¿Qué consecuencias económicas va a tener la guerra de Irán?
Si la guerra de Irán se alarga, puede tener importantes consecuencias en el precio de la energía, el comercio mundial, la inflación, las políticas monetarias y los mercados bursátiles

Cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, comenzó a amenazar a Irán y a mandar sus portaaviones, todos empezamos temernos lo peor.
El viernes pasado, ya nos fuimos a la cama preocupados, conscientes de que Trump suele ordenar los ataques durante el fin de semana. Lo hace así con el fin de que los mercados tengan un par de días para asimilar las consecuencias de estas acciones.
Y el sábado nos despertamos con la noticia del ataque conjunto de las fuerzas armadas de Estados Unidos e Israel, que acabó con la vida del ayatolá Alí Jamenei y descabezó al régimen iraní.
El problema es que Irán no es Venezuela o Gaza. El país persa es un enclave estratégico en Oriente Próximo, uno de los mayores productores de crudo del mundo y, además, tiene un importante arsenal armamentístico.
Por eso, este ataque sí que ha sacudido los mercados, aunque su impacto todavía no ha sido demasiado grande. Sin embargo, si el conflicto se alarga, las consecuencias pueden ser muy graves.
Así nos impacta la guerra de Irán
Subida del petróleo…
El mercado energético ya está sufriendo las consecuencias de esta escalada militar. El precio del barril de brent ha subido un 16% esta semana, hasta rondar los 80 dólares. Al inicio de la jornada bursátil del mismo lunes ya había subido un 10%.
Y esto se nota al ir a repostar, con un incremento medio de 4 céntimos tanto en gasolina como en diésel, según informa El País. Aunque hay gasolineras que se han anotado subidas de más de 10 céntimos.
Todavía no se han registrado interrupciones importantes en el suministro, pero Coface apunta que el riesgo de que Irán obstaculice el tránsito en el estrecho de Ormuz podría suponer una amenaza para la economía mundial si el conflicto se alarga.
“Un conflicto limitado a unos pocos días o semanas, el escenario más probable en la actualidad, debería tener un impacto limitado. Sin embargo, si el conflicto continuara, su impacto macroeconómico podría ser significativo y trascender la cuestión de los precios de la energía“, afirma Ruben Nizard, director de Investigación Sectorial de la aseguradora.
Coface recalca que el mercado petrolero presentaba un amplio superávit antes del ataque, con abundante oferta, lo que mantenía los precios a raya. Sin embargo, cree que “el conflicto cambia las reglas del juego, reintroduciendo una incertidumbre extrema sobre la seguridad del suministro”.
Esto se explica por el riesgo de interrupción en el estrecho de Ormuz, por donde pasa alrededor del 20% del petróleo que se consume en todo el mundo y casi el 30% de los envíos marítimos de petróleo crudo.
La aseguradora pronostica que interrupciones prolongadas o repetidas podrían empujar al brent por encima de los 100 dólares el barril, “con la posibilidad de superar el máximo de febrero de 2022 (122 dólares/barril) o incluso el récord de 2008 (147 dólares/barril)”, especifica.
Además, advierte del riesgo que supone la destrucción de infraestructuras de Irán. Aunque no es el principal productor de la zona, si deja de suministrar petróleo también se notará en el mercado.
La mitad de su producción se destina a China. Sus compradores, especialmente países asiáticos, tendrían que buscar alternativas, tirando de los precios al alza.
… y de otras energías
Los expertos de Santalucía reseñan que por el estrecho de Ormuz también pasa alrededor del 20% del gas licuado (GNL).
José Carlos Díaz Lacaci, CEO de SotySolar, señala que el precio del gas licuado ha aumentado un 50%. Esto se explica por dos motivos. “Catar, productor del 20% del GNL mundial, ha suspendido la producción en su complejo de Ras Laffan. Y las reservas europeas de gas se encuentran bajo mínimos, ya que empezamos el año con la mitad de reservas que el año anterior, acrecentando esta situación la circunstancia de que el corte de gas ha sido repentino y sin capacidad de reacción, provocando una afectación mayor que en la crisis de Ucrania 2022”, aclara.
Además, el incremento del precio del petróleo y el gas también impacta en la producción de electricidad. “La subida del precio de la luz y una subida del 50% del gas puede repercutir hasta en un incremento de la factura de entre un 25%—30% en el mercado residencial y una pulverización de los márgenes en industrias como consecuencia del encarecimiento de la energía, motor de su producción”, anota Díaz Lacaci.
Dificultades para el transporte de mercancías
Se calcula que alrededor del 35% del comercio marítimo pasa por el estrecho de Ormuz. Coface insiste en la importancia de este enclave en el transporte de mercancías como GNL, fertilizantes, metales industriales —aluminio, esencialmente— y productos petroquímicos.
Además, subraya que otros puntos estratégicos, como Bab el-Mandeb1 o el canal de Suez, también podrían verse afectados en caso de una escalada regional. Y esto podría aumentar los costes de transporte y las primas de los seguros marítimos.
“Esta interrupción gradual de las cadenas de suministro plantea un riesgo creciente de escasez y presiones inflacionistas, especialmente para las economías más dependientes de las importaciones de energía”, detalla.
Jan Jonckheere, profesor de comercio internacional de OBS Business School, avisa de que “la disrupción en los puertos del Golfo obligará a las navieras a rodear África, lo que añade dos semanas a los tiempos de entrega, encareciendo los fletes y generando cuellos de botella en puntos estratégicos como el Estrecho de Gibraltar”.
Igualmente, Díaz Lacaci alerta acerca de un “potencial retraso en la cadena de suministro de materias primas y manufacturados, no sólo combustibles, al estar comprometido el tránsito por el estrecho y el suministro a China, principal fabricante global”.
Esta situación guarda cierta similitud con la que ya vivimos a principios de 2024. Entonces, los ataques de los rebeldes hutíes en el Mar Rojo obligaron a las navieras a cambiar sus rutas. Y esto retrasó las entregas y afectó a la cadena de suministro global.
Inflación y cambio de política monetaria
Coface considera que un escenario extremo, con el petróleo por encima de los 100 dólares por barril, provocaría un nuevo repunte de la inflación mundial.
Esto causaría una reacción de los bancos centrales, que tendrían que invertir su estrategia y pasar de la flexibilización monetaria a una restricción generalizada.
Esto se traduciría en un aumento de los tipos de interés, lo que encarecería los préstamos y, por tanto, frenaría la inversión empresarial.
“Un aumento prolongado de 15 dólares en los precios del crudo brent podría reducir así el crecimiento mundial en alrededor de 0,2 puntos porcentuales y añadir casi 0,5 puntos porcentuales a la inflación. En tal contexto, el riesgo de estanflación volvería a convertirse en una amenaza creíble para la economía mundial, con graves consecuencias para las empresas y el comercio”, concluye.
Inestabilidad para las inversiones
El conflicto también impacta en los mercados bursátiles y financieros. “En renta variable, el impacto ha sido desigual. Estados Unidos mostró mayor resiliencia que Europa y Asia. A nivel sectorial, ganan energía y defensa, y pierden viajes, ocio y sectores intensivos en combustible. En renta fija, la reacción ha sido contenida y concentrada en los activos más subordinados (AT1, High Yield)”, comenta Agustín Bircher, director de Inversión de Santalucía Asset Management, en un informe de mercado que da respuestas a las preguntas clave sobre el conflicto.
“El escenario central es el de un shock de volatilidad más que de deterioro estructural. La clave estará en la duración del conflicto y en si se produce una disrupción sostenida de los flujos energéticos”, añade.
NORZ Patrimonia señala que “los mercados de renta variable han reaccionado negativamente por las afectaciones que pueda tener en las cadenas de suministros, así como el impacto que puede generar en la economía un precio de energía más elevado, acentuándose en los mercados europeos por la dependencia energética y los temas empresariales de naturaleza más cíclica, y poniendo otra vez el foco en los efectos que estos precios puedan tener en la inflación”.
Y los inversores están buscando refugio en materias primas y divisas consideradas más defensivas. De este modo, se han producido subidas de precio de activos refugio como oro (+3%), plata (+2,4%). Y también se ha apreciado el dólar.
“En tiempos de guerra, el capital huye hacia activos refugio como el oro, los bonos estadounidenses o el franco suizo”, coincide Jonckheere.
“Desde el punto de vista estratégico, el entorno actual vuelve a poner en valor las carteras diversificadas con exposición a activos reales y sectores menos sensibles al ciclo económico”, apunta NORZ Patrimonia.
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