Carlos Gahete
Carlos Gahete CEO de Billeo

Lo que un emprendedor debería revisar antes de cerrar el año

Seis preguntas sobre márgenes, bajas de clientes, captación, tesorería, impuestos y delegación que conviene responder antes de fijar los objetivos de 2026

una mano acerca un cubo de madera con el numero tres a otro con el numero 1 para formar la fecha del 31 de diciembre
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Puedes vender más que el año pasado y seguir sin tener más dinero ni más tiempo. Antes de fijar nuevas metas, conviene revisar qué está dando resultado en tu empresa y qué estás sosteniendo a base de horas, descuentos o pagos aplazados.

Qué te deja cada cliente y cada producto

Un cliente puede parecer imprescindible por lo que te compra y dejar muy poco por todo lo que exige. Las revisiones, las urgencias y los extras que nunca se presupuestan también consumen recursos. Antes de proponerte venderle más, conviene saber cuánto te queda de ese trabajo.

Revisa por separado clientes y productos. Resta a lo facturado los costes de producir, entregar y atender lo vendido, incluido el coste de las horas dedicadas. Valora también tu propio tiempo. Lo que queda debe ayudar a cubrir los gastos comunes y generar beneficio, sin contar dos veces un mismo coste.

Divide ese margen entre las horas dedicadas a cada encargo. Así podrás comparar cuánto aporta cada hora de trabajo, después de cubrir su coste. Un producto con muchas ventas puede perder atractivo si provoca devoluciones o necesita mucha atención posterior. Con esos datos puedes revisar precios, limitar los extras incluidos o dedicar más esfuerzo a las ventas que mejor compensan.

Cuántos clientes estás perdiendo mientras llegan otros

Acabar el año con más clientes puede ocultar que una parte importante de los que ya tenías se ha marchado. En negocios con relaciones recurrentes, la tasa de bajas, conocida como churn, ayuda a detectarlo.

El cálculo parte de los clientes que tenías al comienzo del periodo: divide las bajas de ese grupo entre su número inicial y multiplica por cien. Por ejemplo, si empiezas un trimestre con 100 clientes y 20 de ellos se dan de baja, la pérdida es del 20 %, aunque hayas captado otros 30.

Anota también cuánto facturaban quienes se marchan y habla con algunos para entender el motivo. Si vendes productos o servicios ocasionales, revisa la repetición de compra dentro de un plazo razonable para tu actividad. Un mes sin comprar no demuestra por sí solo que hayas perdido al cliente. Esa información debe servir para corregir el servicio, la oferta o las expectativas que generas al vender.

Cuánto te cuesta conseguir un cliente nuevo

Antes de renovar el presupuesto comercial, calcula el coste de adquisición de clientes, o CAC. Suma los gastos de captación: publicidad, agencias, herramientas y trabajo de ventas y marketing. Divide ese importe entre los nuevos clientes que han comprado.

En un ejemplo sencillo, 2.000 euros de captación para conseguir 10 clientes suponen 200 euros por cliente. Ten en cuenta cuánto tardas en cerrar una venta: los clientes que llegan hoy pueden ser resultado de un esfuerzo comercial de meses anteriores. Si haces tú las llamadas y los presupuestos, incluye el valor de ese tiempo.

Después, compáralo con el margen que deja el cliente y con cuántas compras o meses necesitas para recuperar lo invertido en captarlo. Atraer clientes que se marchan pronto puede obligarte a gastar continuamente para sustituirlos. Repite el análisis por canal antes de decidir dónde aumentar el presupuesto.

Con qué dinero empiezas el año y qué impuestos faltan

Antes de contratar, invertir o llevarte una parte de las ganancias, prepara una previsión de cobros y pagos para los primeros meses del año. Anota cuándo esperas recibir el dinero y cuándo tendrás que pagar nóminas, proveedores, préstamos e impuestos.

Prueba qué ocurriría si un cobro importante se retrasara. Revisa también la mercancía que lleva meses sin salir y los contratos o suscripciones que se van a renovar. Con esa información podrás decidir qué compras e inversiones caben y cuáles necesitan esperar.

Pon al día las facturas y pide una previsión del IVA y del IRPF o del Impuesto sobre Sociedades, según tu caso. Si arrastras impagados, comprueba si puedes recuperar el IVA: existe una vía sujeta a requisitos y plazos concretos.

En Sociedades, actualiza los tipos que corresponden a tu empresa. Por ejemplo, una sociedad acogida a la escala para microempresas del régimen común, con 50.000 euros de beneficio calculado a efectos fiscales en un ejercicio anual iniciado en 2026, obtendría un impuesto de 9.500 euros. Con los tipos de 2025 serían 10.500: 1.000 euros de diferencia antes de deducciones y anticipos ya pagados. Entre las condiciones de esa escala está tener una facturación neta inferior a un millón de euros el ejercicio anterior; hay exclusiones.

Antes de repartir beneficios de años anteriores, estudia también si conservarlos permite aplicar la reserva de capitalización o si el reparto afecta a un incentivo ya aplicado. Esta reducción exige, entre otros requisitos, mantener el aumento de recursos propios durante tres años, salvo las disminuciones debidas a pérdidas contables, y una reserva sin repartir durante ese plazo.

Qué se atasca cuando tú no estás

Si cada presupuesto, compra o incidencia tiene que pasar por ti, revisa qué decisiones estás concentrando. Localiza las tareas que esperan tu respuesta y cuáles podría asumir otra persona con la información y los límites adecuados.

Habla con el equipo sobre dónde pierde tiempo: datos que se introducen dos veces, trabajos que se rehacen o instrucciones que llegan tarde. Si trabajas solo, repasa tu agenda y busca las tareas que se repiten sin aportar valor al cliente.

Antes de contratar o incorporar otra herramienta, concreta qué problema quieres resolver. Quizá necesites más capacidad, formación o una forma más clara de organizar los encargos. Si prevés vender más, acuerda quién atenderá ese trabajo y qué apoyo necesitará.

Qué merece tu dinero y tu atención el próximo año

Para cada inversión importante, escribe cuánto costará, qué esperas conseguir y cuándo debería empezar a dar resultado. Prepara las cuentas con distintas previsiones de ventas y costes. Incluye el tiempo que te exigirá ponerla en marcha.

Si tienes socios, acuerda cuánto dinero necesita cada uno, qué parte queréis reinvertir y quién decidirá sobre los gastos. Recogerlo por escrito ayuda a detectar expectativas incompatibles.

Comprueba también qué pasaría si fallara tu principal cliente, proveedor o canal de venta. Esa dependencia puede ser más urgente de resolver que lanzar otro servicio. Elige qué cambios vas a abordar y qué proyectos dejarás para después.

Mi recomendación desde Billeo es terminar esta revisión con tres decisiones, cada una con responsable, presupuesto y fecha. Una tarifa que revisar, un motivo de baja que corregir o una tarea que delegar. En enero, comprueba qué se ha puesto en marcha, qué ha cambiado y qué sigue pendiente.

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