
Ignacio Iglesias
Partner Senior Executive Advisor en Byld
Cuando el mundo tiembla, el emprendedor se adapta
Cómo, en momentos de incertidumbre y cambio como el actual, el emprendedor demuestra su capacidad de adaptación, resiliencia y visión para encontrar oportunidades donde otros ven dificultades
A principios de siglo, muchos economistas auguraban que esta nueva centuria se iba a caracterizar por un desarrollo económico sin precedentes y estoy seguro de que tenía muchos motivos para pensarlo.
Sin embargo, pasado un cuarto de siglo, ya hemos afrontado cinco crisis económicas mundiales de una envergadura inimaginable: las puntocom, las subprime, la pandemia, la guerra de Ucrania y ahora la guerra de Oriente Medio, donde sorprendentemente la primera potencia mundial se ha puesto al servicio de Israel para acabar con su régimen abyecto teocrático y con su potencial nuclear (el que ya habían destruido hace unos meses…, supuestamente).
Moverse con rapidez
Sin ánimo de quitar un gramo de dramatismo y de preocupación a la situación actual y a la inestabilidad que está generando en los mercados y el impacto que está teniendo desde ya en empresas y en los hogares como consecuencia de la subida en los precios de la energía y por ende en todos los productos de la canasta familiar, tengo que decir que una de las características que forman parte del ADN de los emprendedores no es otra que la de tener que saber moverse con rapidez y soltura en mitad de la tormenta.
No hay startup que se precie que no haya tenido que afrontar situaciones de cambio, incertidumbre, zozobra ante elementos exógenos que en su momento no tenían visualizados en ninguno de los escenarios posibles en su plan de negocio y desarrollo.
Por supuesto, nadie es inmune a estos avatares geopolíticos imprevisibles y esa zozobra siempre genera momentos de aturdimiento, parón e incluso indignación.
La solvencia de los emprendedores
Sin embargo, si alguien puede salir de este atolladero con una cierta solvencia son los emprendedores.
Nadie como ellos está acostumbrado a levantarse cada mañana y estar preparado para lo que venga.
La estrategia puede ser una, el objetivo a seguir claro, la oportunidad nítida, el problema a resolver manifiesto, pero de un día para otro todo puede irse al garete y toca tener la cintura suficiente como para reaccionar y ver cómo de ese problemón, como el actual, podemos aprovechar alguna oportunidad que se nos pueda presentar.
Si algo caracteriza al emprendedor es no caer en el desaliento y tirar la toalla.
Surfear las olas
Hace unos días leí una entrevista que le hacían a Juan Roig, presidente de Mercadona, en la que decía que los empresarios son como los surfistas: siempre tienen que estar preparados para surfear la ola que les llegue.
A esto sumaría mi contribución a su reflexión: unas veces dichas olas son más previsibles, pero para ser un buen surfista no te queda otra que ser capaz de correr todo tipo de olas o, al menos, intentarlo.
En este momento, estamos en mitad de un temporal que nos va a poner a prueba y seguro que no será el único que afrontemos si queremos ser exitosos.
El papel de los inversores
Ahora bien, dicho todo lo anterior, los emprendedores no viven en una burbuja y aunque en cuanto a nivel de resiliencia se encuentren en lo más alto de la pirámide, todo el ecosistema inversor no suele pensar y actuar de la misma manera y lo normal es que haya una contracción en su política inversora y de apoyo a los proyectos en los que participan.
Estos, los inversores, si se pueden tomar un tiempo para ver cómo se desarrollan los acontecimientos antes de realizar desembolsos comprometidos o aventurarse en nuevos proyectos.
Como hemos comentado al principio de este artículo, no es la primera crisis que hemos vivido en los últimos años y todas las anteriores les han servido para aprender y ser más cautos hasta que se vean ciertos claros en el cielo. Es muy natural su postura; nada reprochable.
Buscar el lado positivo
Una cosa está clara y es que en este mundo tan interconectado y en el que unos cuantos están intentando volver a compartimentarlo e incluso a aislarse para evitar la dependencia de terceros, este tipo de movimientos tectónicos demuestran que una cosa es lo que se quiere decir de cara a la galería o a su electorado y otra muy diferente lo que se genera a raíz de dichas convulsiones en este caso provocadas por ciertos personajes que no muestran un mínimo de sensatez, criterio y conocimiento de las consecuencias que se pueden derivar de sus desatinos.
Ante estos momentos de zozobra e incertidumbre a toda la población en general y a los emprendedores en particular, les toca ser más recursivos y buscar siempre el lado positivo.
Si ya lo hacen habitualmente, ahora con más razón y además deberían poner al servicio de la sociedad en general esa capacidad de resistencia y coraje de la que hacen gala en su día a día.
Esta crisis pasará, dejando muescas y cicatrices en muchas startups, lecciones valiosas para afrontar futuros contratiempos.
En estos tiempos imprevisibles, donde importa no solo atender lo cercano y controlable, sino también estar alerta a lo que ocurre más allá de nuestras fronteras, especialmente cuando surcan esos mares actores impredecibles y poco recomendables para la humanidad y nuestros negocios, la verdadera ventaja competitiva ya no reside en tener el mejor plan, sino en la capacidad de adaptarlo con mayor rapidez que los demás.
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