Obtén liquidez sin créditos: guía para negociar plazos de pago con proveedores
La gestión de los plazos de pago no es un detalle administrativo menor. Se trata de un factor estratégico que condiciona la tesorería y por tanto el ritmo al que puede crecer el negocio

En cualquier negocio —desde una tienda online que empieza a escalar hasta una pyme industrial con años de trayectoria— la relación con los proveedores es una pieza estratégica. Ellos influyen en la calidad de lo que vendes, en la regularidad del suministro y en algo que a veces se pasa por alto: la salud de tu tesorería. En esta relación, uno de los puntos más sensibles —y más negociables— son los plazos de pago.
Ajustar las condiciones de cobro no es “pagar tarde” ni presionar a tu proveedor. Es diseñar unas reglas de juego que encajen con tu realidad financiera sin poner en riesgo la relación comercial.
Bien planteado, negociar plazos con proveedores no es un pulso, sino una herramienta de gestión para encontrar un equilibrio que permita a ambas partes trabajar con seguridad y confianza
Antes de pedir, analiza
Antes de levantar el teléfono o enviar un correo solicitando más días de plazo para pagar, haz un ejercicio previo: mírate al espejo como cliente. Negociar sin conocer tu fuerza real es improvisar. Negociar con datos, en cambio, te permite plantear una propuesta razonable y bien argumentada.
Estas son las cuatro variables que conviene revisar:
1. Tu historial como cliente
La confianza no se improvisa; se construye factura a factura. ¿Has pagado siempre en plazo? ¿Has mantenido un volumen constante de pedidos? ¿Has cumplido lo acordado sin generar incidencias?
Si la respuesta es sí, ahí tienes tu primera baza. No es lo mismo pedir más margen tras varios retrasos que hacerlo después de un año impecable. Un proveedor que te percibe como cliente fiable estará mucho más dispuesto a estudiar una ampliación de condiciones.
2. El volumen que representas
No todas las empresas pesan igual en la cartera de un proveedor. Analiza qué papel juegas en su facturación. Si tus pedidos representan una parte significativa de sus ingresos, estarás en mejor posición para negociar. Si has crecido o estás a punto de incrementar tus ventas de forma significativa, también tienes un argumento potente.
Ojo: no se trata de “presumir” de cifras, sino de demostrar que la relación tiene recorrido y que ampliar plazos puede ir acompañado de más negocio para ambas partes.
3. Las condiciones del mercado y los estándares de tu sector
Antes de sentarte a negociar, haz trabajo de campo. ¿Qué plazos son habituales en tu actividad? ¿Se está pagando a 30, 45, 60 o incluso 90 días? Conocer estas referencias te permite situar tu propuesta dentro de parámetros razonables.
Esto no significa amenazar con irte, sino mostrar que conoces el terreno y que buscas un acuerdo competitivo, alineado con la práctica del mercado. Cuando manejas datos reales, la conversación sube de nivel y gana en profesionalidad.
En muchos sectores los plazos están bastante definidos por la propia dinámica del negocio. En alimentación fresca, por ejemplo, lo habitual es pagar a pocos días porque la mercancía es perecedera y el proveedor necesita liquidez inmediata para seguir operando. En cambio, en ámbitos como la moda, la electrónica o la fabricación industrial, es más frecuente encontrar plazos de 60 o incluso 90 días, ya que los ciclos de producción y venta son distintos.
Entender estas diferencias evita que tu solicitud se perciba como algo fuera de mercado. Al contrario: te permite argumentar que tu propuesta encaja con la lógica del sector.
Para obtener esta información puedes:
- Hablar con otros empresarios o proveedores de confianza.
- Revisar contratos tipo o acuerdos marco de asociaciones empresariales.
- Consultar la normativa vigente. En la Unión Europea, la Directiva 2011/7/UE contra la morosidad en operaciones comerciales establece, con carácter general, un plazo de hasta 60 días en operaciones entre empresas. Solo puede superarse si ambas partes lo acuerdan de forma expresa y siempre que no resulte abusivo para el proveedor. Esto no significa que no puedas negociar, pero sí que existe un marco legal que conviene tener en cuenta.
Cuando la negociación se construye sobre datos y compromisos concretos, deja de ser una petición incómoda y se convierte en una conversación entre socios que quieren seguir haciendo negocio juntos
4. La solidez de tu empresa
Si vas a pedir más margen, el proveedor necesita sentir que el riesgo no aumenta.
Aquí, de nuevo, puedes apoyarte en datos concretos: crecimiento de ventas, contratos firmados, previsiones de expansión, campañas cerradas, financiación asegurada…
La transparencia bien dosificada genera tranquilidad. No hace falta compartir todo, pero sí ofrecer señales claras de estabilidad.

Un ejemplo realista: cómo plantear la conversación
Imagina que tienes una tienda online y llevas dos años trabajando con un proveedor de embalajes. Haces pedidos mensuales, pagas a 30 días y nunca has tenido retrasos ni devoluciones. Ahora tu ecommerce empieza a escalar y necesitas aumentar el volumen de compra.
En lugar de limitarte a pedir 30 días más “porque lo necesitas”, estructura la conversación con argumentos orientados al beneficio compartido. La clave está en convertir tu solicitud en una propuesta bien armada, no en una petición improvisada. Puedes plantearla así:
1. Recuerda el historial sin incidencias
Si tu historial es sólido, empieza poniendo en valor con naturalidad la relación construida: dos años de colaboración, pagos puntuales, cero devoluciones y continuidad en los pedidos. No como reproche ni como moneda de cambio, sino como base de confianza. Eso sitúa la conversación en un terreno profesional y equilibrado y refuerza tu credibilidad antes de entrar en cifras.
2. Explica el crecimiento previsto y el impacto positivo para el proveedor
Vincula tu petición a una oportunidad de negocio para ambas partes: “En los próximos meses voy a incrementar las compras un 10%. Para poder asumir esta inversión sin tensionar la tesorería, necesito ampliar el plazo de los pagos. Eso me permitirá mantener la puntualidad en los pagos y consolidar el crecimiento contigo como proveedor principal”.
Aquí no hablas de una necesidad urgente, sino de un plan de expansión con números concretos y una previsión clara de pedidos que también le beneficia.
3. Propón un cambio progresivo o soluciones intermedias
Evita los saltos bruscos. Pasar de 30 a 60 días de golpe puede generar rechazo. En su lugar, plantea alternativas razonables, como pasar de 30 a 45 días, aplicar el nuevo plazo solo a determinados pedidos, a la estacionalidad de la demanda o ajustar las condiciones en momentos de mayor volumen.
“La mayor parte de mis ventas se concentran en Navidad. Si podemos ajustar los pagos de noviembre y diciembre para liquidarlos en enero, podré cerrar la campaña con mayor comodidad y garantizar el cobro sin retrasos”.
Este tipo de propuestas reducen la sensación de riesgo y facilitan el acuerdo porque muestran flexibilidad por tu parte y acotan el impacto para el proveedor.
4. Ofrece algo a cambio
La negociación de plazos raramente es unilateral. Si pides más tiempo, es más fácil que obtengas un “sí” si ofreces algo en contrapartida. Esta reciprocidad demuestra que tu objetivo es un acuerdo equilibrado y no una ventaja para ti.
Algunas posibilidades son: incrementar el volumen de compras, comprometerte a una permanencia mínima, realizar pagos parciales intermedios o pagar por adelantado en determinados pedidos estratégicos. También puedes plantear exclusividad en ciertas líneas de producto si la relación lo justifica.
5. Considera alternativas, si el plazo no puede ampliarse
En algunos casos, el proveedor simplemente no puede alargar los vencimientos por su propia estructura financiera, sus compromisos bancarios o su política interna de cobros. Si te encuentras con un “no” razonado, antes de cerrar la puerta, cambia el ángulo de la negociación. Puedes explorar fórmulas que repartan el esfuerzo y mantengan el equilibrio:
- Pagos escalonados. Fraccionar la factura en dos o tres vencimientos (por ejemplo, 50% a 30 días y 50% a 60) reduce la presión para ambas partes y suaviza el impacto en caja.
- Factoring o confirming. A través de estos servicios financieros, el proveedor puede cobrar antes de la fecha de vencimiento, mientras tú mantienes un plazo más amplio. Es una vía útil cuando la relación es sólida y el volumen justifica el coste financiero.
- Acuerdos mixtos. En determinados sectores, pueden plantearse compensaciones en especie o intercambio de servicios por una parte del importe, siempre que tenga sentido para ambos negocios.
No trates de imponer una condición concreta, sino de encontrar una solución viable. Esa actitud flexible, en muchas ocasiones, es la que termina desbloqueando la negociación
6. Plantea revisar el acuerdo en un tiempo prudente
Introducir una revisión transmite tranquilidad: «Podemos revisar las condiciones dentro de seis meses y ajustar si es necesario”. No es un cambio indefinido, sino una decisión que se evaluará con datos reales.
En cualquier caso, no se trata de trasladar tu problema de liquidez al proveedor, sino de explicar el contexto, aportar cifras y vincular la mejora de condiciones a una relación más sólida.
7. Documenta lo acordado
Una vez llegado a un entendimiento, no lo dejes en una conversación informal. Formalizar el nuevo plazo es tan importante como haberlo negociado. No hace falta un contrato complejo si la relación es fluida, pero sí un documento claro que recoja lo pactado.
Puede materializarse en un contrato específico, un anexo al acuerdo existente o incluso en un correo electrónico en el que ambas partes confirmen expresamente las nuevas condiciones. Lo importante no es el formato, sino que quede constancia por escrito.
Cuanto más concreto seas, menos margen habrá para interpretaciones distintas. Asegúrate de que el documento detalle, como mínimo:
- El plazo exacto de pago y si se trata de días naturales o hábiles.
- Desde qué momento empieza a contar: ¿fecha de factura, fecha de entrega, aceptación de mercancía?
- Condiciones especiales, si las hay: pagos parciales, descuentos por pronto pago en determinados casos, revisión futura de plazos o compromisos de volumen.
Formalizar el acuerdo no implica desconfianza; al contrario, demuestra profesionalidad y protege a ambas partes.
Además, si en el futuro cambia la persona de contacto o el responsable financiero, el documento servirá como referencia clara de lo pactado. En negociación, la palabra genera confianza; el documento, seguridad.
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