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Vende su coche de colección, la moto y deja 17 años de trayectoria profesional como abogado para montar esta empresa social: Filantrópico

Filantrópico es una startup sin ánimo de lucro que persigue dos objetivos sociales: ayudar a pequeños caficultores del mundo a prosperar en sus países de origen y, ya en España, ...

18/05/2023  Ana DelgadoIdeas de negocio

Cuando trabajaba como abogado, Javier Sanz no tenía mucho de filantrópico y eso que llegó a percibir salarios de seis dígitos. Así es como conseguía ahorrar sin necesidad de privarse de antojos, como frecuentar restaurantes con estrellas Michelin, comprarse un coche de coleccionista o una moto de gran cilindrada. Mientras tanto, llegó la pandemia y tuvo dos hijas. Llegado este punto, cualquiera hubiese pensado que tenía su vida ya mas que encarrilada, pero fue precisamente en ese momento cuando Sanz se preguntó: ¿Esto es lo que quiero hacer yo con mi vida? Y la respuesta fue No.

Decide entonces vender el coche, la moto, abandonar su carrera profesional como abogado y destinar todos sus ahorros acumulados a montar un proyecto emprendedor de impacto social. No le hizo falta vivir una experiencia traumática previa, “lo único que pasó es que maduré”, cuenta.

Así es como este emprendedor crea con sus propios recursos Filantrópico, una empresa sin ánimo de lucro que tiene dos objetivos sociales muy claros: el primero, ayudar a los pequeños caficultores de todo el mundo a pasar de la pobreza a la prosperidad en sus países de origen; el segundo, y ya en España, procurar la inclusión laboral de personas con discapacidad intelectual. Ambos propósitos los concilia con el cuidado medioambiental de manera que el café que venden se cultiva a la sombra, sin deforestar, y los repartos se hacen desplazándose a pie o en transporte público. Asimismo, los envases son siempre reutilizables.

Un modelo de negocio filantrópico que no todos entienden

La empresa la basa Sanz en un modelo 100% social, concepto que explica “como una empresa más que compite en el mercado con otras como la tuya, en igualdad de condiciones, pero desde un punto de vista social”. Es decir, que Sanz se tiene que ver la cara con Nesspreso, Toscaf o Kona, con la diferencia de que aquí las ganancias que obtiene las destina a financiar el mantenimiento de la empresa y del equipo. El resto, lo reinvierte íntegramente para “crecer, crecer y crecer para hacer esto más grande, dar más empleo y ayudar a más personas”.

Sanz es consciente de que, cuando habla así, muchos no le comprenden. “La gente me dice: todo esto del impacto está muy bien, pero te querrás hacer rico ¿no? Cuando les explicamos que los sueldos están limitados y que los inversores no se hacen más ricos muchos no lo entienden, incluso a alguno parece que le molesta. Ese es el modelo de empresa social, trabajar para poder vivir y que los resultados aprovechen a todos, especialmente a los que más lo necesitan. A muchos les cuesta entender que hacerme rico no figure entre las prioridades de mi vida”. 

De hecho, desde que Sanz montó la empresa, no ha cobrado un euro del negocio, al contrario, sigue invirtiendo porque, además de pagar a los caficultores, tiene ya en nómina a un equipo de 6 personas, tres con discapacidad intelectual y esperan incorporar otra más en breve

La propuesta de café de especialidad que genera impacto social y ambiental con cada taza que se consume le está encantando a las empresas. Por eso ahora se propone sumar a una veintena de inversores de impacto a Filantrópico en una ronda de family and friends que les permita crecer más rápido. Conseguirlo no es sencillo, aunque el modelo de negocio esté en ejecución y funcione, porque, según los estatutos, la empresa solo asume el retorno de la inversión, nada de repartir dividendos, ya que las ganancias serán reinvertidas en el proyecto o destinadas a donaciones para otros proyectos que encajen en su filosofía.

Esta será la primera vez que acudan a pedir financiación aunque, como reconoce Sanz, han recibido muchos apoyos para tejer una interesante red de empresas en cuyas oficinas han conseguido introducir sus máquinas superautomáticas y sus cafés especialidad. En un modelo B2B, las empresas pagan a Filantrópico 42 céntimos por cada taza consumida y con esto es con lo que se van financiando.

Ya son 32 empresas las que se han sumado y entre ellas las hay muy conocidas. «Tenemos clientes de distintos sectores y muchos de ellos son empresas muy conocidas a las que les enamora el proyecto y que no trabajan con nosotros por quedar bien de cara a los demás, sino por propia convicción, porque quieren cuidar de los demás y cuidar del planeta», dice el CEO.

De la abogacía no tiene tiempo de acordarse. “Me dedico a esto tan hiper-full-time que hasta soñando vendo tazas de café”, afirma. Aparte el exceso de cafeína, ¿qué tiene ahora que no tenía antes? : “Un proyecto propio ilusionante que estoy sacando desde cero y, aunque sea muy excitante y esté corriendo riesgos, cuando haces las cosas por algo que trasciende a lo personal, afrontas los sobresaltos de otra manera. Sabes que es un proyecto a largo plazo y que, si haces las cosas bien, tarde o temprano salen bien, así que ahora que ya tengo validado el modelo, te digo que este va a salir sí o sí”.

Ana Delgado