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Jesus Javier Guevara Monjes CEO de Aura Pay y Sebastián Barrera COO de Aura Pay
Jesus Javier Guevara y Sebastián Barrera Cofundadores de AURA PAY

Cuando emprender en equipo te lleva al éxito

Emprender es complicado. Si lo haces acompañado, compartes riesgos y también iniciativas. Esta es la historia de AURA PAY.

10/11/2023  Redacción EmprendedoresFirmas
Jesus Javier Guevara Monjes CEO de Aura Pay y Sebastián Barrera COO de Aura Pay

Un bolígrafo y una servilleta fue todo lo que necesitaron estos emprendedores para sellar su compromiso de sociedad. Este es el proyecto de dos inmigrantes, Jesús y Sebastian que, en sólo dos años, darían vida a una social fintech llamada AURA PAY, que ha obtenido la licencia del Banco de España como entidad de pago, con la que millones de migrantes serán capaces de enviar dinero a sus países de origen de forma fácil, rápida y asequible. 

El primero de los protagonistas de esta historia es Sebastián Barrera, ingeniero mecánico, de origen chileno, con más de una década de experiencia. Por otro lado, Jesús Javier Guevara Monjes, un emprendedor venezolano, con 20 años de trayectoria empresarial en múltiples sectores.  

Esta es la historia, contada en primera persona del plural, de dos emprendedores que fundaron una startup con un propósito social.


Nunca te llegas a plantear todas las pequeñas decisiones previas que tomas, pero que son las que te conducen a arrancar un proyecto de emprendimiento. Siempre se suele hablar más sobre el proyecto en un plano más elevado, pero a nosotros nos gusta empezar la historia contando que todo fue gracias a las cookies de Google.

A los que nos ‘pica’ el bicho de querer desarrollar algo propio, sabemos de sobra lo complicado y lento que es dar con la oportunidad que te lance hacia ello. Teníamos claro nuestro objetivo, de hecho, nos habíamos trasladado a vivir a España con esa clara intención. Tras una intensa búsqueda, a ambos nos saltó la publicidad del programa de incubación y aceleración de startups de Demium, ambos clicamos y hoy, podemos decir con orgullo, que estamos aquí.

Cuando consigues entrar en un programa gestionado por un venture capital, tus radares internos para poder identificar cualquier oportunidad están activados las 24 horas del día, los siete días a la semana. Tu vida pasa a convertirse en la pura dedicación de pensar líneas de negocio, buscar compañeros o gente con la que hablar hasta poder dar con ese proyecto con el que te sintieras identificado y supieras que contabas con el respaldo suficiente como para iniciarlo.

Al principio del programa ni tan siquiera coincidimos en persona. Sabíamos que necesitábamos de un perfil como el que tenía el otro y fue, buscando en LinkedIn –de nuevo en Internet–, que contactamos y quedamos para una reunión. No era la primera vez que quedábamos con otra persona para hablar y tratar de reconocer si con ella y esa idea en la cabeza que tenías, todo sería posible.

¿Cómo formar la pareja ideal?

De la mano de estos encuentros, obtienes una de las primeras lecciones que te aportan estos proyectos de incubación y que sirven para generar buenos emprendedores. Tienes que ser efectivo, rápido e ir al punto de la cuestión siendo sincero, pero reservado al mismo tiempo. No debes enseñar todas tus cartas, pero sí saber trasladar todo lo que quieres hacer. Debes ser inteligente y buscar a esa persona que realmente te vaya a complementar. No todo el mundo vale para formar una pareja de emprendedores y eso también lo has de saber identificar.

En nuestro caso, nos dimos un plazo inicial de 45 días para evaluar nuestras sinergias trabajando juntos ya que ese primer encuentro nos dio a ambos muy buenas sensaciones. El resultado fue que nos complementamos tan bien que, en tan solo veinte días, ya estábamos presentando el proyecto a fondos internacionales.

Montar un negocio junto a un desconocido puede parecer arriesgado. Ambos estábamos de acuerdo que emprender tenía que ser siempre un proyecto, al menos, de dos personas. Pero aquí viene el error que se debe evitar. No se debe buscar a alguien que sea como tú, que tenga una visión igual a la tuya o incluso, la misma área de experiencia o de conocimientos.

Ha de ser alguien que te complemente, que tenga el mismo objetivo que tú, pero que lo vea bajo otro paraguas. No necesitas a alguien que aplauda todas las ideas que se te ocurran, necesitas a alguien que te complemente y que sepa de aquello que tú no sabes, para que cuando llegue el momento de las dudas o de las decisiones importantes tengas claro que tienes al lado a alguien del que puedes confiar.

¿La clave? La confianza

De toda esta experiencia surge, por tanto, la siguiente cuestión: ¿Para emprender juntos hace falta ser amigos? No necesariamente. La implicación de todas las partes en un proyecto no se basa en la amistad, sino en la confianza. En saber que el trabajo siempre estará hecho de la forma en la que se ha acordado que se va a hacer.

En nuestro caso, hemos tenido la gran suerte de que esa confianza y complementariedad ha derivado en amistad. Y eso, en gran medida, se debe a la idea que creemos que es recomendable que haya siempre detrás de un proyecto de emprendimiento: las ganas de conseguir un mundo mejor, más justo y accesible para todos.

Además de nuestra implicación, la aceleradora puso a nuestra disposición todas las herramientas necesarias que nos permitieron escalar la fintech a un ritmo vertiginoso. Las reuniones semanales con mentores expertos y la fijación y monitoreo de objetivos, nos sirvieron para enfrentarnos a cualquier tipo de desafíos y resolver incontables dudas.

El desaprendizaje –deshecho del conocimiento obsoleto para abrir paso a nuevos conceptos– es una de las lecciones principales que nos dejó el programa. Gracias a ella, hemos podido decodificar estructuras para dar con las fórmulas adecuadas, así como redirigir estrategias cuando la situación así lo requiere. 

Distintas velocidades

La verdadera prueba se nos presentó nada más salir de la incubadora, cuando nos vimos cara a cara con la burocracia. El contraste entre la velocidad a la que operábamos dentro de Demium y el ritmo al que trabajan las empresas en el mundo real nos generó frustración.

En esta primera etapa, nuestra hiperactividad interna nos llevó a enfocar esfuerzos en puntos donde no teníamos el control y la velocidad de respuesta era distinta, lo que provocó desfases importantes en el roadmap. Este burnout nos llevó a replantear la estrategia de la compañía, siempre manteniendo la mirada en la meta final. Comprendimos que debíamos dejar madurar las ideas, ir paso a paso de la mano y no desesperar en el camino para poder establecer unas bases sólidas.  

Dos años después, echando la vista atrás para ver cómo hemos conseguido hacer frente a la frustración o el hacer frente a un proceso regulatorio tan intenso como el del Banco de España, tenemos claro cuál ha sido la razón por la que lo hemos conseguido solventar todo. Si no hubiésemos creado un grupo de trabajo tan completo, unido y un compromiso social, habría sido imposible.

La incertidumbre en el emprendimiento es enorme, pasas del plan A al B para acabar ejecutando el plan F y si lo hubiésemos tenido que hacer solos, sin duda, no habríamos llegado hasta donde lo hemos hecho.

Cuando los objetivos están claros y cuentas con un compañero de viaje en quien confías, es de las experiencias más gratificantes ver cómo vas cosechando éxitos. Y si, además, la compañía por la que estás sacrificando horas de sueño y de vida deja una huella en la sociedad, el combustible es inagotable. Nosotros no vemos límite cuando el resultado de nuestro esfuerzo se traduce en mejorar la calidad de vida de millones de personas y lo haremos, siempre, en equipo.

Jesus Javier Guevara y Sebastián BarreraCofundadores de AURA PAY