España se ha consolidado como una de las grandes potencias agroalimentarias de la Unión Europea. Según el Observatorio sobre el sector agroalimentario español en el contexto europeo 2025, elaborado por Cajamar y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), el país aporta ya el 13% del valor añadido del sector en la UE-27 y en 2025 alcanzó un máximo histórico en exportaciones, con 79.391 millones de euros, un 2,8% más que el año anterior.
Detrás de estas cifras hay explotaciones familiares, cooperativas, pymes, industrias transformadoras y empresas exportadoras que han tenido que adaptarse a un escenario cada vez más exigente.
Hace una década, sus principales necesidades giraban en torno a la financiación de campañas, el circulante, la compra de maquinaria o la modernización de instalaciones. Hoy, esas prioridades conviven con decisiones más estratégicas vinculadas a la eficiencia, la tecnología, la sostenibilidad y la capacidad de responder a un entorno más volátil, regulado y competitivo.
“Las empresas nos hablan del riesgo climático, de eficiencia hídrica y energética, automatización, digitalización, inteligencia artificial, trazabilidad, cumplimiento ASG, internacionalización, riesgos geopolíticos y diversificación de mercados. También ha cambiado la forma de competir. Ya no basta con producir bien; hay que anticiparse, medir, certificar, comunicar y adaptarse con rapidez”, enumera Cinta Pérez, directora de Banca de Empresas y Corporativa de Grupo Cooperativo Cajamar.

De financiar la cosecha a financiar el cambio de modelo
La evolución del sector se refleja en el destino de las inversiones. “Hemos pasado de financiar principalmente la producción a financiar también el cambio de modelo productivo. El crédito ha pasado, en cierto modo, de acompañar la cosecha a impulsar datos, tecnología, eficiencia, resiliencia climática y capacidad de competir”, señala la directora, y aporta cifras que respaldan ese cambio de rumbo.
En la industria agroalimentaria, el 42,6% de las empresas dispone ya de sistemas de monitorización y control de calidad; el 41,4% cuenta con líneas automáticas de producción y ese mismo porcentaje utiliza sistemas de control de inventario. En paralelo, se extienden tecnologías como el Internet de las Cosas, la gestión inteligente de residuos o las energías renovables.
En la producción agrícola ocurre algo similar. La sensorización de la humedad del suelo alcanza ya al 57,5% de las explotaciones y la aplicación variable de fertilizantes llega al 74%, dos avances que permiten optimizar el consumo de agua, reducir insumos y contener costes sin renunciar a la productividad. A estas inversiones se suman el riego inteligente, la automatización y la robótica, la energía fotovoltaica, la analítica de datos y la inteligencia artificial.
Ahora bien, la transformación no consiste solo en incorporar innovaciones. “La tecnología aporta valor cuando se convierte en inteligencia productiva”, recalca la responsable de Cajamar. La clave también está en elegir aquellas inversiones capaces de mejorar de forma tangible la gestión del negocio: producir más con menos, reducir costes, anticipar riesgos y disponer de información para reaccionar a tiempo.
En este contexto, la relación de las empresas con las entidades financieras resulta fundamental. “El capital, por sí solo, ya no garantiza competitividad. Una inversión mal orientada puede generar deuda sin generar futuro. Hoy las empresas necesitan financiación, pero también información rigurosa, análisis, formación, conexión con la tecnología y acompañamiento para tomar mejores decisiones”, apunta la directora de Banca de Empresas y Corporativa ante la complejidad de una actividad en la que confluyen múltiples variables.

La importancia de conocer el terreno
En el agro, las decisiones empresariales dependen de factores climáticos, sociales, logísticos, regulatorios y comerciales que evolucionan continuamente y condicionan sus ciclos, riesgos y necesidades económicas.
Una sequía, una plaga, una nueva normativa o una alteración de los mercados internacionales pueden modificar en pocas semanas las previsiones de toda una campaña. A ello se suma la diversidad del tejido empresarial, donde conviven realidades muy diferentes. El tamaño, el ciclo productivo y el grado de madurez tecnológica de cada negocio determinan sus prioridades. No existe, por tanto, una receta financiera válida para todos. “En el agro, como en pocas actividades, antes de prescribir hay que saber leer el terreno”, dice la directiva, quien sitúa en ese conocimiento el valor diferencial de Cajamar: “La entidad nació junto a agricultores, ganaderos y cooperativas. El campo nos reconoce como una entidad cercana, útil y comprometida. No somos solo un proveedor de crédito, somos parte de los eslabones de la cadena agroalimentaria»”.
Hoy esa especialización se sostiene sobre una fuerte presencia territorial en el entorno rural —el 44,31% de su red de oficinas y ventanillas presta servicio en localidades de menos de 10.000 habitantes— y se refleja en su posición en el mercado, liderando la financiación del sector en España, con una cuota del 15,4%.
Sin embargo, su relación con el agro va más allá de financiar proyectos. “Nos hemos implicado directamente creando toda una estructura de apoyo a la innovación y a la transferencia del conocimiento para el sector, en la que ya llevamos trabajando más de 50 años”, señala Roberto García Torrente, director general de Sostenibilidad y Desarrollo Agroalimentario de Grupo Cajamar, y recuerda el punto de partida. “Dado que en aquellos años la infraestructura de innovación que había en el país era muy escasa y nula allí donde teníamos más presencia, decidimos ser nosotros mismos los que impulsásemos la innovación. Por un lado, mediante la adaptación de tecnologías que podían venir desde otros países y, por otro, generando tecnologías propias”.
De aquella etapa nació una forma de trabajar basada en la experimentación: probar nuevas soluciones, contrastar su validez y facilitar después su adopción entre los agricultores. Un lema, recuerda el directivo, resume bien aquella filosofía: “Nos teníamos que equivocar nosotros para que no se equivocasen los agricultores. Y todo esto lo vinculábamos con nuestra actividad financiera, apoyando a las empresas que ofrecían esas innovaciones y facilitando condiciones muy favorables a los agricultores que realizaban las inversiones”.
Con los años, esa apuesta ha dado forma al actual ecosistema de innovación agroalimentaria del Grupo. Lo integran dos centros experimentales —ubicados en Almería y Valencia— dedicados a transferir el conocimiento derivado de la investigación; Plataforma Tierra, una comunidad centrada en la digitalización y la sostenibilidad; Cajamar Innova, una incubadora de empresas tecnológicas enfocada en la gestión eficiente del agua, el agrotech y el foodtech; un Servicio de Publicaciones y Estudios; y una oferta propia de cursos y seminarios.
“No es fácil medir el impacto directo que tiene toda nuestra actividad de apoyo al sector agroalimentario. Tenemos una presencia muy amplia en todos los sectores, estamos prácticamente en todas las regiones y actuamos en las diferentes fases de la cadena agroalimentaria”, reconoce García Torrente. No obstante, allí donde la entidad tiene mayor implantación, apunta que se observan elevadas tasas de productividad y competitividad, así como una mayor propensión a la inversión, lo que hace que la incorporación de nuevas tecnologías se haga con bastante agilidad.

«El campo nos reconoce como una entidad cercana, útil y comprometida. No somos solo un proveedor de crédito, somos parte de los eslabones de la cadena agroalimentaria», Cinta Pérez
Los retos que marcarán el futuro del agro
De cara al futuro, y a nivel global, el sector deberá satisfacer la demanda creciente de alimentos sin dejar de avanzar en la lucha contra el cambio climático. En España, esta situación adquiere una dimensión particular por el peso del agua. “Tenemos el gran reto de alcanzar un gran Pacto de Estado por el Agua, ya que nuestro sector agroalimentario es muy dependiente de este recurso y tenemos que asegurar su disponibilidad”, sostiene el director general de Sostenibilidad y Desarrollo Agroalimentario.
Al mismo tiempo, las empresas tienen por delante una transformación de sus propios modelos de negocio. Ganar eficiencia, rentabilidad y capacidad de adaptación pasa por incorporar innovaciones, y no solo de tipo tecnológico, sino también organizacional, de mercado y de gestión del talento.
Otro aspecto relevante y vinculado al anterior es la necesidad de crecer y adquirir mayor dimensión: “El tamaño es un factor condicionante de la capacidad financiera para realizar nuevas inversiones, para atraer talento y para impulsar la internacionalización de las empresas”.
La integración de todas las fases de la cadena de valor completa este proceso, desde el control de la producción primaria y la transformación de las materias primas en alimentos cada vez más sofisticados hasta la comercialización de los productos. También resulta clave invertir en servicios auxiliares que contribuyan a mejorar la competitividad de la actividad, especialmente mediante la innovación de los insumos.

“Nos hemos implicado directamente creando toda una estructura de apoyo a la innovación y a la transferencia del conocimiento para el sector, en la que ya llevamos trabajando más de 50 años”, Roberto García Torrente
Una posición sólida para aprovechar las oportunidades
Los retos, sin duda, son muchos, pero también abren la puerta a nuevas oportunidades y España parte de una posición sólida para aprovecharlas.
En los últimos 30 años, el país ha llevado a cabo una profunda transformación de su sector agroalimentario. Ha pasado de ser importador neto de alimentos a tener una de las balanzas comerciales más excedentarias de Europa y ha avanzado en todas las fases de la cadena alimentaria, desde la producción primaria hasta la industria y la comercialización.
Con esta base, el objetivo es ser capaces de agrupar las capacidades existentes de los diferentes agentes que intervienen en el sistema, para situarse como un auténtico referente en el desarrollo de las soluciones que van a impulsar al sector en los próximos años. En palabras de García Torrente: “Debemos tener la sana ambición de convertirnos en proveedores y exportadores de tecnología para el resto del planeta”.
En este proceso, las empresas que tienen mayor capacidad de crecimiento son aquellas que han entendido que la competitividad ya no depende solo de producir más, sino de producir mejor y aportar más valor mediante la diferenciación. “Son compañías que asumen la transformación como un proceso continuo, no como una inversión puntual”, puntualiza Cinta Pérez.
Y es precisamente en ese punto donde cobra sentido la combinación de financiación especializada, innovación y experiencia que vertebra el modelo de Cajamar. “Vamos a seguir prestando al sector todos los servicios que necesiten para seguir avanzando, tanto desde el punto de vista financiero como en la generación y transferencia del conocimiento”, concluye el directivo.

Más de 50 años construyendo un ecosistema de innovación agroalimentaria
Lo que comenzó como una respuesta a las carencias de innovación del entorno rural ha ido creciendo y adaptándose a medida que cambiaban las necesidades del sector agroalimentario. El resultado es un ecosistema de recursos y herramientas que acompaña esta evolución y facilita que el conocimiento especializado llegue a quienes producen y transforman los alimentos.
1975 — Estación Experimental Cajamar ‘Las Palmerillas’ en Almería
Cajamar inicia su labor de apoyo a la innovación con un centro especializado en hortofruticultura mediterránea y gestión sostenible del agua. Desde el principio, la investigación se acompaña de transferencia de conocimiento y extensión agraria, con el objetivo de probar primero las nuevas soluciones para que los agricultores no tuvieran que asumir ese riesgo. Esta filosofía sienta las bases de la trayectoria posterior.
1990 — Centro de Experiencias de Paiporta en Valencia
Se incorpora un segundo centro experimental, especializado en cultivos hortícolas y fruticultura, principalmente cítricos. Junto con Las Palmerillas, refuerza la labor de investigación, transferencia y extensión agraria mediante jornadas técnicas y visitas de agricultores y empresarios, que con el tiempo atraen a profesionales de distintas partes del mundo. En conjunto, ambos centros suman más de 20 hectáreas destinadas a I+D+i y acogen cada año más de medio centenar de proyectos de investigación aplicada, desarrollados en colaboración con empresas, universidades y centros tecnológicos.
1998 — Servicio de Estudios y Publicaciones
En un momento de cambios profundos tras la plena entrada de España en la Unión Europea, el Servicio de Estudios comienza a analizar la coyuntura de los mercados, los cambios estructurales de los subsectores y la organización de las diferentes fases de la cadena agroalimentaria. En paralelo, el Servicio de Publicaciones facilita al sector el acceso a estos trabajos, una labor que ha convertido a Cajamar en la entidad con mayor labor editorial para el sector agroalimentario en España. Actualmente, todas sus publicaciones están disponibles a través de Plataforma Tierra.
2007 — Escuela de Formación Agroalimentaria
La formación se incorpora como otro instrumento para reforzar la capacidad de gestión del sector. La escuela trabaja con consejeros de empresas y cooperativas y jóvenes directivos. Los primeros reciben formación orientada a fortalecer la toma de decisiones a largo plazo, mientras los segundos se preparan para asumir progresivamente puestos de mayor responsabilidad y contribuir al relevo generacional.
2021 — Plataforma Tierra
Cajamar pone en marcha su red digital para democratizar el acceso al conocimiento y a las nuevas tecnologías del sector más allá del alcance físico de los centros experimentales, las jornadas técnicas y las visitas. La entidad define Plataforma Tierra como sus “Palmerillas 4.0”. Más de 600 profesionales participan cada año en sus actividades de formación que combinan jornadas, seminarios, talleres, webinars y contenidos online. La plataforma cuenta ya con más de 33.100 usuarios registrados, según datos a 15 de julio de 2026.
2021 — Cajamar Innova | Agua
La incubadora y aceleradora de empresas Cajamar Innova abre una nueva vía de apoyo a la innovación tecnológica al identificar proyectos y emprendedores capaces de desarrollar soluciones que, por su especialización, no podían abordarse desde los centros experimentales. Su primer programa se centra en la gestión sostenible del agua y combina apoyo tecnológico y empresarial individualizado con acceso a potenciales inversores y clientes.
2024 — Cajamar Innova | Agrotech
La incubadora amplía su actividad al ámbito agrotech, con proyectos orientados a mejorar los procesos productivos en agricultura y ganadería.
2025 — Cajamar Innova | Foodtech
La tercera línea incorpora el foodtech, centrado en innovaciones para el desarrollo de alimentos en la fase final de la cadena, completando así el recorrido desde los recursos y la producción hasta la transformación y el desarrollo de nuevos alimentos.
2026 — Cajamar Innova | Agua, Agrotech y Foodtech
Cajamar Innova integra sus tres programas de aceleración —Agua, Agrotech y Foodtech— en una edición conjunta. Desde el lanzamiento del primer programa, ha impulsado 117 empresas tecnológicas a través de 11 convocatorias, entre ellas 19 startups internacionales procedentes de ocho países, consolidándose como el programa de acompañamiento integral y personalizado al emprendimiento de la Fundación Grupo Cajamar.

Empresas que convierten la innovación en soluciones
Parte de la transformación necesaria en el sector agro pasa por desarrollar soluciones capaces de optimizar la producción y los recursos. En ello trabajan los profesionales de Cajamar Innova. “Creo que lo más importante es que nuestra proximidad al sector y nuestro ecosistema nos permiten ayudar a terminar de dar forma a las ideas, de manera que atiendan de la manera más eficaz posible las necesidades reales. También facilitamos un primer contacto con potenciales clientes, lo cual es muy bienvenido en esta fase incipiente de crecimiento de las startups”, señala Roberto García Torrente.
Como resultado, entre los proyectos impulsados por la aceleradora se encuentran Ikos Advance, que trabaja en soluciones para la digitalización completa de las explotaciones, y Grodi Tech, que desarrolla un robot capaz de monitorizar los cultivos bajo invernadero.
La innovación también alcanza la bioeconomía circular y la búsqueda de insumos más sostenibles. Es el caso de M2R Agrofarm, que trabaja en la cría de insectos para producir proteínas a partir de subproductos agrícolas, y Planet Biotech, centrada en el diseño de insumos más sostenibles.
Otro de los ámbitos de trabajo es el tratamiento del agua, con proyectos como Cimico, especializado en el tratamiento biológico de agua industrial o residual, y Captoplastic, que desarrolla soluciones para eliminar los microplásticos del agua.