El cambio climático también afecta al trabajo
Olas de calor, fenómenos meteorológicos extremos, mala calidad del aire… Los trabajadores se ven expuestos a riesgos relacionados con el cambio climático

Los expertos nos están advirtiendo de que los continuos trenes de borrascas que están pasando por encima de la Península Ibérica este año, causando el desbordamiento de ríos e inundaciones en buena parte de la geografía española, tienen su origen en el cambio climático.
Y lo mismo sucede con las olas de calor, fenómenos meteorológicos extremos como la DANA de Valencia, etc.
Todos estos eventos afectan gravemente a muchas empresas, causando daños materiales en campos de cultivo, locales comerciales, naves, almacenes, oficinas…
Todo ello, supone un enorme contratiempo, pero no dejan de ser pérdidas materiales que, en mayor o menor medida, pueden compensarse con las indemnizaciones de los seguros, ayudas públicas, etc.
Pero el cambio climático no sólo afecta a los bienes materiales, sino que sus consecuencias también impactan en las personas.
“El cambio climático no es sólo un concepto científico o un debate político; es una realidad cotidiana que entra en los centros de trabajo, impacta en la salud de las personas y obliga a repensar qué entendemos por prevención de riesgos laborales”, afirma Xavier Baraza Sánchez, director de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), en un reciente artículo.
Así pues, advierte de que el aumento de las temperaturas y la duración de las olas de calor, la peor calidad del aire y la mayor frecuencia de episodios meteorológicos extremos están afectando ya tanto a los empleos al aire libre como a las actividades interiores, al elevar la fatiga y el riesgo de accidentes y problemas de salud vinculados al estrés térmico.
Efectos del cambio climático en las personas
Los datos avalan estas afirmaciones. Según la Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo (EU-OSHA), un tercio de los trabajadores europeos (33%) dicen estar expuestos a riesgos relacionados con el clima, como el calor extremo, los fenómenos meteorológicos extremos o la mala calidad del aire. Asimismo, 3 de cada 10 (31%) muestran preocupación por el impacto de estos riesgos en su salud y seguridad.
El concreto, 1 de cada 5 trabajadores creen estar expuestos al calor extremo (20%) o a problemas de calidad del aire, como polen, polvo o humo (19%).
Además, 1 de cada 10 indica verse afectado por una exposición intensa al sol (12%) o por fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, incendios forestales, sequías o huracanes (9%).

Igualmente, el estrés térmico puede provocar agotamiento, golpes de calor e incluso la muerte, según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).
Además, los trabajadores pueden desarrollar enfermedades crónicas graves y debilitantes que afectan al sistema cardiovascular y respiratorio, así como a los riñones.
Y todo esto se traduce en más costes sanitarios, deterioro de la calidad del empleo y pérdidas de productividad.
Un riesgo estructural
El experto de la UOC recalca que el cambio climático ha adquirido carácter de riesgo estructural.
“Las personas que trabajan al aire libre saben que el calor ya no es el mismo: ahora llega antes, dura más y se intensifica hasta alterar los ritmos, desgastar físicamente e, incluso, poner en riesgo la vida. La contaminación atmosférica afecta a conductores, repartidores y profesionales de servicios esenciales. Y, en muchos sectores, la disponibilidad de agua, la calidad del aire o la irregularidad meteorológica condicionan la organización de las tareas de una forma que habría sorprendido a cualquiera no hace tantos años”, declara.
De hecho, la OIT estima que el calor excesivo contribuye a 22,87 millones de lesiones laborales al año y se asocia a 18.970 muertes laborales anuales.
Además, señala que las altas temperaturas crean una combinación de riesgos que puede afectar a un 70% de los trabajadores en todo el mundo.
Importancia de la prevención
De este modo, el clima no es que sea un elemento más en la prevención de riesgos laborales, sino que es un factor que altera el marco de referencia en el que se evalúan la exposición, la probabilidad y el daño.
Como lo que antes era excepcional ahora ya es frecuente, a las empresas no les sirven los protocolos para situaciones puntuales.
Ahora tienen que rediseñar procesos, tiempos, espacios y cultura organizativa para adaptar sus planes de prevención riesgos laborales a la nueva realidad que impone el cambio climático.
Por ejemplo, hay que revisar horarios, pausas, hidratación, accesos a sombra o climatización, criterios de carga física, etc., e incluso sopesar la opción de dejar de trabajar si los umbrales de seguridad se superan.
También debemos estar preparados frente a fenómenos meteorológicos extremos, como inundaciones, tormentas, incendios u olas de calor prolongadas.
Esto se concreta en planes de evacuación y movilidad, protocolos para asegurar la continuidad operativa, alternativas para evitar o paliar las consecuencias de una posible interrupción de la cadena de suministro, etc.
Además, el profesor de la UOC recalca que no vale con tener un plan de emergencias genérico, sino que es necesario integrar escenarios climáticos plausibles, ensayar las decisiones –parar, reubicar, teletrabajar, limitar desplazamientos– y definir responsabilidades claras. En definitiva, anticiparnos ante posibles eventos de este tipo.
Por otro lado, invita a reflexionar acerca de modelo económico y laboral. Baraza expone que las organizaciones que apuestan por energías renovables, reducen su huella de carbono o incorporan principios de economía circular no sólo contribuyen a frenar el deterioro ambiental, sino que también tienden a crear entornos más seguros y saludables, a impulsar la innovación y a ofrecer ocupaciones con menor exposición.
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