Gonzalo Bernardos: siete claves para no arruinarte al emprender en 2026
El economista explica dónde suelen empezar los problemas: el contrato que no revisas, la ubicación que eliges por intuición y el banco al que vas sin un plan creíble

Gonzalo Bernardos presume de haber acertado más que el Banco de España en sus previsiones de crecimiento.
No es un farol: el profesor de Economía de la Universidad de Barcelona, autor de más de 30 libros sobre el mercado inmobiliario y rostro habitual de La Sexta, lleva años adelantándose al PIB oficial.
“He acertado más que el Banco de España porque casi todos los años he dado un crecimiento del 3% o más y se ha cumplido”, resume.
Ahora, en esta entrevista en exclusiva con Emprendedores, plantea siete claves para que quien quiera emprender en 2026 no se arruine en el intento.
Elige negocio por viabilidad, no por ilusión
La pregunta que hay que hacerse antes de cualquier otra es si el negocio tiene demanda recurrente: ¿esto se compra cada semana, cada mes, o es una compra de una sola vez? No se trata de que la idea te guste, sino de que los números aguanten.

Cuatro negocios que ve con recorrido:
Coche usado (no nuevo)
El profesor Bernardos distingue claramente entre ambos mercados. El del coche nuevo le parece “un sector muy complicado” por dos motivos: el comprador no sabe qué tecnología elegir –combustión, híbrido, eléctrico– y los precios se han disparado.
“Duda, duda, duda”, resume. El mercado del usado, en cambio, tiene recorrido. ¿La razón? Un cambio de mentalidad generacional. En los años 80 y 90, el coche era símbolo de distinción y libertad; hoy, especialmente entre los jóvenes, la prioridad es otra: “Lo que importa en el coche es que me lleve de un lugar a otro”.
Panadería-cafetería con ‘takeaway’ bien diseñado
Un clásico, pero con condiciones. El margen es alto, pero necesitas volumen.
Y para conseguirlo, dos cosas: diferenciarte con un buen café (“de tener un café malo a uno bueno son cinco céntimos en la compra, pero la gente lo nota”) y diseñar el espacio para que el cliente de paso espere en la cola muy poco tiempo. “El takeaway ha de ser esencial” en la estrategia del negocio.
Fisioterapia con servicios complementarios
La demografía empuja: población que envejece, más problemas de espalda y movilidad. Pero Bernardos recomienda no vivir de una sola cosa. Propone compartir el local con colaboradores puntuales (dietista, médico a horas, otro fisio) para reducir el coste fijo.
Y añade un factor de negocio de barrio: si el trato es atento, amable y profesional, “te va a acabar viniendo toda la familia”, asegura.
Restauración reinventada con un menú bien pensado
No al menú de cantidad y sí al menú con una mayor propuesta. Según Bernardos, siempre es mejor apostar por la cocina de mercado, variada y moderna, con 20-25 opciones entre el primer y el segundo plato.
La clave está en los suplementos: el menú base puede ser de 15-16 euros, pero algunos platos (un solomillo, por ejemplo) llevan un extra de 8 o 10 euros. El menú a buen precio es el gancho que atrae al cliente; los suplementos permiten subir el ticket sin espantarlo. “El menú es un incentivo”, resume Bernardos.
Cuatro que conviene evitar:
Coche nuevo
Demasiada incertidumbre tecnológica y precios altos. El comprador duda y retrasa la decisión.
Restaurante “exclusivo”
Bernardos es tajante: “El peor negocio que puedes hacer”. Las franquicias de restauración que han intentado tickets de 40 euros “todas han fracasado”. El umbral que funciona está entre 20 y 25 euros por comensal.
Tienda centrada solo en dietas
Puede encajar como servicio dentro de un negocio de estética o belleza, pero como formato independiente lo ve agotado. “Forma parte del pasado”.
Ropa de bebé o infantil
Con la natalidad cayendo, Bernardos avisa: “Cuidadito, cuidadito, cuidadito. Cada vez hay menos niños y es muy difícil cuadrar las cuentas”.

Alquila el local, no lo compres
Muchos emprendedores gestionan el dinero como si nunca fuera a terminarse. Y el error más habitual es destinar buena parte del capital a la compra del local, su reforma, el pago de los impuestos y la financiación con el banco.
El riesgo es doble. Por un lado, el local es un medio para vender, no el eje del negocio. Cuando la prioridad pasa a ser “tener un local en propiedad”, la pregunta importante (“¿mi producto se vende?”) queda desplazada por otra más peligrosa (“¿puedo asumir este gasto?”).
Por otro lado, el tiempo que tarda un negocio en funcionar siempre supera las previsiones iniciales. Y si el capital está atrapado en el local, falta margen para afrontar los meses difíciles.
El consejo de Bernardos es rotundo: “Si inviertes una gran parte de tu dinero en comprar el local, es muy probable que te quedes sin liquidez antes de lo previsto. Tu negocio puede ser de alimentación, de peluquería, de lo que sea, pero no es el inmobiliario. Céntrate en lo esencial, deja la compra del local para otro momento, y alquila”.
No firmes el alquiler sin asesorarte
Firmar el contrato de alquiler de un local no es un mero trámite: se trata de una decisión que te va a condicionar durante años. Una cláusula mal negociada puede obligarte a asumir gastos imprevistos, atarte a revisiones de renta abusivas o impedirte salir del contrato cuando el negocio no funciona.
El consejo de Bernardos es claro: antes de firmar, que lo revise un especialista. El problema, dice, es muy español: “Todo el mundo sabe de todo aunque no sepa de nada”. Y con el contrato del local sucede lo mismo: se firma con prisas, porque hace ilusión o porque “ya lo he leído yo”. Después vienen las sorpresas desagradables.
La trampa más peligrosa no está en la renta inicial, sino en las revisiones. Una cosa es la actualización anual, que suele ir ligada al IPC y que la mayoría de propietarios e inquilinos aceptan.
Otra muy distinta es la revisión de la renta a varios años vista. “Donde viene realmente el problema es a cuántos años te revisan esa renta. Hay algunos que te revisan a los cinco años y hay otros que te lo quieren revisar a tres”, explica Bernardos.
La diferencia importa: a los tres años, muchos negocios todavía están consolidándose y no tienen margen para asumir una subida fuerte; a los cinco, la situación suele ser más estable.
La recomendación es sencilla: pacta siempre un índice oficial. “Coge el índice que quieras, pero que sea oficial y que sepas a lo que atenerte”.
Da igual cuál sea; lo importante es que la fórmula quede cerrada y por escrito. Si la revisión queda al criterio del propietario, advierte, “lo más probable es que vas a recibir, cuando te toque actualizarlo, un disgusto”.

El centro no siempre es la mejor ubicación
La lógica parece sencilla: cuanto más céntrico sea el local, más clientes tendrás. Pero Bernardos lo matiza. Un local de 60 metros cuadrados en el barrio madrileño de Salamanca puede costar unos 1.200 euros al mes de alquiler; uno de las mismas dimensiones en Móstoles o Leganés ronda los 700. Esos 500 euros de diferencia pueden salvarte un mes flojo. La clientela, si eliges bien la calle, está ahí.
El error más común es elegir la ubicación por intuición o por gusto personal. “Lo principal no es si te gusta a ti, sino si el negocio que vas a montar tiene potencial de éxito en esa ubicación”, resume Bernardos.
Antes de firmar, analiza el flujo de personas, la competencia en la zona y las previsiones urbanísticas: una calle con tráfico de coches que el ayuntamiento planea peatonalizar puede multiplicar el paso de personas en poco tiempo.
Y eso importa, porque el local debe atraer clientes por sí mismo. Si para que entren dependes únicamente de la publicidad, el negocio se vuelve frágil y caro de mantener.
El banco no es la hermanita de la caridad: convéncele con un plan creíble
Muchos emprendedores acuden a pedir financiación como si el banco fuera a echarles una mano. Error. “El banco no está para ayudarte, está para ayudarse a sí mismo”, resume Bernardos.
Y eso, añade, es bueno para todos: cuando una entidad da créditos a quien no puede pagarlos, acaba quebrando y el rescate lo pagamos entre todos. La lógica bancaria es simple: prestar a quien puede devolver.
Lo primero que debes entender, por tanto, es que no vas a convencer “al banco” en abstracto, sino al director de la oficina, que tiene sus propios objetivos y evalúa si el riesgo que asume con tu préstamo le compensa.
Para que ese director diga que sí, necesitas demostrarle tres cosas. Primero, que el proyecto es viable: un negocio con demanda real y recorrido, no una ocurrencia.
Segundo, que tú también arriesgas. Si acudes sin poner un euro y pretendes que el banco lo financie todo, la respuesta será no. “Si no metes nada y le dices al banco que lo meta todo, te dirá: oye, yo no soy la hermanita de la caridad”, advierte Bernardos.
Si el plan está bien armado, es probable que la entidad cubra en torno al 50 % de lo que necesitas; el resto sale de tu bolsillo.
Y tercero, un business plan coherente, con proyecciones de pérdidas y ganancias para los primeros años, las claves del negocio bien explicadas y, sobre todo, cifras que se sostengan.
Aquí Bernardos lanza un aviso: “El Excel lo aguanta todo”. Es fácil sentarse a rellenar casillas y fabricar un escenario en el que todo cuadra, pero el director de la oficina lleva años viendo planes inflados.
Las cifras tienen que estar justificadas, no inventadas. Si tus proyecciones no resisten un par de preguntas incómodas, el préstamo no se aprobará.

Pide el préstamo en enero o febrero
El momento en que pides el préstamo importa más de lo que parece. El director de oficina tiene objetivos anuales de concesión de crédito, y según cómo los lleve, estará más o menos receptivo.
Enero y febrero son los mejores meses: el director quiere empezar el año con buen pie y tiene ganas de captar clientes. Noviembre y diciembre, en cambio, son una lotería. Un director que ya ha cumplido sus objetivos preferirá frenar, porque si los supera, el año que viene le exigirán más; solo te dirá que sí si puede cobrarte un interés alto.
Pero uno que vaya corto estará desesperado por cerrar operaciones y te ofrecerá mejores condiciones. Es, en palabras de Bernardos, “el chollo o el sablazo”.
Además, hay un dato que juega a favor del emprendedor: los principales bancos españoles están compitiendo por captarlo. “CaixaBank tiene una política de incrementar muchísimo este tipo de clientes, el BBVA también, y el Sabadell ha hecho de ello su santo y seña”, explica Bernardos.
¿Y cómo conseguir las mejores condiciones? Como dice el profesor Bernardos: “Haciendo el paseíllo”. Es decir, ir de oficina en oficina para comparar todas las ofertas. Lleva tiempo, pero merece la pena.
Y presta atención a lo que te dice cada director, porque, como señala Bernardos, muchos dejarán caer algo así: “Si encuentras otra oferta mejor, vuelve y lo hablamos”. Es una invitación a negociar. Si llevas una propuesta real de otra entidad, tienes palanca para mejorar las condiciones.
No confíes solo en tu instinto
Si hay un mensaje que Bernardos repite a lo largo de la conversación es este: “Asesorarse. Asesorarse. Es fundamental”. Uno no sabe de todo, y muchas veces tiene la solución delante sin verla. El problema, dice, es cultural. “¿Sabes la gran diferencia entre la burguesía y la clase obrera? No es que los burgueses sepan más, es que tienen claro que se han de asesorar”.
La clase obrera, en cambio, sigue creyendo que con sentido común se llega a todas partes. Y no es así: “El sentido común, solo, no te lleva muy lejos”.
¿Y qué pasa con la inteligencia artificial? Bernardos lo tiene claro: “Si sustituyes al cuñado por ChatGPT, vas por buen camino, aunque sigue siendo mejor que te asesore una persona especializada”.
Bernardos predica con el ejemplo. Cuando alguien de su familia compra una vivienda, pese a haber escrito más de treinta libros sobre el tema, pide una segunda opinión.
“Yo no soy Dios. Puedo fallar. Hay que minimizar esos fallos, y para eso necesito que otras personas me den su visión”. Pedir ayuda no es señal de estar poco preparado, sino todo lo contrario. Y en un camino lleno de trampas, puede ser la diferencia entre arruinarte y salir adelante.
Pese al tono contundente de sus consejos, Bernardos confiesa admiración por quienes montan un negocio. “Yo me descubro ante todos los emprendedores. Arriesgar tu dinero no es algo que todo el mundo sea capaz de hacer”. Para él, son el motor de la economía.
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