Comiviajeros, así se construye un negocio digital a partir de una pasión… o dos
"Un blog puede nacer de una pasión, pero para vivir de él hay que gestionarlo como una empresa”, apunta Ángela Olea, cofundadora de Comiviajeros junto a Fran Magaña

Lo que empezó en 2013 para Ángela Olea y Fran Magaña –dos apasionados de los viajes y la gastronomía– como una forma de ordenar información para su propia escapada por la Ruta 66 acabó convirtiéndose en 2017 en Comiviajeros, un blog de contenidos elaborado con información útil y actualizada, contrastada y honesta, basada en experiencia real.
Hoy, el proyecto destaca como uno de los más reconocibles del sector porque detrás de él hay mucho más que imágenes bonitas y recomendaciones.
En Comiviajeros hay inversión, estrategia digital, SEO, visión a largo plazo, decisiones empresariales y una apuesta firme por la constancia y la credibilidad; todo ello sin perder la esencia y el objetivo con el que empezó: “Ayudar a otros viajeros y viajeras a preparar sus viajes, contarles aquello que a nosotros nos habría gustado que nos contaran antes de emprender un determinado viaje y hacer que todo el contenido que les ofrecemos sea útil de verdad”, apunta Ángela.
Hablamos con ella sobre cómo se construye un negocio rentable a partir de un hobby sin perder autenticidad por el camino.

¿Cómo recuerdas el momento en el que tú y Fran decidisteis crear Comiviajeros? ¿Hubo algún viaje o experiencia concreta que os hiciera pensar: “Aquí hay algo que falta y nosotros podemos aportarlo”?
Lo recuerdo como una mezcla de ilusión, un poco de vértigo y bastante inocencia, que creo que también hace falta para empezar un proyecto así, que de primeras aspiraba a ser solo un hobby.
Fran y yo llevábamos desde que nos conocimos, en 2013, hablando de viajes, de comida y de la posibilidad de tener algún día un espacio donde compartir todo eso que nos apasionaba. Pero la semilla real de Comiviajeros fue nuestra Ruta 66.
Cuando empezamos a prepararla nos dimos cuenta de que había muy poca información útil en castellano para organizar el viaje por libre. Había inspiración, sí, pero faltaba lo que de verdad necesitas cuando estás montando una ruta desde cero: mapas claros, etapas realistas, tiempos, alojamientos, recomendaciones prácticas y esos detalles pequeños que pueden cambiarte completamente el viaje.
Nosotros hicimos unos mapas muy completos, apuntamos muchísima información y pensamos: “Esto puede ayudar a más gente”.
Ahí nació la idea. No queríamos hacer solo un diario bonito de viajes, sino crear la guía que nos habría gustado encontrar antes de salir. Una que explicara cómo organizarlo de verdad, con sus tiempos, sus errores, sus aciertos y toda esa parte práctica que muchas veces se echa de menos.
“Hicimos unos mapas muy completos, apuntamos muchísima información y pensamos: ‘Esto puede ayudar a más gente’”.
El nombre de Comiviajeros es muy reconocible y tiene mucha personalidad. ¿Cómo surgió y qué significado tiene para vosotros?
Comiviajeros nace de unir dos cosas que para nosotros siempre han ido de la mano: comer y viajar. Nos encanta descubrir destinos nuevos, pero también creemos que una parte importantísima de cualquier viaje se vive en la mesa, en los mercados, en los bares de barrio, en los puestos callejeros, en los restaurantes donde comen los locales o en ese plato que no esperabas y acaba siendo uno de los mejores recuerdos.
Queríamos un nombre que sonara cercano, que no fuese demasiado serio ni demasiado frío y que reflejara esa forma nuestra de entender los viajes: viajar para conocer, para disfrutar, para probar, para perderse y para vivir el destino de una manera muy real.
En un principio, a Fran no le convenció del todo, pero acabó aceptando y ahora no nos imaginamos teniendo otro nombre, la verdad.
Con el tiempo, se ha convertido en algo mucho más grande que una combinación de palabras. Para nosotros Comiviajeros es una forma de viajar y también una comunidad de personas que quieren preparar sus viajes con información útil, honesta y basada en experiencia real.
Comentáis que detectasteis un vacío de información útil para organizar viajes por libre. ¿Qué echabais en falta exactamente en los contenidos que encontrabais entonces en internet?
Echábamos en falta detalle, contexto y realidad.
Encontrábamos contenidos inspiracionales, listas de lugares imprescindibles o artículos muy generales, pero cuando te sentabas a organizar un viaje por libre aparecían las dudas de verdad: cuánto se tarda realmente en ir de un punto a otro, dónde conviene dormir, qué merece la pena y qué no, cómo estructurar una ruta sin ir corriendo, cuánto puede costar, dónde comer bien sin caer en sitios pensados solo para turistas…
También echábamos de menos que alguien contara los errores. Muchas veces en internet parece que todos los viajes son perfectos, pero la realidad es que a veces eliges un mal alojamiento, calculas mal una distancia, reservas tarde una actividad o te equivocas con un restaurante. Para nosotros era importante contar eso, porque ayuda muchísimo a quien viene detrás.
Desde el principio teníamos claro que queríamos crear guías que fueran útiles de verdad, de esas que puedes tener abiertas mientras preparas el viaje y que te ahorran horas de búsqueda.
“Comiviajeros es una forma de viajar y también una comunidad de personas que quieren preparar sus viajes con información útil, honesta y basada en experiencia real”
Al principio, Comiviajeros nació como un proyecto personal para documentar vuestros viajes. ¿En qué momento empezaste a verlo como algo más que un hobby?
En ningún momento pensamos en monetizar ni en crear una empresa. Comiviajeros nació como un hobby, como una forma de ordenar toda la información que recopilábamos en cada viaje y compartirla por si podía ayudar a alguien más.
El cambio empezó en 2018, cuando llegaron los primeros partners. Ahí nos dimos cuenta de que el contenido que estábamos creando tenía valor, que había marcas interesadas en nuestro proyecto y, sobre todo, que había lectores que confiaban en nuestras recomendaciones, que para nosotros es lo más importante.
Ese fue el momento en el que empezamos a pensar que Comiviajeros podía ser algo más. No fue de un día para otro, pero sí hubo un cambio de mentalidad. Pasamos de publicar cuando podíamos a tomarnos el proyecto con mucha más estrategia, más constancia y más visión a largo plazo. La ilusión seguía estando, pero empezamos a entender que, si queríamos que aquello creciera, había que tratarlo como algo más que un hobby.
Convertir una afición en un negocio digital no suele ser inmediato. ¿Cuáles fueron las decisiones más importantes para profesionalizar el proyecto y hacerlo sostenible económicamente?
La primera gran decisión fue tomárnoslo en serio incluso antes de que generara ingresos suficientes. Eso significó dedicarle muchas horas, invertir en la parte técnica de la web, en SEO, cuidar la experiencia del usuario y entender que un blog profesional no se construye solo publicando cuando apetece.
La segunda fue pensar en Comiviajeros como un activo digital. No queríamos vivir solo de publicar artículos, sino construir una marca, una audiencia y una estructura que pudiera sostenerse en el tiempo.
Y la tercera, probablemente la más importante, fue proteger la confianza de los lectores. Nosotros tenemos una norma muy clara: no nos casamos con nadie. Podríamos haber monetizado más rápido aceptando cualquier colaboración, pero teníamos claro que Comiviajeros solo tendría futuro si la gente sentía que podía fiarse de nosotros.
Si algo no nos gusta, lo decimos. Si algo no lo usaríamos, no lo recomendamos. Y si una colaboración no encaja con nuestra forma de viajar, preferimos decir que no.
La confianza es mucho más difícil de ganar que el tráfico, y muchísimo más fácil de perder.
“Podríamos haber monetizado más rápido aceptando cualquier colaboración, pero teníamos claro que Comiviajeros solo tendría futuro si la gente sentía que podía fiarse de nosotros”
Detrás de un blog de viajes hay más trabajo del que muchas veces se percibe desde fuera. ¿Cómo es realmente el día a día de Comiviajeros y qué tareas ocupan más tiempo?
Desde fuera parece que todo consiste en viajar, hacer fotos y escribir sobre lugares bonitos, pero la realidad es bastante menos romántica y mucho más intensa. Un blog profesional tiene muchísimo trabajo invisible.
Nuestro día a día incluye investigar destinos, planificar contenidos, redactar guías, revisar información, actualizar artículos antiguos, optimizar el SEO del contenido, negociar con partners, analizar datos, gestionar redes sociales, editar fotos y vídeos, resolver incidencias técnicas, revisar enlaces, facturas, administración… Y, por supuesto, preparar los viajes con mucho detalle para luego poder contarlos bien.
Una de las tareas que más tiempo ocupa es actualizar contenido. En los destinos todo cambia: precios, horarios, alojamientos, restaurantes, requisitos, transportes… Si queremos que Comiviajeros siga siendo útil, no basta con publicar una guía y olvidarnos de ella. Hay que volver, revisar, mejorar y mantener la información viva. Y eso lleva muchísimo tiempo.
En un sector tan competido como el de los viajes, habéis conseguido construir una comunidad fiel y una marca muy reconocible. ¿Qué crees que os ha ayudado a generar esa confianza entre los lectores?
Creo que la confianza nace de la honestidad y de la coherencia.
Desde el principio hemos intentado contar las cosas como nos habría gustado que nos las contaran a nosotros antes de viajar: con detalle, sin vender humo y sin fingir que todo es perfecto.
También nos ha ayudado mucho basar el contenido en nuestra experiencia real. No recomendamos nada a la ligera: si no lo hemos probado personalmente, lo investigamos a fondo antes de hablar de ello. Visitamos lugares, nos alojamos, comemos, nos equivocamos, comparamos y luego lo contamos con la mayor transparencia posible.
Otro punto importante es que nunca hemos querido ser gurús ni influencers en el sentido más aspiracional de la palabra. Somos personas normales que viajan, trabajan muchísimo y comparten lo que aprenden por el camino.
Creo que esa naturalidad conecta con la gente, porque quien llega a Comiviajeros no busca postureo, busca ayuda real para organizar mejor su viaje.
“Somos personas normales que viajan, trabajan muchísimo y comparten lo que aprenden por el camino”
Gran parte del éxito de los proyectos digitales pasa por la estrategia de contenidos y el SEO. ¿Cómo aprendisteis a trabajar estas áreas y qué importancia tienen hoy dentro de vuestro negocio?
En nuestro caso, no partíamos completamente de cero. Ambos teníamos formación y experiencia previa que pudimos aprovechar cuando creamos Comiviajeros.
Yo soy periodista, estudié un máster en marketing digital y antes de dedicarme al 100% a Comiviajeros ya trabajaba en un departamento de marketing, así que sabía qué era el SEO, cómo funcionaba una estrategia de contenidos y por qué era importante escribir pensando tanto en el lector como en la forma en la que busca información.
Aún así, una cosa es conocer la teoría y otra muy distinta aplicarla a un proyecto propio, con tus propios contenidos, tus propios datos y tus propios errores.
Hemos aprendido muchísimo sobre la marcha: analizando qué artículos funcionaban mejor, entendiendo la intención de búsqueda de los viajeros, viendo cómo respondía Google, actualizando guías antiguas y probando diferentes formas de estructurar la información.
Además, nunca hemos dejado de formarnos. El SEO cambia constantemente, más ahora con la IA alterando los resultados de búsqueda, así que un proyecto como Comiviajeros exige estar muy pendiente de nuevas tendencias, cambios de algoritmos, herramientas, formatos de contenido y formas de consumo. Lo que funcionaba hace cinco años no tiene por qué funcionar ahora. De hecho, no lo hace.
Hoy la estrategia de contenidos y el SEO son una parte fundamental del negocio, pero siempre intentamos que estén al servicio del lector.
No se trata solo de posicionar, sino de resolver dudas reales, ofrecer información útil y crear contenidos que acompañen a quien está preparando un viaje desde el primer momento.

Muchas personas piensan que vivir de un blog es algo improvisado o poco estable. En vuestro caso, ¿cómo habéis trabajado la monetización y la planificación para convertir Comiviajeros en una empresa real?
La clave ha sido entender que un blog puede nacer de una pasión, pero si quieres vivir de él tienes que gestionarlo como una empresa.
Vivir de un blog no es publicar cuatro artículos y esperar a que llegue el dinero. Es construir un activo digital, cuidar una audiencia, diversificar ingresos, analizar números, tomar decisiones y adaptarte constantemente.
En nuestro caso, la monetización ha venido principalmente de la afiliación, la publicidad y los acuerdos con partners. Pero siempre hemos intentado que esas vías estén alineadas con el contenido y con las necesidades reales de los lectores. Si alguien está organizando un viaje, tiene sentido hablarle de seguros, alojamientos, actividades, alquiler de coche o herramientas que nosotros usamos y recomendamos.
También hemos aprendido que hay que planificar a largo plazo. Los ingresos pueden variar por estacionalidad, por cambios en Google, por crisis en el sector o por decisiones de terceros. Por eso es importante tener control de números, procesos claros y una estructura que permita seguir trabajando incluso cuando el contexto cambia.
La parte bonita es viajar y compartir. La parte empresarial es asumir que, para que eso sea sostenible, también hay que mirar datos, negociar, decir que no y tomar decisiones difíciles.
“Es importante tener control de números, procesos claros y una estructura que permita seguir trabajando incluso cuando el contexto cambia”
Durante este proceso, ¿hubo algún momento especialmente difícil o alguna etapa en la que os plantearais abandonar el proyecto? ¿Cómo la superasteis?
Ha habido momentos difíciles, claro. Emprender tiene una parte muy bonita, pero también mucha incertidumbre.
Probablemente 2020 fue uno de los años más duros, porque el mundo se paró y el sector viajes se vio afectado de lleno. Para un proyecto como el nuestro, fue un golpe importante.
También 2021 fue un año complejo a nivel personal, aunque al mismo tiempo empezamos a ver frutos del trabajo acumulado durante años. Creo que lo que nos ayudó a seguir fue tener muy claro que Comiviajeros era nuestro futuro y que, aunque no pudiéramos controlar lo que pasaba fuera, sí podíamos seguir mejorando el proyecto por dentro.
Aprovechamos esas etapas para trabajar en la web, revisar contenidos, mejorar diseño, pensar procesos y adaptarnos. A veces no se supera un momento difícil con una gran decisión, sino haciendo pequeñas cosas cada día y confiando en que el trabajo bien hecho acaba teniendo recorrido. Y así ha sido.
Después de tantos viajes y contenidos publicados, ¿cómo evitáis que el proyecto pierda frescura o autenticidad?
Intentamos no perder nunca de vista por qué empezó todo.
Comiviajeros nació para ayudar y, mientras esa siga siendo la prioridad, el proyecto mantiene su esencia.
También nos ayuda seguir viajando con curiosidad. Aunque llevamos muchos años creando contenido, intentamos no mirar los destinos como “trabajo”. Seguimos disfrutando de perdernos por una ciudad, probar un restaurante pequeño, improvisar una parada en la ruta o descubrir un rincón que no esperábamos.
Esa emoción es importante, porque si nosotros dejamos de sentirla, sería difícil transmitirla.
Y luego hay algo que para mí es clave: no convertirnos en una fábrica de contenido sin alma. El crecimiento está muy bien, pero no a cualquier precio. Queremos que Comiviajeros siga creciendo, sí, pero sin perder la honestidad, el detalle y esa sensación de que hay personas reales detrás de cada guía.
“Comiviajeros nació para ayudar y, mientras esa siga siendo la prioridad, el proyecto mantiene su esencia”
¿Qué aprendizajes os ha dejado este camino como emprendedores digitales y qué errores intentaríais evitar si tuvierais que empezar de nuevo desde cero?
El mayor aprendizaje es que una pasión puede convertirse en un negocio, pero solo si la tratas como un negocio.
La ilusión es necesaria, pero no suficiente. Hace falta constancia, estrategia, análisis, capacidad de adaptación y mucha tolerancia a la incertidumbre.
También hemos aprendido que la confianza es el activo más importante. Puedes tener tráfico, colaboraciones o ingresos, pero si pierdes la confianza de tu audiencia, el proyecto pierde sentido. Por eso intentamos tomar decisiones que podamos sostener a largo plazo.
Si empezáramos de nuevo, probablemente ordenaríamos antes los procesos. Durante mucho tiempo hicimos demasiadas cosas “a mano” o de forma poco estructurada, porque éramos solo nosotros dos y tirábamos con lo que había.
Con los años te das cuenta de que documentar, delegar, medir y organizar no te quita autenticidad. Al revés: te permite cuidar mejor el proyecto, trabajar con más calma y tomar mejores decisiones.
Ese ha sido uno de los aprendizajes más grandes: profesionalizar no significa perder alma. Significa crear una estructura para que esa alma pueda sostenerse en el tiempo.
Cada vez hay más personas que quieren crear proyectos de contenido ligados a sus pasiones. Desde vuestra experiencia, ¿qué consejo le darías a alguien que sueña con convertir un hobby en su forma de vida?
Le diría que empiece, pero que empiece sabiendo que convertir un hobby en un trabajo cambia la relación que tienes con ese hobby.
Sigue habiendo pasión, pero también hay plazos, números, estrategia, presión, tareas que no apetecen y decisiones difíciles. Y creo que es importante saberlo desde el principio para no idealizarlo.
Mi consejo sería que no piense solo en lo que le gusta contar, sino en cómo puede ayudar a los demás. Un proyecto de contenido funciona cuando hay una intersección entre lo que te apasiona, lo que sabes hacer y lo que otras personas necesitan.
También le diría que tenga paciencia. Los proyectos digitales suelen crecer más despacio de lo que nos gustaría, y al principio hay mucho trabajo que no se ve. Pero si hay constancia, honestidad, foco y capacidad para aprender, una pasión puede convertirse en algo mucho más grande.
Y, sobre todo, que no copie fórmulas pensando que hay un camino rápido. Cada proyecto tiene que encontrar su voz.
En nuestro caso, Comiviajeros creció porque era muy nuestro: con nuestros viajes, nuestros errores, nuestra forma de contar y nuestra obsesión por hacerle la vida más fácil a quien está preparando su próxima aventura por el mundo.
Recomendados

Por quinto año consecutivo, hemos seleccionado a los 100 emprendedores y emprendedoras que, por su trayectoria profesional y su aportación, se han convertido en referentes

Una selección de startups de comercio online que proponen el recommerce y la sostenibilidad para impulsar el sector

VIDEO
En este número de Emprendedores entrevistamos a los fundadores de Playtomic, te ofrecemos un especial franquicias y nuestro dossier va dedicado a cómo fijar los precios

Oportunidades de negocio que nacen por la aplicación de la tecnología a mercados tan dispares como los comercios, las citas a ciegas, el marketing B2B o los modelos de suscripción.
