Nomade Nation: empezaron vendiendo un producto que no existía y hoy facturan 10,5M€

Nacida de un render en Wallapop y una preventa sin stock previo, Nomade Nation se ha consolidado como un referente en el sector de las furgonetas camper de alta gama, con una previsión de facturación de 10,5 millones de euros para 2026

Ignasi Ribo, CEO y fundador de Nomade Nation
Ignasi Ribó arrancó el proyecto de Nomade Nation en solitario (imagen cedida por la compañía).
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Nomade Nation es una firma especializada en el diseño, fabricación y comercialización de furgonetas camperizadas sobre Fiat Ducato de alta gama. Las fabrican en sus propias naves del Vallès y las venden directamente al cliente final y a través de una red de concesionarios en España y en cinco países europeos. 

Aseguran que lo suyo, más que una furgoneta camperizada, es un espacio para vivir pensado al detalle. En esta línea, en 2026 han lanzado la Space y presentado en el Caravan Salon de Düsseldorf un producto de integración de sistemas domóticos desarrollado con Garmin. Ellos mismos controlan toda la cadena –diseño, fabricación, venta y postventa– manteniendo una relación directa con el cliente y con su comunidad.

Un caso típico de ‘dropshipping’ 

El ideólogo y CEO del proyecto es Ignasi Ribó quien, antes de montar Nomade, dirigía su propia agencia de marketing digital y eventos, una empresa con nueve empleados que funcionaba de forma estable. Antes se había empleado en el mundo audiovisual trabajando para marcas como Netflix o Universal.

Con el boom camper de la pospandemia, Ribó vio una oportunidad de negocio en un sector con mucha demanda, pero demasiado industrial, muy B2B. Así es como decidió crear una marca de campers con una ‘mirada de cine’ combinada con la usabilidad.

El problema era la falta de recursos para poner en marcha el proyecto. Para solucionar la falta de liquidez se inspiró la estrategia dropshipping de Silicon Valley. Creó una imagen digital hiperrealista, uniendo detalles de modelos de furgonetas que a él le gustaban y anunció la venta de un vehículo que, en realidad, era solo un render en Wallapop, pidiendo una señal anticipada de 2.000 euros. Con esta propuesta logró cuatro reservas firmes de inmediato.

Lo conseguido con la preventa del prototipo digital lo invirtió en adquirir los primeros vehículos de segunda mano para transformarlos y negoció con un taller carrocero para que fabricara las unidades bajo su diseño. Conforme avanzaba en la producción y en la preventa, iba aumentando el dinero requerido a los clientes comprometidos.

Uno de los momentos de mayor tensión lo vivió Ribó cuando los primeros compradores exigieron visitar las instalaciones industriales antes de realizar los pagos finales. Ignasi tuvo que negociar in extremis con el fabricante subcontratado para que le permitiera mostrar la planta de producción como si fuese propia. 

Consolidación y crecimiento

No fue necesario un estudio de mercado formal, “el producto lo validamos vendiendo”, dice el CEO. Conseguidas las primeras reservas, llegó la primera ronda de inversión de 245.500€ en 2022, el mismo año de la constitución de la compañía.

A esta le siguieron otras seis hasta cerrar la última ronda growth en julio de 2026 por valor de 1,79M€, con la entrada de un socio industrial del sector. Añaden a esta financiación préstamos participativos convertibles, ENISA y líneas bancarias para stock y flota.

Hoy presumen de haber conseguido llevar una marca de consumo a un sector que siempre ha sido industrial con un vehículo que “no es una furgoneta camperizada”, sino “un espacio para vivir pensado al detalle”.

Con esta propuesta prevén cerrar 2026 con una facturación de 10,5 millones de euros facturados –un 75% más que el año pasado– y 197 unidades de campers vendidas, frente a las 53 de 2024.

La compañía dispone de fábrica propia (líneas de montaje y carpintería) en Montcada i Reixac (Barcelona); un concesionario y taller en Terrassa –abierto en septiembre de 2026– y flagship en Valencia; una red comercial de 13 concesionarios internacionales en 5 países, 6 en España y 13 partners de alquiler.

El equipo lo integran 62 personas, con un equipo directivo que Ribó fue ampliando con la incorporación de Marc Escudé (CFO), Oriol Rodríguez (CTO), Nacho Zornoza (producto), Enrique Jaén (producción) y Marina Sanz (CMO).

De marca a fabricante para no morir de éxito

Si en un comienzo Nomade externalizó la producción, con el tiempo ello acarreó problemas relacionados con el diseño, la calidad y la capacidad de atender la demanda. Esta circunstancia les obligó a frenar el crecimiento en 2024 y abrir su factoría, con naves y líneas de montaje propias y una capacidad operativa dimensionada para, aproximadamente, 200 vehículos anuales. 

Actualmente, están ya en la fabricación de una camper al día, de manera que el problema más grave que tienen ahora es que la marca crece más rápido que la fábrica. En sus planes está escalar las instalaciones en 2027 hasta una capacidad de producción superior a las 300 campers, lo que elevaría la facturación a más de 20M€.

Confían también en seguir ampliando su red de concesionarios por toda Europa para afianzar el proceso de internacionalización que han acometido en 2026, exportando la camper completa fabricada en Barcelona.

Han desarrollado asimismo su propio ERP que les permite tener toda la planta digitalizada. Cada camper pasa por estaciones de registro en tablets, y cada control de calidad y cada movimiento de material queda registrado. “Los concesionarios y proveedores trabajan con nosotros desde su propio portal, y el cliente sigue su camper, guarda su documentación y abre incidencias desde la app MyNomade”.

Un acierto

Nomade Nation dispone ya de cuatro modelos con tres niveles de equipamiento y un ticket medio de 67.771€. Las ventas las realizan por un doble canal: directo al cliente final (web, equipo comercial propio, ferias y puntos de venta) y a concesionarios, en España y en Europa. La postventa la llevan a cabo en su propio taller o talleres de estos distribuidores.

Aunque todavía recuerda Ribó con cierto apuro el día que se hizo pasar por el propietario de una fábrica que no tenía, ahora, cuatro años después, piensa que vender antes de fabricar fue un acierto porque le permitió escuchar al mercado desde el primer día y adaptar el modelo a sus exigencias.

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