
Javier Martínez
Socio director de Leialta
El cierre contable no es un trámite: es una herramienta para decidir mejor
Este experto advierte que una revisión contable bien hecha no sirve únicamente para evitar errores o cumplir con la normativa; sirve para entender mejor la empresa

Julio suele llegar cargado de obligaciones para las empresas. Para muchas sociedades cuyo ejercicio coincide con el año natural, es el mes del Impuesto sobre Sociedades.
También es un momento en el que se revisan resultados, se analizan desviaciones y se empieza a mirar con más claridad al segundo semestre.
Sin embargo, todavía hay compañías que afrontan este periodo con una visión demasiado limitada: cumplir, presentar y pasar página.
Contabilidad analítica
El problema de ese enfoque es que deja fuera la parte más valiosa del cierre contable y fiscal. Porque una revisión bien hecha no sirve únicamente para evitar errores o cumplir con la normativa. Sirve para entender mejor la empresa.
A mitad de año, los datos contables ya cuentan una historia bastante precisa: cómo evoluciona la rentabilidad, qué impacto están teniendo los costes, cómo se comporta la tesorería, si existen saldos pendientes difíciles de recuperar, si hay gastos correctamente registrados o si la compañía está aprovechando de forma adecuada las opciones fiscales que permite la normativa.
La cuestión es si la empresa se limita a registrar esa información o si realmente la interpreta.
Ahí está la diferencia entre una contabilidad entendida como obligación administrativa y una contabilidad más analítica, utilizada como herramienta de dirección.
Obligaciones fiscales periódicas
Uno de los primeros puntos que debería revisarse es la coherencia entre la contabilidad y las obligaciones fiscales periódicas.
Las cuentas relacionadas con IVA, retenciones, pagos a cuenta, nóminas, Seguridad Social o Impuesto sobre Sociedades no deberían analizarse de forma aislada, sino conciliadas con los modelos correspondientes.
Cuando esa revisión se deja para el final, es más fácil encontrar descuadres, partidas pendientes de aplicación o saldos que no reflejan correctamente la realidad de la empresa.
Tesorería y deuda
También conviene revisar con especial atención la tesorería y la deuda. No basta con saber cuánto dinero hay en bancos. Hay que analizar vencimientos, deudas a corto y largo plazo, líneas de crédito utilizadas, intereses devengados y posibles tensiones de liquidez derivadas de impuestos, inversiones o crecimiento.
En muchos casos, el problema no está en la falta de actividad, sino en no haber previsto correctamente cuándo se producen los cobros, los pagos y las obligaciones fiscales.
El inmovilizado
Otro ámbito especialmente relevante es el inmovilizado. La empresa debe comprobar si sus activos están correctamente registrados, si existen elementos en curso que ya han entrado en funcionamiento, si las amortizaciones se están aplicando con criterios coherentes y si determinados gastos debieran haberse contabilizado como mayor valor del activo y no como gasto del ejercicio.
Esta revisión puede tener impacto directo tanto en el resultado contable como en la base imponible del Impuesto sobre Sociedades.
Las existencias
Lo mismo ocurre con las existencias. En empresas con inventario, el stock no puede ser una cifra aproximada ni una estimación basada solo en la experiencia comercial.
Debe existir una identificación clara de los elementos, una valoración adecuada y, cuando proceda, evidencia suficiente para justificar deterioros. De lo contrario, el balance puede ofrecer una imagen distorsionada de la situación real del negocio.
Clientes y proveedores
La revisión de clientes y proveedores también suele revelar información de gran valor. Comprobar que todas las facturas emitidas y recibidas están registradas, analizar saldos antiguos, revisar operaciones con partes vinculadas o valorar créditos de dudoso cobro no es una tarea menor. Puede anticipar problemas de liquidez, riesgos fiscales o ajustes que afecten al resultado del ejercicio.
Gasto contable y deducible
En materia de gastos, una de las claves está en distinguir entre gasto contable y gasto fiscalmente deducible. Que un gasto esté registrado no significa automáticamente que pueda reducir la base imponible.
Debe estar justificado, contabilizado, correctamente imputado al ejercicio y relacionado con la actividad. Además, determinadas partidas –como sanciones, liberalidades, algunos dete
En el caso de la retribución de administradores, por ejemplo, es importante revisar que esté prevista en estatutos y correctamente aprobada cuando sea necesario para sostener su deducibilidad.
Planificación fiscal
A todo ello se suma la planificación fiscal propiamente dicha. El Impuesto sobre Sociedades no debería calcularse únicamente cuando llega el momento de presentarlo.
La compensación de bases imponibles negativas, la aplicación de reservas, las deducciones por I+D+i, creación de empleo, inversiones o determinadas amortizaciones requieren análisis previo.
Algunas decisiones pueden tomarse todavía durante el ejercicio; otras, si no se han planificado con tiempo, simplemente llegan tarde.
Preguntas clave
Por eso, julio es un buen momento para hacerse algunas preguntas que van más allá del impuesto: ¿está la empresa generando el margen esperado?, ¿existen gastos o inversiones que conviene revisar antes de final de año?, ¿hay bases imponibles negativas pendientes de compensar?, ¿se están aplicando correctamente los incentivos fiscales disponibles?, ¿la estructura societaria sigue siendo eficiente?, ¿la tesorería soportará el crecimiento previsto?, ¿hay operaciones vinculadas que deban documentarse mejor?
Estas preguntas son especialmente relevantes en empresas que están creciendo, que operan en varios mercados, que forman parte de un grupo empresarial o que están valorando inversiones, financiación, reorganizaciones societarias o entrada en nuevos proyectos.
Menor riesgo para decidir
En estos casos, el cierre contable y fiscal deja de ser una revisión rutinaria y se convierte en una pieza clave para decidir con más información y menos riesgo.
En definitiva, cumplir correctamente con las obligaciones fiscales es imprescindible, pero no suficiente. La verdadera oportunidad está en utilizar la información contable y fiscal para anticiparse, corregir desviaciones y preparar mejor el segundo semestre.
Las empresas que entienden el cierre como un simple trámite suelen llegar tarde a muchas decisiones. Las que lo entienden como una herramienta de gestión pueden detectar riesgos antes de que se conviertan en problemas, aprovechar mejor sus recursos y planificar su crecimiento con mayor seguridad.
Julio no debería ser solo el mes de presentar impuestos. Debería ser, sobre todo, el momento de mirar la empresa con rigor y preguntarse si los números están ayudando realmente a tomar mejores decisiones.
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