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Julio, el mes en el que Hacienda pone a prueba la tesorería de empresas y autónomos

Además de las liquidaciones del segundo trimestre, julio incorpora para la mayoría de las sociedades la declaración del Impuesto sobre Sociedades, una de las principales obligaciones fiscales del año.

Obligaciones fiscales del mes de julio
La cita coincide con el parón de unos negocios y la temporada alta de otros.

Llega el verano y muchas empresas y autónomos, antes de irse unos días de vacaciones, tienen otra fecha marcada en el calendario: los vencimientos fiscales de julio.

Este mes concentra algunas de las principales citas con Hacienda y exige tener la contabilidad al día. Todo ello coincide con un periodo en el que los negocios deben seguir atendiendo sus compromisos habituales —desde el pago a proveedores al de las nóminas de los empleados—, organizar las vacaciones de sus equipos o planificar inversiones. Además, mientras unas empresas se preparan para una etapa de menor actividad, otras afrontan el inicio de su temporada alta.

En líneas generales, julio reúne buena parte de las obligaciones fiscales habituales de cualquier trimestre, pero con una diferencia importante. A las liquidaciones correspondientes a la actividad realizada entre abril y junio se suma, para las sociedades cuyo ejercicio fiscal coincide con el año natural, la presentación del Impuesto sobre Sociedades. El resultado es un calendario especialmente exigente que pone a prueba la planificación financiera de muchos negocios.

Desde Grupo Cooperativo Cajamar recomiendan no esperar a los últimos días para preparar las declaraciones. Revisar la contabilidad, preparar la documentación con antelación y conocer el impacto que tendrán los impuestos sobre la tesorería ayuda a evitar errores, imprevistos de última hora y tensiones de liquidez.

Julio no trae impuestos inesperados, pero concentra algunas de las obligaciones fiscales más importantes del año. La diferencia entre vivir este mes con tranquilidad o hacerlo a contrarreloj depende, sobre todo, de la planificación

El IVA: una buena radiografía del negocio

Para la mayoría de empresas y autónomos, la liquidación trimestral del IVA será la primera gran cita con Hacienda en julio. A través del modelo 303 se regulariza el impuesto correspondiente a las operaciones realizadas entre abril y junio, comparando el IVA repercutido en las ventas con el IVA soportado deducible.

Más allá del resultado de la declaración, este trámite ofrece una oportunidad para comprobar si la contabilidad refleja fielmente la actividad del negocio. Diferencias respecto a trimestres anteriores, facturas pendientes de contabilizar o gastos registrados de forma incorrecta indicarán que es necesario revisar las cuentas antes de presentar la declaración.

Así, es recomendable comprobar que no falta ninguna factura, que la documentación está completa y que las cuotas de IVA soportado que se deducen cumplen los requisitos establecidos por la normativa. Una revisión a tiempo evita errores que después pueden obligar a rectificar la autoliquidacióno responder a un requerimiento de la Agencia Tributaria.

Si el negocio compra o vende bienes o servicios a otros países de la Unión Europea, también debe comprobar si le corresponde presentar el modelo 349. Esta declaración informativa sobre operaciones intracomunitarias no afecta a todas las empresas, pero es bueno tenerla presente cuando se opera en el mercado comunitario.

Más allá del cálculo del impuesto, la liquidación del IVA ofrece una radiografía de la actividad del trimestre y ayuda a detectar errores antes de que generen problemas con Hacienda

El IRPF de los autónomos: un pago que conviene planificar

Julio incluye otra obligación importante para los trabajadores por cuenta propia. Con carácter general, los autónomos que tributan en estimación directa presentan el modelo 130. Por su parte, quienes tributan en estimación objetiva, el conocido sistema de módulos, utilizan el modelo 131. En ambos casos se trata del segundo pago fraccionado del IRPF del año.

Más que un simple trámite, estos pagos permiten adelantar parte del impuesto que se regularizará en la declaración anual de la renta. Se trata de pagos a cuenta del IRPF que permiten ir anticipando parte del impuesto a lo largo del ejercicio.

Este pago fraccionado también permite tomar el pulso al negocio. Si la facturación ha aumentado o ha caído respecto a las previsiones, se han incrementado determinados costes o la actividad ha cambiado durante el trimestre, es un buen momento para comprobar que la contabilidad refleja correctamente esa evolución. Detectar posibles errores ahora siempre será más sencillo que hacerlo cuando llegue la declaración anual.

Además, calcular con antelación cuánto habrá que ingresar ayuda a evitar sobresaltos. Conocer ese importe permite planificar mejor la tesorería, organizar el resto de pagos del negocio y afrontar los próximos meses con un mayor margen de maniobra.

Llevar la contabilidad al día, mantener una comunicación fluida con la asesoría y conocer con antelación el impacto de cada impuesto sobre la tesorería permite afrontar los vencimientos con margen suficiente.

Cuando el negocio también actúa como retenedor

Muchas empresas y algunos autónomos no solo pagan sus propios impuestos. También tienen la obligación de practicar retenciones sobre determinados pagos e ingresarlas posteriormente en la Agencia Tributaria. Es lo que ocurre, por ejemplo, con las nóminas de los trabajadores, las facturas de determinados profesionales o el alquiler de un local de negocio.

Las retenciones practicadas a trabajadores y profesionales se ingresan mediante el modelo 111. Las correspondientes al alquiler de locales se liquidan a través del modelo 115. Aunque son obligaciones habituales, es fácil perderlas de vista porque el dinero retenido nunca llega a formar parte realmente de la tesorería del negocio. La empresa simplemente lo ingresa en Hacienda por cuenta de quienes han recibido esos pagos.

Por eso, desde Grupo Cooperativo Cajamar insisten en la importancia de comprobar que todas las retenciones del trimestre están correctamente contabilizadas. También recomiendan verificar que las declaraciones correspondientes figuran en el calendario fiscal del negocio. Un error en el cálculo, una retención mal practicada o una presentación fuera de plazo pueden dar lugar a recargos y sanciones evitables con una revisión previa.

Si durante el trimestre has incorporado trabajadores, has empezado a colaborar con nuevos profesionales sujetos a retención o has alquilado un local para desarrollar la actividad, merece la pena revisar si han surgido nuevas obligaciones fiscales. Del mismo modo, es importante asegurarse de que se están cumpliendo correctamente.

Además de estas declaraciones, algunos negocios pueden tener que presentar otros modelos específicos. Es el caso del modelo 123, relacionado con determinados rendimientos del capital mobiliario y otras rentas sujetas a retención o ingreso a cuenta. Aunque afecta a un número mucho más reducido de empresas, es importante comprobar si resulta de aplicación.

Las retenciones de trabajadores, profesionales o alquileres forman parte de las obligaciones fiscales de muchas empresas. Revisarlas a tiempo ayuda a evitar errores, recargos y sanciones

El Impuesto sobre Sociedades, la gran diferencia de julio

Si hay una obligación que distingue julio del resto de trimestres es el Impuesto sobre Sociedades. Para las sociedades cuyo ejercicio fiscal coincide con el año natural, que son la mayoría, julio es el mes de presentar la declaración anual del impuesto. A diferencia del resto de declaraciones de este mes, no sirve para liquidar la actividad del segundo trimestre, sino para saldar cuentas con Hacienda por el ejercicio cerrado el 31 de diciembre del año anterior.

La declaración se presenta mediante el modelo 200 y requiere partir de una contabilidad ya cerrada y revisada. Por eso, su preparación suele comenzar con semanas de antelación. No se trata solo de calcular la cuota del impuesto, sino de comprobar que las cuentas reflejan la realidad de la empresa y que se han aplicado los incentivos fiscales y las deducciones que correspondan según la normativa.

Para muchas pymes, este proceso supone también una oportunidad para hacer balance. Analizar cómo ha evolucionado el negocio durante el último ejercicio, revisar la rentabilidad, valorar las inversiones realizadas o identificar los principales cambios permite entender mejor la situación de la empresa. También aporta información útil para planificar los próximos meses.

Precisamente porque ofrece una visión global del negocio, el Impuesto sobre Sociedades exige una preparación distinta a la de las declaraciones trimestrales. Contar con la información contable cerrada, resolver las posibles incidencias antes de presentar la declaración y trabajar de forma coordinada con la asesoría ayudan a afrontar el proceso con mayor seguridad y reducir el riesgo de errores posteriores.

A diferencia del resto de declaraciones del mes, el Impuesto sobre Sociedades no revisa solo un trimestre de actividad. Obliga a analizar el ejercicio completo y ofrece una oportunidad para hacer balance de la evolución de la empresa

El calendario también importa

Saber qué declaraciones hay que presentar es solo una parte del trabajo. La otra consiste en hacerlo dentro de plazo. Una buena planificación fiscal pierde todo su valor si una declaración se presenta fuera de fecha o un pago no puede domiciliarse por haber esperado hasta el último momento.

Como norma general, las declaraciones correspondientes al segundo trimestre deben presentarse hasta el 20 de julio. En el caso del Impuesto sobre Sociedades, las sociedades cuyo ejercicio fiscal coincide con el año natural disponen en 2026 hasta el 27 de julio para presentar la declaración.

También conviene prestar atención a la forma de pago. Quienes opten por domiciliar los impuestos deben recordar que el plazo para hacerlo finaliza antes que el de presentación de las declaraciones. Para las principales autoliquidaciones trimestrales recogidas en este artículo, la domiciliación finaliza el 15 de julio. En el caso del Impuesto sobre Sociedades, el plazo se extiende hasta el 22 de julio de 2026. Esperar al último día puede obligar a utilizar otra forma de pago o dejar sin margen para resolver cualquier incidencia técnica o administrativa.

Por eso, lo más recomendable es revisar el calendario fiscal con antelación. También conviene comprobar que toda la documentación está preparada y dejar un pequeño margen antes de cada vencimiento. Unos días de previsión suelen ser suficientes para evitar prisas de última hora, incidencias y posibles recargos.

Conocer las fechas límite y los plazos de domiciliación ayuda a evitar recargos, incidencias y prisas de última hora

Los 4 errores que más se repiten

Para recapitular, cuando llegan los vencimientos fiscales, los problemas rara vez obedecen a cálculos complejos. En la mayoría de los casos tienen que ver con la organización y la falta de previsión.

Uno de los errores más frecuentes es dejar la contabilidad para el último momento y descubrir que faltan facturas, existen movimientos sin registrar o hay documentos pendientes de revisar.

Otro fallo consiste en seguir presentando las mismas declaraciones de siempre sin comprobar si la actividad del negocio ha cambiado. Incorporar trabajadores, alquilar un local, empezar a operar con clientes de otros países de la UE o cambiar de régimen fiscal pueden generar nuevas obligaciones.

También es habitual pasar por alto los plazos de domiciliación y descubrir demasiado tarde que ya no es posible utilizar esta forma de pago. En esos casos, además de tener que buscar una alternativa para ingresar el impuesto, se reduce el margen para resolver posibles incidencias.

El cuarto error consiste en centrar todos los esfuerzos en presentar las declaraciones dentro de plazo, pero dejar para el final una cuestión igual de importante: el efecto de esos pagos sobre la tesorería. Conocer de antemano el importe aproximado que habrá que ingresar permite organizar mejor los desembolsos, anticipar posibles necesidades de liquidez y afrontar julio con mayor tranquilidad.

En definitiva, julio no suele traer obligaciones fiscales inesperadas. Lo que realmente pone a prueba a empresas y autónomos es la capacidad para planificarlas con suficiente margen. Tener la contabilidad al día, revisar las obligaciones que corresponden a cada negocio y anticipar el impacto de los impuestos sobre la tesorería ayuda a afrontar uno de los meses más exigentes del calendario fiscal sin convertirlo en una carrera contrarreloj.

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