Propiedad industrial: sacar rendimiento al conocimiento
El uso estratégico de la propiedad industrial suele ser motor de valor para las empresas. Para que así sea es imprescindible un foco estratégico

Manuel Rodríguez Venegas, técnico superior examinador de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), nos explica el uso estratégico de la propiedad industrial como motor de valor para las empresas.
Este experto detalla qué innovaciones son protegibles y cuáles no bajo la ley española, y expone el principal dilema del ecosistema nacional: una gran capacidad innovadora que contrasta con la dificultad de las pymes para explotar eficazmente sus patentes.
Propiedad industrial vs. intelectual
La ley de patentes 24/2015 referente a la propiedad industrial no especifica exactamente qué es protegible. Lo único que deja claro es que son protegibles todas las soluciones técnicas a problemas técnicos planteados con aplicación industrial.
La definición es válida para el caso de España, pero en otros países, la propiedad intelectual es un concepto que engloba tanto la industrial como los derechos de autor.
En nuestro país ambos derechos tienen su propio camino, con dos leyes y dos organismos diferentes para su registro y control. En lo que atañe a la propiedad industrial es competencia de la OEPM.

Lo que no puedes patentar
Conforme a lo que establece la citada ley, no serían patentables las creaciones literarias, los descubrimientos científicos, juegos, teorías matemáticas o formas de presentar una información.
Se excluyen también expresamente nuevas variedades vegetales o animales; los embriones humanos o métodos de tratamientos médicos o quirúrgicos aplicados a los humanos.
Para verlo claro, Rodríguez Venegas pone un ejemplo: “No se puede proteger un procedimiento de diálisis, pero sí las máquinas que utilizamos para el mismo”.
Cultura de la patente en España
Asegura el experto que, en España, la cultura de la patente está creciendo. Destaca aquí la actividad de organismos públicos, como universidades, centros de investigación o el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que son los que más solicitudes de patente presentan.
Si bajamos ya al terreno empresarial, el interés por patentar se reduce bastante. Lo justicia el experto por el predominio de las pequeñas y medianas empresas de nuestro tejido económico. “Son organizaciones de escala limitada sin apenas capacidad económica ni industrial ni tejido para explotarlas”, dice.
La patente más rentable en España
Como referente de rentabilidad de una patente española, cita Rodríguez Venegas el caso de la doctora Margarita Salas (enzima F29 para PCR) la patente más rentable de la historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en cuyo nombre se solicitó.
La enzima, patentada en 1989, amplifica ADN con alta precisión, siendo fundamental en pruebas genéticas y forenses, llegando a suponer más del 50% de los beneficios del CSIC.
Otro caso curioso fue la polémica desencadenada con la asignación de la patente a la tecnología de edición genética CRISPR en cuyo descubrimiento fue pionero el investigador español Francisco Martínez Mojica, de la Universidad de Alicante.
Nadie dentro de la comunidad científica duda de la contribución temprana de Martínez Mojica a CRISPR, pero el Nobel se lo dieron a las científicas Emmanuelle Charpentier y Jennifer A. Doudna por el desarrollo del método de edición genética CRISPR-Cas9. Ahora coexisten la patente europea de CRISPR con la de EE.UU, con diferencias de alcance y titularidad.
Incentivar a patentar
Visto el tamaño de las organizaciones que conforman nuestro tejido empresarial, se debate actualmente el apoyo del capital riesgo a las pymes innovadoras interesadas en solicitar una patente. Según Rodríguez Venegas, “es una práctica que en EE.UU está ya muy implementada”, algo que no sucede en nuestro continente.
En Europa existen algunas alternativas para incentivar el uso de patentes, como la del Fondo para Pymes (SME Fund). Se trata de una iniciativa de la Comisión Europea basada en un programa de subvenciones diseñado para ayudar a las pymes del territorio a proteger sus derechos de propiedad industrial (PI).
El plazo para solicitar las ayudas de dicho fondo para 2026 se abrió el pasado 2 de febrero y permanecerá en vigor hasta agotar fondos.
Relajar la regulación también ayudaría a incrementar la solicitud de patentes. Muchas tecnologías necesitan varios años de desarrollo antes de poder obtener un retorno. Se da mucho en el ámbito médico o el farmacéutico, con validaciones adicionales mucho más ágiles para la comercialización que en Europa.

Estrategia: foco
A la hora de proteger, sostiene Rodríguez, “hay que tener un plan estratégico. En caso de no hacerlo, se pueden disparar los costes. Sobre todo hay que tener foco”, advierte.
Con esto alude a la necesidad de analizar los mercados a los que queremos llegar y el orden de desembarco. Verdad que existe la opción de solicitar una patente europea gracias a un convenio que engloba hasta 48 países. Esto permite un único procedimiento y el pago de una única tasa en lugar de ir país por país.
Patentar no es validar
Sin embargo, los emprendedores olvidan con frecuencia que no es lo mismo validar que patentar. Aunque nuestra solución esté protegida legalmente, las condiciones del mercado pueden cambiar drásticamente cuando atravesamos fronteras. Por eso habrá que validar el encaje de nuestra solución en cada país. Asimismo, conviene recordar que la patente te defiende del plagio, pero no implica permiso de venta.
Por eso, la recomendación de este experto es que se analice con detenimiento aquellos mercados en los que tiene sentido patentar, especialmente si la empresa es pequeña. Lo común en España es empezar por los mercados vecinos y de una cultura más afín como Portugal, Francia e Italia.
La alternativa de licenciar
Las dificultades para llegar al mercado y explotar una patente, conduce a muchas empresas a ceder o vender la explotación de soluciones técnicas a terceros antes de que otros hallazgos les pasen por encima.
Carrera de patentes
Es habitual que, antes de obtener una patente final, las empresas con recursos suficientes vayan patentando los diferentes avances que van consiguiendo en su investigación.
Son patentes que nunca se van a explorar por sí solas, pero van a ir protegiendo los distintos items alcanzados. Blindan así el desarrollo comercial y técnico del producto final e impiden que otros plagien componentes específicos.
Esta carrera de patentes conlleva un gasto importante que no todas las empresas pueden afrontar Por eso optan por la alternativa de licenciar sus mejoras como patentes de base a otras organizaciones.
Puede también darse el caso de que una empresa genere una innovación que no sea radical para solucionar un problema, pero suponga una aportación notable para ello. En supuestos como este, hay que pensar que no es necesario disponer de un activo de propiedad industrial para el desarrollo de la empresa.
Una opción es establecer acuerdos de licencias para la explotación de terceros. Desde esta perspectiva, te olvidas de los gastos de procedimiento y mantenimiento de la patente y te beneficias de la explotación.
Otra posibilidad es recurrir a las licencias cruzadas (cross-licensing) de propiedad industrial. Son acuerdos estratégicos donde dos o más partes se conceden mutuamente permisos para utilizar sus respectivas patentes, marcas o tecnologías protegidas.
Su objetivo principal es compartir tecnología, facilitar la innovación conjunta y evitar litigios costosos por infracción de derechos de propiedad intelectual (PI).
Recomendados

Ana Delgado
Luis Martín lleva la creatividad en el ADN. Para impulsar las chispa innovadora en los más jóvenes, ha creado Academia de Inventores

Ana Delgado
Fomentar la innovación y la creatividad y proteger los derechos de quienes las impulsan es lo que dio lugar al establecimiento del Día Mundial de la Propiedad Intelectual.

Redacción Emprendedores
Un emprendedor ha desarrollado un aparato que permite ahorrar todo el agua fría que se desperdicia cuando se abre el grifo de agua caliente.

Galgus, en números redondos: 10 años, 10 patentes y 10 millones de euros para facturar
Ana Delgado
Galgus, empresa sevillana de tecnología WiFi, tiene unos planes de crecimiento muy agresivos y previsiones muy potentes de venta internacional.
