierte automáticamente a nadie en un gestor más prudente. En ocasiones, esto puede demostrar justamente lo contrario: que el problema de liquidez se ha abordado demasiado tarde o que no se han utilizado las herramientas disponibles para anticiparlo.
Nuestros datos muestran hasta qué punto esta situación se ha normalizado. La mitad de los pequeños empresarios españoles ha reducido o incluso dejado de pagarse su sueldo al menos una vez durante el último año. Lejos de ser un hecho aislado, este dato cobra aún más relevancia si se tiene en cuenta que la mitad de estos empresarios nunca ha recurrido a financiación externa.
Detrás de esta realidad existe una barrera cultural que conviene abordar. El 37% de las pymes españolas considera que solicitar un préstamo es un signo de mala gestión financiera. Además, entre las empresas que no utilizan financiación, el 36 % reconoce que no se siente cómodo con la idea de endeudarse y el 39% teme que hacerlo limite su capacidad para tomar decisiones.
Las grandes compañías entienden la financiación como una herramienta de planificación. La utilizan para anticiparse, invertir y ejecutar su estrategia. Muchas pequeñas empresas, en cambio, todavía la contemplan como un recurso reservado para cuando las cosas van mal. Esta estrategia plantea un coste real.
El 28 % de los pequeños empresarios europeos ha perdido oportunidades de negocio por falta de financiación, mientras que el 37% quiere crecer, pero carece del capital necesario. Entre las microempresas, esta proporción alcanza el 42%.
Una empresa rentable puede sufrir tensiones de tesorería porque paga a sus proveedores antes de cobrar a sus clientes. También puede necesitar capital para asumir un pedido mayor o invertir antes de que lleguen nuevos ingresos. En esos casos, la financiación no corrige un fracaso, sino que hace posible una oportunidad de crecimiento.
Sin duda, la decisión de endeudarse debe ser madurada y analizada a fondo, pero la buena gestión no consiste en evitar siempre la financiación, sino en conocer las necesidades del negocio, anticiparlas y elegir el instrumento adecuado para cada situación.
En este sentido, las propias empresas españolas nos indicaron qué esperan del sector. El 25% elige a su proveedor financiero por la facilidad del proceso de solicitud, el porcentaje más alto de los países analizados. Además, entre las que recurren a financiación, el 37% utiliza líneas de crédito, frente al 27% de media europea.
Esto demuestra que muchas pequeñas empresas no buscan necesariamente grandes préstamos ni relaciones financieras complejas. Requieren soluciones sencillas, transparentes y flexibles, capaces de adaptarse a sus ciclos de cobros y pagos. Y, sobre todo, necesitan no tener que apartarse durante semanas de la gestión de su negocio para acceder a ellas.
En definitiva, una pyme sólida no es la que logra sobrevivir siempre gracias a los recursos personales de su propietario, un negocio competitivo no puede sostenerse únicamente sobre el sacrificio de sus empresarios, necesitan herramientas financieras que conviertan ese esfuerzo en un mayor crecimiento gracias a la planificación y una toma de decisiones coherente y formada.