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Pablo Méndez; ‘Escribir poesía es mi mejor forma de estar en el mundo…’

Pablo Méndez; ‘Escribir poesía es mi mejor forma de estar en el mundo…’

La poesía de Pablo Méndez se ha caracterizado durante años por una voz sincera, cercana y profundamente humana. Con la publicación de Huérfano buscando el mar, el autor vuelve a situar al lector frente a una escritura íntima que transita entre la memoria familiar, la espiritualidad, el amor y la crítica a la vida contemporánea. En esta conversación, Méndez reflexiona sobre el origen de su poesía, la importancia de la paternidad, el peso de las ausencias y la forma en que la escritura se convierte en un espacio de resistencia frente al ruido del mundo actual.

Pablo Méndez: “Escribir poesía es mi mejor forma de estar en el mundo…” el autor de Huérfano buscando el mar, nos habla de su vida y su último libro, sin duda es una de las voces más brillantes de la poesía desde hace años.

Juan Gómez Martín

En Huérfano buscando el mar aparece una voz muy íntima, casi confesional. ¿Sientes que este libro es más autobiográfico que los anteriores o simplemente más desnudo en su manera de mirar el mundo?

Todos mis libros de poesía son autobiográficos, la poesía es lo que nos pasa, lo que vivimos, pero es verdad que puede ser más confesional que los libros anteriores,

La figura de la madre y la memoria familiar atraviesan poemas como “El verano de las fuentes” o “Balada de mis viejos coches”. ¿La escritura es para ti una forma de reconstruir el linaje emocional o de dialogar con la ausencia?

Seguramente las dos cosas, sobre todo es una forma de gritar por el dolor que causan las ausencias, yo de eso sé mucho, desgraciadamente.

Hay una tensión constante entre espiritualidad y descreimiento —pienso en textos como “A estas alturas”, donde cuestionas el milagro pero reivindicas el amor al prójimo —. ¿Cómo conviven en tu poesía la tradición cristiana y la mirada crítica contemporánea?

A estas alturas es un poema muy especial para mí, yo soy muy consciente de mi tradición cristiana, mucho, y lo he sido siendo más con los años, no creo en un dios omnipotente, poderoso y juez, pero creo en una fuerza que hace maravilloso el entorno, único, como un milagro cotidiano, creo en el amor como la forma más perfecta y clara del dios que añoramos todos.

En varios poemas aparece una crítica muy directa al mundo digital y a las redes sociales, casi como un rechazo generacional. ¿Crees que la poesía actual corre el riesgo de perder profundidad en la exposición constante del yo?

No, el yo es importante en la poesía, no debe ser el único motivo poético, pero es importante. Lo que es verdad es que detesto este mundo digital nuestro, y lo digo con tristeza porque nada puedo hacer, pero a mi me gustaba desayunar en un bar leyendo el periódico en papel y encontrar en el buzón la carta de alguien que pudiera leer como un tesoro. Lo de hoy… en fin…

La paternidad ocupa un lugar central, desde el humor hasta la fragilidad emocional — por ejemplo en “Cuando el penalti lo tira tu hijo”. ¿Ha cambiado tu forma de escribir desde que eres padre?

Pues no lo sé, supongo que sí. Lo que sí sé es que ser padre es lo mejor que he podido ser en la vida, yo quise serlo desde siempre, supongo que mi poesía hubiera sido distinta de no haberlo sido.

Muchos lectores perciben en este libro una nostalgia muy concreta por la vida anterior a internet: cartas, bares, cine, conversaciones lentas… ¿Es una nostalgia estética o una crítica cultural consciente?

Es posible que exista algo de nostalgia estética, pero también una crítica clara a nuestra sociedad, creo que la sociedad esta de la comunicación y el conocimiento nos lleva a una especie de desequilibrio total, yo el primero, antes teníamos que buscar la información y esa búsqueda estaba llena de autenticidad y equilibrio. Hoy no existen filtros, y eso trastorna mucho.

El amor aparece como refugio físico y también como territorio de pérdida. ¿Dirías que el cuerpo en tus poemas es más memoria que deseo?

No, no lo creo, es deseo absoluto, deseo antiguo y primordial.

A lo largo del libro se percibe una sensación de “resistencia íntima”: seguir escribiendo, seguir amando, seguir recordando. ¿Escribir poesía hoy es una forma de rebeldía silenciosa?

Escribir poesía es mi mejor forma de estar en el mundo, es un camino de sensibilidad y aprendizaje, rebeldía, también, porque no, pero sobre todo es una forma maravillosa de vivir.

En tus textos hay humor, ironía y una crudeza muy directa, incluso en temas dolorosos. ¿Te interesa romper con la solemnidad tradicional de cierta poesía española?

Yo no busco romper con nada, ni con nadie, escribo sobre lo que siento, lo que me pasa en el corazón.

Después de toda una vida dedicada a la poesía —como afirmas en las dedicatorias finales— ¿qué sigue buscando hoy el poeta que empezó escribiendo Palabras de aire y llega ahora a Huérfano buscando el mar?

Quizá busco compartir lo que me pasa, compartir de una forma especial, como si pudiera hacerlo con todo el mundo a la vez, compartir y contagiar mi amor absoluto hacia la poesía.

A lo largo de la entrevista, Pablo Méndez deja entrever una concepción de la poesía profundamente ligada a la vida misma: a la memoria, al dolor, al amor y a las pequeñas revelaciones cotidianas. Huérfano buscando el mar aparece así como un libro que no solo recoge una trayectoria poética consolidada, sino también una mirada honesta sobre el paso del tiempo y la necesidad de seguir escribiendo para comprender el mundo. Para Méndez, la poesía no es únicamente una forma de expresión, sino una manera de habitar la realidad con mayor sensibilidad y verdad.

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