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Nadie le enseñó a gestionar un negocio: hoy LUV Studio factura 12,5 millones con arquitectura de lujo

Christian Sintes era un arquitecto con talento, pero nadie le había enseñado a hacer rentable un estudio de arquitectura. Aprendió y hoy lidera LUV Studio, que factura 12,5 millones

Christian Sintes, fundador de LUV Studio, en su estudio de arquitectura en Barcelona

Christian Sintes acumulaba premios internacionales y había viajado por medio mundo diseñando proyectos. Pero cuando miraba su cuenta corriente, la realidad era muy distinta.

Corría el año 2012 y el arquitecto menorquín, afincado en Barcelona, arrastraba la misma contradicción que sufren otros tantos profesionales creativos.

“Tenía la sensación de tener mucha capacidad, pero no había money in the pocket“, resume hoy con la distancia que dan los años.

Aquella inquietud le obligó a hacerse una pregunta incómoda: ¿de qué sirve el talento si no sabes convertirlo en un negocio rentable?

La universidad le había enseñado a proyectar edificios, a dominar el dibujo técnico y a defender proyectos ante un tribunal, pero nadie le explicó cómo funciona un negocio ni por qué un estudio de arquitectura brillante puede terminar cerrando por falta de liquidez.

“La universidad nunca te enseña nada parecido a lo que es un negocio, ni siquiera lo que es una factura. Es bastante ridículo”, admite.

De diseñar edificios a construir un negocio

En 2014, Sintes decidió romper con todo. Atrás quedaban casi una década como profesor de proyectos en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de La Salle (ETSALS) y dos estudios propios —Modo y Fhaus— en los que había hecho de todo: desde escenografía para televisión hasta proyectar hospitales y museos.

Demasiados frentes, poco foco y ninguna estrategia. Sintes entendió que si quería vivir de la arquitectura tenía que aprender primero a gestionar un negocio.

Buscó inversores, levantó cerca de 450.000 euros y se rodeó de gente del mundo de los negocios que le enseñó lo que no había aprendido en la carrera: qué es una cuenta de resultados, cómo se elabora un presupuesto anual, cómo controlar el flujo de caja.

Fundó LUV Studio con un propósito claro: construir una empresa capaz de escalar. “Tomé una decisión muy radical: la de cerrar con mi pasado e inventar un nuevo futuro de una forma consciente, no dejándome llevar por la marea”, explica.

El plan ha funcionado. En 2024, el grupo facturó 8 millones de euros; en 2025 prevé alcanzar los 12,5 millones, lo que supone un crecimiento del 56% en un solo ejercicio. La plantilla ha pasado de 45 empleados a 105 en apenas tres años y opera desde cuatro sedes —Barcelona, Madrid, Ibiza y Andorra— con proyectos en más de 25 países.

Pero lo verdaderamente distintivo no son las cifras, sino el modelo que las sostiene. LUV no es un estudio de arquitectura al uso: es un ecosistema de cuatro empresas que controla todo el ciclo de una propiedad de lujo, desde la inversión inicial y el diseño hasta la construcción, el equipamiento completo y la venta final.

“Habitualmente se piensa que este sector se posiciona con el boca a oreja. Mentira”, sentencia Sintes.

Cuatro empresas, un solo cliente

Sintes entendió que diseñar edificios espectaculares no sirve de nada si no controlas lo que viene después.

El cliente de alto nivel no busca solo el diseño: quiere que alguien le resuelva el proceso completo, desde el proyecto hasta la entrega de llaves.

Quedarse solo en la arquitectura suponía regalarle a otros una parte importante de la facturación.

Para evitarlo, LUV se ha organizado en cuatro empresas:

  • LUV Studio: es la división de arquitectura e interiorismo de alta gama.
  • LUV Lifestyle: vende el mobiliario, el arte y la decoración para entregar la casa lista para vivir. Cuidan tanto el detalle que, como dice Sintes, instalan “hasta las cucharillas del café”.
  • LUV Estate: inmobiliaria boutique que ayuda a los promotores a comercializar las propiedades que diseñan. Sintes se dio cuenta de que las agencias externas no conocen los proyectos a fondo ni saben explicar al comprador por qué valen lo que valen.
  • LUV Capital: es la división más reciente del grupo, todavía en fase de desarrollo. Cuando detectan una promoción inmobiliaria interesante, invierten su propio dinero en ella. Pueden permitírselo porque dominan todo el proceso: valorar, diseñar, construir y vender. No se limitan a cobrar por diseñar, se convierten en socios del proyecto y, cuando se vende, obtienen una parte de los beneficios.
Christian Sintes con su equipo en las oficinas de LUV Studio en Barcelona
Christian Sintes con parte de su equipo en las oficinas de LUV Studio. Foto cedida por LUV Studio.

¿A quién diseña LUV?

Sintes tiene muy claro a quién se dirige. Su cliente tipo tiene entre 35 y 60 años, ha viajado, es culto y ha tenido éxito en lo suyo. No busca su primera vivienda, sino la segunda o la tercera. Y el 75% viene de fuera de España.

Son personas acostumbradas a pagar por servicios de calidad. No quieren experimentos ni sorpresas: buscan a alguien que les resuelva todo con garantías.

“Todos nuestros clientes acaban siendo amigos. Si alguien nuevo quiere saber cómo trabajamos, cualquiera de ellos está encantado de coger el teléfono y contarle su experiencia”, explica Sintes. La mejor publicidad, dice, sigue siendo un cliente satisfecho.

La apuesta digital que les abrió las puertas de África

En el mundo de la arquitectura de lujo siempre se ha creído que los clientes llegan por el boca a boca. Sintes decidió no esperar. Invirtió en posicionamiento digital —SEO y SEM— y los resultados no tardaron en llegar: contratos en Dubái, Colombia y Punta Cana. Y no proyectos menores, sino encargos de gran envergadura.

Esa visibilidad internacional ha llevado a LUV a firmar proyectos como la Torre Axian en Madagascar o su primer rascacielos, la Energy Tower, que se levantará en el solar más caro de Dakar.

“Hacer esto en España sería impensable”, reconoce Sintes. En paralelo, el estudio trabaja con clientes de referencia como el centro termal Caldea, en Andorra, o las cavas Juvé & Camps en Cataluña.

Trabajar en más de 25 países exige un modelo que permita reducir riesgos. LUV no puede firmar obras en el extranjero porque no está colegiado allí, así que su aportación se centra en lo que mejor saben hacer: el concepto, el diseño, la selección de materiales y toda la parte visual del proyecto.

Cuando llega el momento de calcular estructuras, gestionar instalaciones o tramitar licencias, entra en juego un equipo técnico local.

El lujo ya no son los grifos de oro

Para Sintes, el concepto de lujo ha cambiado. Ya no se trata de mostrar ostentación ni de comprar los materiales más caros por el simple hecho de serlo.

“Se tiene esta concepción errónea de que el lujo está en las cosas que valen dinero, y no necesariamente”, explica.

Para él, el verdadero lujo está en lo que no se ve a simple vista: las proporciones equilibradas de una estancia, la manera en que entra la luz e invade el espacio, la calidad de los materiales al tacto, el silencio…

“Entro en un espacio y no sé por qué, pero estoy bien: no oigo la calle, disfruto un espacio privado, la vista es bonita. El lujo reside en un montón de cositas”.

Esa filosofía también se refleja en cómo cobran sus honorarios. LUV rechaza la fórmula tradicional de facturar un porcentaje sobre el coste final de la obra.

La razón es sencilla: si el presupuesto se dispara, el arquitecto gana más y el cliente puede sospechar que se están inflando los gastos a propósito.

Para evitar esa desconfianza, cobran una tarifa en función de las horas trabajadas. Así, si recomiendan un material caro o si la obra necesita algunas semanas más de ejecución es porque realmente hace falta.

El brillo en los ojos

Con 105 empleados y proyectos en más de 25 países, contratar bien se ha vuelto un factor crítico. Para Sintes, el currículum importa, pero la actitud importa más. “Si no tiene ese brillo en los ojos, es que no va a funcionar”, asegura.

A diferencia de muchos despachos que tiran de becarios, en LUV todo el equipo está en nómina y tiene experiencia profesional.

“Minimizamos al máximo cualquier tipo de experimento en ese sentido”, explica. La razón es sencilla: el nivel de exigencia de sus clientes no permite errores de principiante.

También ha desterrado la figura del arquitecto estrella. “Esa idea anacrónica de que el arquitecto es una especie de gran artista que viene con un lápiz, hace un boceto y todo el mundo sigue las instrucciones, está muerta”. En LUV, dice, las ideas fluyen desde el más joven hasta el más veterano.

Un consejo para quien quiera emprender en arquitectura

Si Sintes tuviera que aconsejar a un arquitecto que empieza, su recomendación es clara: el diseño no basta. “No importa lo bueno que seas… conectar con las personas adecuadas genera los resultados adecuados”.

También ha aprendido a soltar. Con 105 empleados, ya no puede controlarlo todo, ni quiere. “Cuando trabajas con un equipo que es mejor que tú, puedes delegar con absoluta tranquilidad”, explica. Hoy su papel es otro: definir la estrategia y vigilar que la filosofía de la marca se mantenga intacta.

Y cuando se le pregunta qué es el éxito para él, la respuesta no tiene que ver con cifras. “Para mí el éxito es el estilo de vida que estoy llevando. Poder sentirme libre y estar financiando mi forma de vivir sin estar sufriendo”. Hace una pausa y añade: “Yo no trabajo. Para mí todo esto es una diversión constante”.

Y si pudiera hablar con el Christian Sintes de 2012, le diría que apostara antes por el posicionamiento digital. Fue lo que disparó la proyección internacional de LUV. “Me hubiera hecho crecer más rápido”, reconoce.

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