Evitar copiar el modelo masculino, que busca empresas con grandes cifras y reivindicar un modelo propio para las mujeres. Como de hecho ya casi existe. Ésta ha sido la conclusión del octavo encuentro Emprendedoras Innovadoras, organizado por la Revista Emprendedores con la colaboración de Curves y de Enisa, para poner en valor el talento femenino y dar voz a las mujeres capaces de transformar la sociedad.
El encuentro arrancó con un punto de pesimismo marcado por la tozudez de los datos: estamos peor que el año pasado en lo que se refiere a emprendimiento femenino. Según el mapa del emprendimiento de South Summith, en 2025 la tasa de emprendedoras era del 17,5%; casi 3 puntos menos que en 2024 (20%). Y todo parece indicar que las cifras no remontarán a corto plazo, por la gran presencia de proyectos en tecnología que hay en el mercado, donde las mujeres también juegan claramente en desventaja.
Y, sin embargo, las conclusiones, tras más de hora y media de compartir experiencias, no pueden ser más alentadoras: estamos en un momento en el que se han dejado atrás las startups «ronderas» y el culto al unicornio. Los inversores buscan startups camello, startups confiables a largo plazo aunque no deslumbren con impactantes cifras de facturación. Y ahí las mujeres tienen ventaja porque, si algo ha quedado claro en este evento, es que hay una forma de emprender distinta cuando se habla en femenino: las mujeres son más prudentes y no necesitan demostrar que pueden llevar su empresa a un x10. Ellas crean proyectos sostenibles en el tiempo. Proyectos camello, por seguir con el símil de Isabel García Méndez, redactora de Emprendedores, que se ha encargado de mantener el hilo conductor de todo el evento.
Curves, una empresa especialista en mujeres

El evento arrancó con la presentación de Alejandro Vesga, director de Emprendedores, que destacó que para la revista “es una satisfacción enorme la convocatoria de Emprendedoras Innovadoras porque en otras ocasiones hemos visto mucha colaboración entre todas y esa colaboración es uno de los propósitos de nuestra revista. Emprendedores trabaja porque el ecosistema emprendedor esté conectado y que haya colaboración entre todos sus miembros, sean instituciones públicas o los propios emprendedores y emprendedoras”.
Vesga resaltó también la importancia de realizar el evento en la sede de Emprendedores, las oficinas de Sngular, y de contar con el apoyo de Enisa y de Curves España.
Antes de entrar en la sesión de debate presentó a Martha Aguiar, country manager de Curves España, la primera marca de fitness pensada exclusivamente para la mujer: entrenamiento completo de cuerpo, con cardio y estiramientos, en sesiones de 30 minutos. Una forma de entrenar que es posible gracias a unas máquinas creadas exclusivamente para la anatomía femenina y en un entorno seguro y cómodo.
Martha Aguiar explicó que la marca nació en EEUU y que muchas de sus “franquiciadas son mujeres que vieron Curves como una oportunidad de autoempleo. Es un negocio muy rentable y que no necesita una gran inversión. No es un macro gimnasio, es un modelo mucho más asequible, que te permite tener un retorno de tu inversión a corto o medio plazo y que te permite irte a casa habiendo hecho algo positivo por otras mujeres”.
Emprendimiento femenino e innovador

Para debatir sobre la situación del emprendimiento femenino actual y la innovación del sector, Isabel Garcia Méndez hizo primero un retrato de la situación con algunos datos. “Cifras que no nos gustan”, señaló. Ademas de la caída en casi tres puntos del emprendimiento femenino en el último año, nos encontramos con que sólo el 10% de las startups españolas están tejidas por mujeres; el 20% por equipos mixtos. En definitiva, todavía hoy el emprendimiento mayoritario es exclusivamente masculino.
Otro dato importante es el apoyo que consiguen las mujeres para montar sus empresas. Muy bajo también. Solo el 7% de la financiación pública europea va a proyectos exclusivamente de mujeres. Y el 18% a equipos mixtos. Es decir, el 75% es para proyectos liderados exclusivamente por hombres. Si nos fijamos en el capital privado, las cifras son peores: los proyectos liderados por mujeres representan solo el 3% del total de proyectos financiados.
Los proyectos innovadores femeninos son muy escasos también. La mayoría de las mujeres emprende en proyectos genéricos. Pero hay un dato positivo, destacó Isabel García, y es que “se sigue demostrando que las empresas lideradas por mujeres facturan un 10% más que las lideradas por los hombres y fracasan un 27% menos”.
Estos datos sirvieron para poner foco a las ideas que se trataron en la mesa: obstáculos y frenos al emprendimiento femenino; retos y desafíos y ventajas. En la mesa, tres emprendedoras innovadoras muy reconocidas, Elena Betés, CEO de Emooti, emprendedora en serie y fundadora de Rastreador; Rocío Valenzuela, CEO de HRider y Ana Lozano, CEO de Nidus Lab. Y como representante del lado de la financiación Rocío Castrillo, directora de Emprendimiento y Estrategia de Enisa.
Al ser también un evento de innovación, todas ellas expusieron primero cómo han innovado ellas mismas con sus proyectos.
Elena Betés, que forma parte de ese reducido 17% de emprendedoras en serie, explicó qué le llevo a emprender en un proyecto de salud mental infantil y juvenil tras el exit de Rastreator: “Un viaje vital. Tras el exit, me pregunté, qué sé hacer o qué me gustaría hacer. Y me dije, ‘sé emprender’. Eso lo tengo clarísimo. Y no solo sé, sino que me gusta mucho emprender. Yo voy por la calle y se me van ocurriendo ideas. Pero así como Rastreator fue un emprendimiento para crear mi entorno de trabajo y ser mi propia jefa, en Emooti hay un propósito. Yo soy disléxica y quería ver cómo poner capas de tecnología a la detección precoz y, una vez que lo he detectado, poner capas para resolverlo con una metodología más objetiva para llegar mejor al niño”.
Rocío Valenzuela habló de innovación en soluciones de gestión estratégica de talento, como HRider, que hoy utilizan más de 800 clientes corporativos. “Dentro del proceso de automatización del mundo de recursos humanos, el camino más fácil fue automatizar procesos administrativos: vacaciones, control horario.. pero con eso no se diferencia una compañía de otra. El reto era gestionar el talento y la cultura de manera que la gente esté alineada con los objetivos de la empresa. Y crear una tecnología similar a la que utilizan las multinacionales, adaptada a empresas con menos recursos”.
Y Ana Lozano, arquitecta, urbanista, académica y CEO de Nidus Lab, un proyecto de IA aplicado al sector inmobiliario, explicó que “hasta ahora hemos usado la IA para hacer más cosas y yo quiero que usemos la IA para hacer menos. El futuro está en una IA perfectamente integrada en nuestros procesos de una manera tan natural que podamos reducir nuestra jornada laboral y dedicarle más tiempo a nuestra familia, a nuestros amigos, al gimnasio… elegir las actividades humanas que hacemos porque del resto se ocupará una maquina”.
Rocío Castrillo por su parte, destacó que Enisa lleva más de cuatro décadas contribuyendo al desarrollo del tejido empresarial y apoyando proyectos innovadores con dos instrumentos fundamentales: “los préstamos participativos, para esa gran necesidad de financiación en etapas muy iniciales, y con la certificación para empresas emergentes, un nuevo instrumento que surgió a partir de la Ley de Startups en 2023. Llevamos más de 2.500 empresas certificadas que abren la puerta a una serie de beneficios fiscales, tanto para inversores como para la empresa”.
En cuanto al emprendimiento femenino, Castrillo destacó la línea de “Emprendedoras Digitales, una línea con la que trabajamos junto con el Ministerio de Transformación Digital y la Función Pública, desde 2023, con la que hemos financiado más de 300 proyectos, más de 45 millones, específicamente allí donde las mujeres tienen un papel relevante o en el consejo de administración o en los equipos directivos”.
El freno de la inversión y la prudencia femenina
La falta de financiación fue el primer gran obstáculo que se puso sobre la mesa. ¿Por qué la financiación solo llega a un 3% de proyectos liderados por mujeres? ¿Tienen más dificultades las mujeres para convencer al capital o es que piden menos? Aquí no hubo unanimidad, ya que cada una de las participantes partía de experiencias muy dispares. Rocío Valenzuela destacó que ellos han crecido siempre orgánicamente, sin ningún tipo de financiación externa y dudó sobre si hay menos inversión en proyectos liderados por mujeres porque las mujeres no piden esa inversión por no cuestionarse su liderazgo.
Elena Betés puso el contrapunto a esa duda: “Yo he pedido un montón y nunca me dieron nada. Quizás porque lo pedimos a modo inglés, destacando los riesgos. Lo que sí está demostrado es que los hombres hacen business plan mucho más agresivos siempre. Nosotras pedimos con menos seguridad, con mayor transparencia y con mayor prudencia”.
Ana Lozano aportó la visión de emprendedora-inversora. “Yo me lancé a emprender después de años invirtiendo en startups. Pertenezco al club Women Angels for STEAM, un club de las 180 mujeres que invertimos exclusivamente en startups cofundadas o codirigidas por mujeres en STEAM. Invertimos en una fase inicial, analizo muchos proyectos de mujeres como inversora y veo dos cosas. La primera, el tema de los sesgos. Sesgos inconscientes. Llevamos miles de años de historia reproduciendo patrones que hacen que a la mujer se la valore con cierta prevención y al hombre se le valore con promoción. Eso significa que cuando una mesa de inversores le hace preguntas a una mujer, le hace preguntas preventivas, le hace preguntas de riesgos, le hace preguntas de qué pasa si todo va mal. Y, sin embargo, al hombre le hacen preguntas del tipo, ‘qué vas a hacer cuando lo petes’. Está demostrado que ese sesgo lo reproducimos las mujeres también cuando nos ponemos la chaqueta inversora. A los hombres se les juzga por su potencial y a las mujeres por lo que han conseguido demostrar en el pasado.
«La segunda, nosotras somos mucho más cuidadosas con el dinero de los demás. Si no estamos muy seguras de cómo lo vamos a emplear y de que de verdad estamos en una fase de maduración donde ese dinero te ayuda a crecer de verdad, no lo queremos”.
Ana Lozano, destacó también que las mujeres inversoras valoran los proyectos de una forma diferente. “Analizamos mucho al equipo, intentamos ver más en el largo plazo e intentamos entender muy bien métricas que van más allá de las financieras”.
Empresas camello y proyectos de impacto
Rocío Castrillo explicó que desde Enisa se analizan mucho los sesgos de género, “para no ser parte del problema. Pero el número de mujeres que tenemos en las partes tecnológicas son dramáticamente bajos. Hicimos un estudio con parte de las 1.000 primeras certificadas de ENISA, cómo se distribuían los equipos directivos. Ahí teníamos que el 25% de las personas en los equipos directivos eran mujeres y que en más de un 40% de los equipos no había ninguna mujer. Cuando las empresas son fuertemente tecnológicas los equipos directivos tienden a ser todo hombres. Eso supone un sesgo de entrada, más que de ocupar espacios”.
Luego, el lado positivo es que cuando en una empresa las mujeres representan más del 25% estas empresas tienen una rentabilidad un 30% mayor que las otras. Desde Enisa reflexionamos también en cómo tratamos a los unicornios. ¿Qué es un unicornio en sí? ¿Para qué necesitamos un unicornio? Todo el mundo quiere un unicornio, pero no todo son los múltiplos. Hay empresas creciendo muchísimo, generando muchísimo valor, creando muchos puestos de trabajo que tienen otros ritmos y otras métricas. Yo creo que cada vez hay más inversores concienciados con esto”.
Aquí, Isabel García Méndez introdujo el concepto de startups camello. “Ya no se busca el unicornio, sino el camello, la empresa con una solidez a largo plazo”, dijo. Y lanzó otra pregunta: Ya partimos de la base de que somos prudentes a la hora de decir adonde vamos a llegar, pero además, ¿nos sentimos muchas veces con la sensación de tener que pedir perdón por tener ambición?
Para Ana Lozano, las mujeres “no emprendemos para forrarnos. Nuestro driver es otro. Por eso hay tanto emprendimiento femenino en impacto. Nos obsesiona crear valor, pero no perseguimos lo económico puro”.
Otra realidad incuestionable es que hay mucho emprendimiento de autoempleo entre las mujeres. Hay una tendencia a vivir bien con lo que haces y no tanto una necesidad de forrarse.
¿Falta de apoyo masculino e institucional?

En la recta final del evento, se lanzaron muchas preguntas que suponen retos para el futuro. Desde el público, que participó activamente, se introdujo una duda razonable: ¿los eventos de emprendedoras no pueden dar una visión de ser un sector de segunda? ¿Por qué los hombres sí van a ver a otros hombres como referentes pero no van a ver a las mujeres cuando solo hay mujeres? “Los hombres se tienen que implicar porque ellos se escuchan a sí mismos”, demandaron.
Otra pregunta inevitable: ¿Cuánto hay de apoyo real y cuánto llega realmente a las mujeres? Para Rocío Castrillo, “el cambio no se va a dar en una década. Es razonable la duda de si los espacios solo de mujeres ayudan, porque los espacios de poder están en otro lado, pero no hay ninguna duda de que los referentes y los modelos ayudan a emprender”.
Más: ¿Somos menos ambiciosas las mujeres o pecamos de exceso de prudencia? Parece que las dos cosas, según la mayoría de las participantes.
Humanismo y tech, una gran oportunidad para las mujeres
Elena Betés recordó también que España no es un mercado muy grande. Y las cifras van a ir a peor. La creación de empresas está vinculada a tecnología y las mujeres somos menos en ese ámbito. Hay que impulsar otras habilidades que también son importantes, como las comerciales. Las mujeres podemos copar también negocios más humanistas con un poco de tecnología. En Emooti estamos haciendo franquicias que van a liderar mujeres”.
El cambio vendrá también por las nuevas generaciones, “que vienen pisando fuerte”. Las nuevas generaciones ya no se identifican tanto con ese modelo femenino que necesita tener todas las cualidades para sentirse válida en un proyecto».
Elena Betés marcó por donde debe ir el futuro de las emprendedoras. En lugar de medirse con los modelos impuestos por los hombres analizar “cuál es el modelo que queremos tener como emprendedoras innovadoras. Con Rastreador salía a las 5 de la tarde. He tenido libertad absoluta siempre. No debemos dejarnos llevar por el discurso masculino de que hay que dedicar todo el esfuerzo al proyecto”.
Rocío Castrillo abogó por cambiar el concepto de escalabilidad por uno que no sea tanto un x10, sino que se enfoque más a la sostenibilidad”.
Y aquí llegó el turno para la esperanza. Ana Lozano destacó que «ya hay un cambio de tendencia en el mercado. Se está viendo en EEUU y llegará a Europa. En EEUU pocas empresas salen a Bolsa. Las compañías ronderas son las verdades incómodas”.
Y las mujeres van a salir beneficiadas con este cambio porque las emprendedoras no requieren una financiación brutal.