Fran Villalba (Internxt): «A un fundador joven se le exige el doble»

Las grandes tecnológicas monetizan nuestra huella digital diaria. La alternativa española de Internxt plantea un modelo de negocio diferente

Fran Villalba, fundador de Internxt
Fran Villalba, fundador y CEO de Internxt (foto Ray García).
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¿Es posible hacerse un hueco en un mercado dominado por algunos de los mayores gigantes tecnológicos del mundo? En una era donde nuestra información personal es la moneda de cambio habitual, el desafío parece titánico, pero Fran Villalba se propuso conseguirlo.

Con Internxt, una empresa valenciana con proyección internacional, este joven emprendedor ha querido demostrar que otra manera de utilizar la tecnología no solo es ética, sino también viable económicamente.

Su propuesta de valor

Frente a un entorno digital en el que nuestros datos se han convertido en un activo de enorme valor comercial, su apuesta pasa por devolver a los usuarios el control absoluto sobre su información y situar la privacidad en el mismísimo centro del modelo de negocio.

Internxt desarrolla servicios de almacenamiento en la nube y herramientas de seguridad digital que compiten directamente con las soluciones de las grandes multinacionales. Sin embargo, lo hacen desde una filosofía radicalmente diferente, cimentada en el cifrado de extremo a extremo, la transparencia y la protección integral de los datos.

Villalba, que ha participado en ‘Generación Founder 2026’, representa hoy a una nueva generación de fundadores que aspira a construir compañías capaces de mirar de tú a tú a los líderes del sector desde España. Su trayectoria invita a reflexionar sobre el reto que supone transformar una visión propia en una alternativa real frente a corporaciones históricas.

¿Cómo luchar contra los grandes?

Fundar una startup siendo muy joven y en un ecosistema acaparado por colosos como Google o Microsoft requirió identificar rápidamente qué carencias dejaban estas empresas. Según explica el fundador de Internxt, la clave fue detectar una contradicción enorme en el modelo de negocio de las llamadas Big Tech, las cuales construyeron sus imperios monetizando el recurso más valioso de la actualidad: los datos de la gente, o como muchos lo denominan, el petróleo del siglo XXI.

El ecosistema actual ofrece herramientas increíblemente eficientes, pero el coste real lo asume el usuario. «Cuando el producto es gratis es porque el producto eres tú», sentencia Villalba.

Fue en 2020 cuando tomó conciencia de la suma importancia de ayudar a crear un internet seguro, ya que faltaba una alternativa que combinase la sencillez y usabilidad de estas grandes corporaciones con una arquitectura de privacidad real, construida desde cero con encriptación de punto a punto (zero-knowledge) para garantizar el control absoluto del usuario.

En la actualidad, su plataforma es responsable de cientos de millones de archivos y cuenta con la confianza de empresas de la talla de Prosegur o Nunsys.

Las barreras de la falta de experiencia

Adentrarse en el ámbito corporativo y vender tecnología a grandes instituciones o empresas, que tradicionalmente confían en proveedores consolidados, plantea desafíos adicionales para un perfil joven. Villalba confiesa que la barrera principal en estas negociaciones es el sesgo de riesgo institucional.

En una gran corporación, quien toma la decisión se ampara en la seguridad del gigante tradicional, bajo la premisa de que a nadie lo van a despedir por contratar a Microsoft. Liderar una empresa emergente en este contexto obliga a vencer esa inercia conservadora, demostrando no solo que el producto es técnicamente superior, sino aportando una gran seguridad.

«A un perfil joven se le exige el doble de solvencia para transmitir confianza», recalca. Para lograrlo, aconseja compensar la falta de trayectoria histórica con una propuesta de valor impecable, certificaciones externas, una arquitectura tecnológica transparente y una capacidad de ejecución impecable.

¿Pagar por algo gratis?

El debate sobre la monetización de la huella digital abre otro interrogante: ¿están los usuarios dispuestos a pagar por algo a lo que han accedido gratuitamente durante años? Para Villalba, la respuesta es un sí rotundo.

Las nuevas generaciones, que han crecido expuestas al rastreo constante, las brechas de seguridad y la monetización agresiva de su información, están dispuestas a pagar, pero con un matiz importante: no invertirán su dinero en una «privacidad teórica». Lo que demandan son productos que protejan sus datos sin sacrificar la experiencia de usuario a la que ya se han acostumbrado.

La privacidad ha dejado de ser un lujo o un concepto exclusivo para expertos en ciberseguridad, consolidándose como un derecho digital básico por el que, al igual que ocurre con el streaming o las herramientas de productividad, merece la pena abonar una suscripción justa.

Europa vs. EEUU

A nivel macro, Europa debate cada vez con más intensidad sobre su propia soberanía tecnológica. Cuestionado sobre la capacidad real del continente para forjar alternativas viables a las tecnológicas estadounidenses, Villalba se muestra optimista respecto al talento disponible. Asegura que Europa cuenta con ingenieros, diseñadores e investigadores al máximo nivel global.

No obstante, advierte de dos grandes asignaturas pendientes que han lastrado históricamente este progreso: la escala de financiación y la fragmentación del mercado. Para que la soberanía tecnológica deje de ser un mero discurso político y se transforme en una realidad industrial, reclama un mayor apoyo interno.

«Necesitamos creer más en nuestras propias startups, fomentar la compra pública de innovación europea y escalar empresas que compitan cara a cara en producto y no solo en discurso ético», defiende.

Oportunidades de futuro

Mirando hacia el futuro, Villalba tiene claro dónde residen las próximas grandes oportunidades de negocio. Si tuviera que empezar de cero una startup tecnológica en la actualidad, se volcaría de lleno en la intersección entre la inteligencia artificial y la privacidad de datos.

Ante la adopción masiva de modelos de IA, señala un problema crítico: la inmensa mayoría de estas soluciones envían información confidencial a servidores centralizados de terceros para su procesamiento.

Por ello, considera que el gran reto —y el próximo mercado por construir— es «permitir a personas y empresas aprovechar toda la potencia de la IA avanzada sobre sus propios datos sin que esa información toque jamás un servidor externo».

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