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Los españoles se apropian de los tablaos y el flamenco; el caso Tablao de Carmen Flamenco

Los españoles se apropian de los tablaos y el flamenco; el caso Tablao de Carmen Flamenco

Durante años, los tablaos flamencos fueron percibidos como espacios dirigidos casi exclusivamente al turismo. Sin embargo, en los últimos tiempos, el público español ha comenzado a redescubrirlos como lugares donde el flamenco sucede de verdad: en directo, sin intermediaciones, con artistas profesionales y una relación cercana entre escenario y público. Este cambio de mirada ha devuelto al tablao su condición original de espacio cultural vivo y único de aquí.

La clave está en la diferencia entre tablao y show flamenco. Mientras el segundo responde a un formato cerrado, repetible y escénicamente estandarizado, el tablao mantiene una lógica abierta y orgánica. Cada noche es distinta. Cambian los intérpretes, los palos, la energía y el diálogo entre cante, baile y guitarra. No hay dos funciones iguales. Esa imprevisibilidad es precisamente su gran valor cultural.

En este contexto, el papel de la ANTFES (Asociación Nacional de Tablaos Flamencos de España) ha sido determinante. La entidad agrupa a los tablaos históricos y de referencia del país, estableciendo criterios de calidad artística, profesionalización y continuidad diaria del flamenco. Su función dentro del sector es comparable a la de una guía de prestigio en la gastronomía: legitima, ordena y protege un patrimonio que no puede desligarse de la práctica en vivo.

Barcelona ocupa un lugar particular en la escena flamenca por motivos históricos y culturales. Aunque el imaginario del género se asocia a Andalucía, la ciudad condal ha sido durante décadas una plaza estable para el flamenco en vivo, con público local y visitante, programación regular y una tradición de tablaos que han sostenido con serio criterio y gran empeño el formato “tablao” cuando otros circuitos se volvían más episódicos. Esa continuidad ha convertido a Barcelona en un punto de referencia donde, como en el sur, el flamenco no se consume como postal, sino como práctica artística cotidiana.

En ese mapa, el Tablao de Carmen adquiere una relevancia singular por el nombre que lo sostiene. Carmen Amaya no fue solo una figura célebre del siglo XX, sino una artista que reconfiguró la percepción del baile flamenco a escala internacional. Nacida en Barcelona y vinculada al barrio del Somorrostro, su trayectoria conecta la ciudad con la historia mayor del flamenco: giras internacionales, presencia en escenarios de primer nivel y un estilo propio que marcó y sigue marcando generaciones. Su nombre funciona hoy como ancla cultural y como recordatorio de que Barcelona no es un territorio ajeno al flamenco, sino parte central de su biografía más influyente.

El homenaje no se reduce a una referencia simbólica. En un tablao, la herencia se mide en continuidad: artistas distintos cada noche, repertorios cambiantes y una energía irrepetible que solo existe en el directo. Por eso, el regreso del público español a estos espacios señala algo más que una tendencia. Habla de una reapropiación cultural donde el flamenco vuelve a entenderse como patrimonio vivo y donde Barcelona, con Carmen Amaya como emblema, ocupa un lugar central en esa recuperación.

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