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Mudase sin seguro; el error que puede costar años de ahorros en una sola mañana

Mudase sin seguro; el error que puede costar años de ahorros en una sola mañana

Hay mudanzas que salen bien… y hay mudanzas que se tuercen por una tontería. Una nevera que se golpea en la escalera. Una pantalla que cae al girar una esquina. Un arañazo “pequeño” en el suelo recién puesto. Y, de repente, lo que parecía un ahorro se convierte en un problema serio (y caro).

Cuando una mudanza se realiza sin una cobertura adecuada o cuando “todo es de palabra”, cualquier incidente puede derivar en una reclamación difícil, lenta o directamente imposible. El riesgo afecta por igual a mudanzas de vivienda y a traslados de oficina: los daños materiales y la falta de documentación suelen ser el punto de partida de la mayoría de conflictos.

Dos seguros que se confunden: Responsabilidad Civil y seguro de carga

A efectos prácticos, conviene distinguir dos coberturas habituales en el sector.

Responsabilidad Civil (RC): daños a terceros

La RC suele cubrir daños causados a la vivienda, la comunidad o terceras personas durante la prestación del servicio. Algunos ejemplos frecuentes son las rozaduras o golpes en paredes del portal al maniobrar un mueble, rotura de un cristal o puerta comunitaria, daños en el ascensor al subir un electrodoméstico, desperfectos en barandillas, suelos del rellano o zonas comunes.

En resumen, cuando el daño se produce en elementos del edificio o afecta a un tercero, la RC suele ser la cobertura relevante (según condiciones de la póliza y del contrato).

Seguro de carga o mercancías: daños a los bienes transportados

Esta cobertura se asocia a daños en muebles y electrodomésticos, objetos frágiles, equipos informáticos (ordenadores, pantallas) y material de trabajo (impresoras, documentación).

En un transporte de muebles, por ejemplo, este seguro es el que define si un daño se gestiona como un parte con procedimiento o termina convertido en una disputa.

No todas las empresas incluyen esta cobertura de la misma forma. Por ese motivo, resulta esencial que la información esté reflejada por escrito: qué cubre, qué excluye y cómo se tramita una incidencia.

Incidentes habituales: cuando la mudanza se complica

Sin entrar en cifras que dependen de cada póliza y del alcance contratado, estas situaciones se repiten con frecuencia:

Caso 1 (hogar): un televisor llega con la pantalla dañada.

Con una cobertura definida, la incidencia se documenta (fotos, parte, inventario si aplica) y se tramita por el cauce acordado. Sin documentación o sin seguro, aparecen respuestas ambiguas, retrasos y falta de compromiso.

Caso 2 (oficina): equipos informáticos con golpes tras el traslado.

Con cobertura y procedimiento, el problema se canaliza como un trámite. Sin cobertura clara, el daño se suma al impacto operativo: reposición del material y posibles interrupciones de actividad.

Caso 3 (comunidad): marcas o desperfectos en el ascensor y zonas comunes.

Con RC, suele existir un marco para afrontar reclamaciones de la comunidad (siempre según póliza y condiciones). Sin RC, el conflicto puede escalar rápidamente.

La diferencia no se reduce a “seriedad” percibida, sino a la existencia de un marco contractual y asegurador que responda cuando ocurre lo inesperado.

(Checklist): La documentación mínima antes de iniciar una mudanza

En primer lugar, se requiere el presupuesto por escrito con detalle del servicio (incluye/excluye). También el contrato o condiciones por escrito (políticas, gestión de incidencias, plazos) y la confirmación documental de seguro: RC y, cuando corresponda, seguro de carga/mercancías, incluyendo alcance de cobertura.

De la misma manera, se necesita el procedimiento de incidencias: cómo se comunica, plazos y documentación requerida; así como los datos fiscales y factura, especialmente en traslados de empresa.

La misma lógica aplica en servicios de menor volumen: incluso en pequeñas mudanzas, la clave es la cobertura y la trazabilidad por escrito, no el tamaño del traslado.

Señales de alarma cuando “lo barato sale caro”

Sin generalizar ni señalar a un perfil concreto, hay patrones que suelen anticipar problemas, por ejemplo, la ausencia de presupuesto detallado por escrito, la falta de explicaciones claras sobre coberturas o la resistencia a aportar documentación cuando se solicita. Otra señal de problemas son las propuestas de pago sin factura o sin datos fiscales, así como la inexistencia de contrato o condiciones del servicio.

En estos casos, la discusión posterior suele ser más probable, especialmente si se produce un daño.

Preguntas previas que ayudan a evitar conflictos

Antes de contratar, estas cuestiones ayudan a fijar expectativas y responsabilidades:

Existencia de RC y alcance en vivienda y comunidad (zonas comunes, ascensores, elementos comunitarios).

Existencia de seguro de carga/mercancías para los bienes transportados y condiciones básicas.

Exclusiones relevantes y dónde quedan reflejadas (contrato/condiciones).

Procedimiento de comunicación de daños y plazos operativos de notificación.

Entrega de presupuesto y condiciones por escrito (documentación que evita malentendidos).

Como criterio general, una empresa seria de mudanzas puede acreditar coberturas y condiciones mediante documentación coherente y verificable, sin depender de promesas informales.

Conclusión

Una mudanza ya implica suficiente complejidad logística. Cuando existe cobertura adecuada y documentación por escrito, los incidentes se convierten en un trámite. Cuando todo queda en el aire, el riesgo es que un error de una mañana termine costando años de ahorro. Pedirlo todo por escrito sigue siendo la recomendación más eficaz para reducir sorpresas.

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