Más allá del poke: la metamorfosis de Aloha

Esta es la historia emprendedora de Guillermo Fuente Gil y de cómo ha conseguido que Aloha cuente con 32 locales de poke y más de 13 millones de facturación

Aloha
Guillermo Fuente, CEO de Aloha
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Un total de 32 establecimientos, 12 propios y 20 franquicias; alrededor de 300 empleados entre todos y una facturación conjunta de 13,5 millones de euros. Son las cifras actuales que acumula Aloha, la cadena de restaurantes líder y pionera en introducir el poke hawaiano en España. 

De los Ángeles a Madrid

Sucedió en el año 2017, cuando tres amigos residentes entonces en Los Ángeles (California), decidieron traer a España un plato hasta entonces desconocido aquí dentro del fast food, pero con el apellido saludable. ‘Healthy Life, Happy Life’ fue uno de sus eslóganes que hicieron famosa a la marca Aloha Poke.

De los tres fundadores, hoy sólo queda uno, Guillermo Fuente Gil, el CEO de la compañía, a la que sigue dedicando toda su pasión.

Fue en el madrileño barrio de Chueca, cuando Aloha Poke abrió su primer establecimiento. Era el primer y único restaurante donde los españoles y turistas podían disfrutar de este almuerzo sencillo típico de los pescadores hawaianos y, por extensión, de las decenas de miles de surfistas que recibe anualmente el archipiélago.

Los de Aloha Poke, más que a la hawaiana, se inspiraban en la versión californiana que es donde lo descubrieron los fundadores. Cuenta Guillermo Fuente que le sorprendieron dos cosas: lo bueno que estaba y la cola diaria que tenía el establecimiento que él frecuentaba.

Dos grandes hitos en un año

La misma cola,“o mayor aún”, vio a los pocos días de abrir Aloha Poke en la calle Libertad. Pasados tres o cuatro meses, empezó a nacer la competencia. La alternativa era o quedarse como estaban o crecer. Ganó la segunda opción, pero a lo grande, porque el objetivo que se marcaron fue crear una cadena.

El dinero ganado lo reinvirtieron en la apertura de un segundo local en Madrid. Simultáneamente, diseñaron un modelo de franquicia que permitiese a otros emprendedores e inversores participar de su éxito a la vez que impulsaban su propio crecimiento sin arriesgar un capital que no tenían. De seguir así, pronto podrían devolver los cerca de 100.000 euros de crédito que les dio el banco para arrancarlo todo.

También en 2017 abría su primera franquicia. En solo un año de vida, habían conseguido dos de los grandes hitos de la compañía: abrir el primer local poke de España y lanzar la primera cadena de franquicia poke en nuestro país.

La ola de lo saludable

Recuerda Guillermo Fuente que durante varios años tuvieron que explicar a los clientes qué era el poke y cómo combinarlo. Hoy, 9 años después, todavía queda algún despistado, pero la evangelización ya no es necesaria. 

A la cadena le siguió un boom de establecimientos poke, muchos como iniciativa de emprendedores independientes, pero otros integrados dentro de grandes grupos de restauración. La competencia se volvió feroz, aunque el paso del tiempo se encargó de expulsar del mercado a todos los que no consiguieron profesionalizar el negocio. 

Lo que permanece estable es el concepto. “El poke no es una moda, ha venido para quedarse dentro de un segmento nuevo, que es el de la comida rápida saludable. Cuando nosotros nacimos, la categoría como tal no existía. Ahora, evidentemente, hay más cosas. Cada vez tenemos más conocimiento de qué debemos comer, a qué hora, cómo combinarlo y lo que necesita cada cual en función de su estilo de vida. Dentro de esta filosofía, el poke ha encajado tan bien que se ha quedado”, dice el CEO.

El efecto Aloha

Después de siete años funcionando con la marca Aloha Poke, en 2024 la cadena pasó a llamarse solo Aloha. La propuesta de valor sigue siendo la misma, pero ampliando y diversificando la oferta dentro de la comida rápida saludable de calidad.

El poke se mantiene en el core de la enseña, pero ahora suman ensaladas, wraps, entrantes de distintos tipos, postres caseros, yogures con frutas y toppings, zumos prensados, tés…La diferenciación con Aloha les llega por su gran variedad de opciones adaptadas a dietas y gustos de distinto tipo.

Dentro de su estrategia actual se encuentra también la búsqueda de nuevas ubicaciones con gran afluencia de público. En esta línea Aloha es la única marca que ofrece poke en dos aeropuertos españoles (Barajas e Ibiza) y se han abierto hueco en otros modelos de negocio como son los centros comerciales, estaciones de servicio o en ferias, como es el caso de Ifema.

La receta de la profesionalización

Desde niño, el sueño de Guillermo Fuente fue crear su propio negocio. Con estas miras estudió Administración y Dirección de Empresas y se fue luego a EE.UU para estudiar un MBA de emprendimiento. Ni tenía prisa ni tenía claro qué montar, pero lo que fuese quería hacerlo desde cero y a su manera dando a la gente algo que a él se le diese bien y le apasionara. 

El momento le llegó un poco por casualidad, a los 26 años, pero en menos de una década ha conseguido transformar un pequeño negocio de barrio en una cadena independiente líder nacional en su categoría con un concepto de negocio que hoy está más que probado y demostrado que funciona y es rentable. 

Fácil no ha sido. En el camino ha habido mucha prueba y error, se han cerrado locales por equivocación en las ubicaciones, han tenido que hacer frente a una competencia desaforada, superar el Covid con el delivery y trabajar muchas muchas horas al día. “El emprendimiento tiene ese mix agridulce. Por un lado estás orgulloso de lo que consigues, pero, por otro, te cuesta disfrutarlo en ese momento. No te puedes permitir caer en la autocomplacencia, tienes que seguir trabajando. Ahora estoy empezando a aprender a calmarme, a delegar y a disfrutar del camino, pero aún no lo he conseguido del todo”.

Tanto esfuerzo ha tenido su recompensa. Aloha ha recibido numerosos galardones en su trayectoria, entre ellos el Premio a la Empresa Destacada entregado por esa publicación en la edición de los Premios Emprendedores 2025. 

Nunca visionó Guillermo Fuente abrir 32 locales ni ganar grandes sumas. Tampoco quería perderlas por eso se afanó mucho en controlar gastos, optimizar la operativa en busca de la eficiencia y profesionalizar la gestión. De aquí procede el crecimiento de la cadena y la satisfacción personal de “haber conseguido emprender en algo que me apasiona”.

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