
Fernando Botella
CEO de Think&Action
Este año he sido un buen emprendedor
Con la llegada de los Reyes Magos, este experto se aventura a proponer qué pediría un emprendedor a sus majestades para este 2026

Estos días los niños andan escribiendo sus cartas a los Reyes Magos para que lleguen a tiempo. Sueñan con juguetes imposibles, videojuegos de última generación y objetos mágicos.
Pero, ¿y los emprendedores? Si existiera un buzón especial en Oriente reservado para quienes luchan por convertir una idea en un negocio, ¿qué escribirían ellos en su carta?
Ésta podría ser una de esas cartas.
“Queridos Reyes Magos… Este año he sido un buen emprendedor”. Así podría arrancar la carta de cualquier fundador que haya dedicado más horas de las que admite a construir su proyecto.
A diferencia de los niños, que a menudo adjuntan dibujos, el emprendedor acompañaría su misiva con un pitch deck revisado cinco veces, un plan financiero que siempre parece quedarse corto, y un calendario lleno de reuniones que nunca acaba de cerrar.
Tiempo, dinero y clientes
En su lista de deseos lo primero que pediría sería tiempo. Tiempo para pensar, parar, para hacer crecer el proyecto sin sentir que cada minuto perdido es una oportunidad desperdiciada.
Muchos emprendedores tienen la sensación de que su negocio avanza siempre un paso por detrás de lo que debería, como si jugasen una carrera cuesta arriba.
Pedir más horas al día puede sonar ingenuo, pero es probablemente el deseo más universal del ecosistema emprendedor.
El segundo deseo sería financiación, pero no cualquiera. Sería financiación estable, ágil, y sin procesos interminables. Los Reyes Magos no tienen comités de riesgo ni fondos con KPIs. Los emprendedores, en cambio, pasan semanas —o meses— enviando presentaciones, preparando reuniones y adaptando su relato según la mirada del inversor.
En la carta pediría algo sencillo: inversión justa para poder desarrollar la visión sin morir en el intento. Una especie de magia financiera que le permita respirar y centrarse en lo que mejor sabe hacer: construir.
Otro regalo que no podría faltar: clientes. Clientes que valoren el producto, que paguen a tiempo, que recomienden, que vuelvan.
En un mundo de métricas, funnels, CPC y optimizaciones constantes, pedir clientes convencidos y comprometidos sería como pedir el juguete de moda: difícil de conseguir, pero absolutamente necesario para que el negocio cobre vida.
Personas, confianza y suerte
En los últimos años, el mercado parece haberse convertido en una montaña rusa. Suben los costes, cambia la regulación, aparece un competidor inesperado o un algoritmo destruye meses de estrategia digital.
El emprendedor incluiría en su carta una petición humilde: un mes sin sorpresas. Porque en un mundo tan volátil, tener un poco de estabilidad sería un regalo muy valioso.
El emprendedor también pediría personas. Colaboradores comprometidos, socios complementarios y equipos que crean en el proyecto tanto como ellos.
El talento escasea, y cuando aparece, cuesta retenerlo. Por eso en la carta habría una solicitud especial: perfiles que no solo sepan, sino que quieran. Personas que compartan propósito, visión y capacidad de remar incluso cuando la marea está en contra.
La carta también incluiría algo que no se compra ni se fabrica: confianza. Confianza propia, por supuesto, porque emprender es dudar a diario. Pero también confianza de clientes, de proveedores, de instituciones, de inversores y de la sociedad.
En un país donde el emprendimiento a veces se mira con recelo, la confianza es oro puro. El emprendedor pediría que se reconozca su esfuerzo, su riesgo y su aportación económica y social.
Y al final, como quien pide un deseo extra aunque no esté en el catálogo, también añadiría suerte. “Si podéis, traedme un poco de suerte”.
Porque incluso las ideas más brillantes necesitan ese golpe de viento que empuja las velas en la dirección correcta. Una gran reunión que surge por casualidad. Un cliente clave que aparece de la nada. Una oportunidad que llega sin esperarla.
Emprender necesita magia
Esta carta a los Reyes Magos funciona como un ejercicio de visión. Cada deseo refleja lo que el emprendedor anhela, pero también lo que necesita para avanzar. Y escribirlo ayuda a ordenar prioridades, detectar carencias y recordar por qué empezó todo.
Al final, quizá la magia no esté en que los Reyes traigan lo que se pide, sino en que escribir la carta ayuda al emprendedor a reencontrarse con su propósito y a seguir caminando.
Porque en el fondo, emprender es como la Navidad: exige ilusión, esfuerzo, paciencia… y la capacidad de creer que mañana puede llegar algo bueno.
La imagen puede parecer ingenua, pero es una metáfora perfecta: emprender es, en esencia, creer en algo que aún no existe… Porque en el emprendimiento, igual que en la magia navideña, siempre interviene ese elemento intangible que lo cambia todo.
¿Y tú? ¿Qué pedirías en tu carta emprendedora este año?
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