
Ramón Estrada Torrescano
Coach ejecutivo y fundador del movimiento Business is Art (BIA)
El problema invisible del crecimiento: perder el foco cuando más lo necesitas
Este emprendedor ayuda a otros emprendedores a recuperar claridad en contextos de presión, cambio constante e incertidumbre, algo que hoy está muy presente en muchos emprendedores

Cuando una empresa empieza a crecer, muchos emprendedores descubren que el verdadero desafío ya no es ejecutar más, sino mantener claridad, energía y visión en medio del caos.
Se dice que todo acto creativo tiene dos partes.
La primera es la idea. El concepto. Algo que todavía no existe en la realidad, pero que nos inspira profundamente. Es aquello que nos mueve a salir de lo que estábamos haciendo para crear algo nuevo. Nos apasiona, nos llena de energía y nos invita a imaginar una posibilidad distinta.
La segunda parte es llevar esa idea a la realidad.
Y ahí es donde empieza el verdadero desafío. Es trabajar continuamente hasta materializar los detalles de esa idea. Porque emprender no consiste únicamente en tener visión.
Consiste en sostenerla mientras aparecen la presión, el crecimiento, la complejidad y el ruido. Lo que comienza como una idea inspiradora termina convirtiéndose, muchas veces, en un sistema lleno de decisiones, urgencias, personas, problemas y responsabilidades compitiendo por nuestra atención.
He visto fundadores que comienzan el día motivados queriendo pensar estrategia y lo terminan exhaustos apagando incendios durante doce horas seguidas.
Empresas que crecen, pero cuyos líderes empiezan a perder claridad. Equipos que avanzan operativamente mientras el fundador deja de sentirse conectado con ellos y con aquello que originalmente quiso construir.
La atención y el foco son probablemente dos de las capacidades más importantes que un emprendedor debe desarrollar. Pero también son de las primeras que se pierden cuando el crecimiento empieza a acelerarse.
Porque cuando estamos creando una idea, todavía podemos controlar el ritmo. Podemos detenernos, pensar, imaginar. Pero cuando la empresa empieza a crecer y se convierte en un “circo de múltiples pistas”, nuestra atención comienza a fragmentarse.
Todo parece urgente. Todo requiere respuesta inmediata. Y muchas veces terminamos dedicando tanta energía a sostener la máquina, que dejamos de observarnos a nosotros mismos. Ahí aparece uno de los problemas menos visibles del crecimiento.
Un reporte de Endeavor Brasil reveló que el 94% de los emprendedores ha experimentado alguna condición adversa relacionada con salud mental. El 85% reportó ansiedad. El 37% llegó a burnout. Y el 22% experimentó ataques de pánico.
La pregunta importante es:
¿Cómo algo tan creativo y apasionante puede terminar generando semejante nivel de desgaste?
Yo mismo viví ese proceso como emprendedor. Y precisamente ese sufrimiento fue lo que me llevó a desarrollarme como coach ejecutivo para founders y CEOs en todo el mundo.
Porque crecer constantemente, salir una y otra vez de la zona de confort y sostener la presión del liderazgo exige enormes recursos internos. Pero eso no significa que emprender tenga que destruirnos en el camino.
En mi experiencia, hay tres elementos fundamentales para recuperar el foco cuando el crecimiento empieza a consumirlo todo.
El primero es volver a conectarnos con quiénes somos.
Muchos emprendedores pasan años observando exclusivamente su empresa: métricas, problemas, operaciones, equipos, clientes, inversores.
Pero dejan de observarse a sí mismos. Pierden claridad sobre cuáles son sus verdaderos talentos, qué cosas hacen excepcionalmente bien, dónde generan más valor y, también, cuáles son sus límites.
Y sin esa claridad interna, el crecimiento empieza a volverse reactivo. Parte de madurar como líder consiste en entender dónde debemos delegar, dónde necesitamos desarrollarnos y, en algunos casos, incluso dónde necesitamos detenernos y descansar.
El segundo elemento tiene que ver con nuestra energía y con la forma en que impactamos a nuestro entorno.
Como emprendedores, somos líderes y punta de lanza. Marcamos el ritmo emocional y energético de nuestras organizaciones. Y cuando dejamos de descansar, de recuperarnos o de crear espacios de claridad, eso termina afectando nuestra manera de pensar, decidir y liderar. Muchas veces el problema no es la falta de capacidad, sino la falta de atención consciente sobre cómo estamos viviendo.
He visto líderes extremadamente talentosos tomar malas decisiones simplemente porque llevaban demasiado tiempo funcionando desde el agotamiento.
Y finalmente, hay un tercer elemento que considero esencial: no perder nunca la conexión con la visión original. Con aquello que nos llevó a crear.
Porque una compañía, por definición, siempre estará llena de actividades, problemas y demandas infinitas. Pero lo que le da sentido a todo eso es la visión que existe detrás. Esa idea inicial que nos magnetizó y nos hizo atrevernos a construir algo desde cero.
Esa visión funciona como una estrella del norte. Nos da sentido a lo que hacemos. Nos recuerda qué estamos intentando crear realmente. Y también nos recuerda en quién queremos convertirnos mientras lo hacemos. Porque emprender no solo transforma mercados, productos o compañías. También transforma profundamente a la persona que lidera ese proceso.
Y quizás ahí esté una de las ideas más importantes de todas: muchos emprendedores creen que están construyendo únicamente una empresa, cuando en realidad también están construyéndose a sí mismos.
Y quizá una de las claves más importantes del liderazgo sea precisamente esa: no perderse a uno mismo mientras todo lo demás crece.
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