Quiet ambition: la Generación Z no quiere ascensos
Las empresas se encuentran con un nuevo reto: la quiet ambition. Muchos trabajadores, sobre todo los más jóvenes, prefieren no ascender y no asumir más responsabilidades

Hasta hace bien poco, la mayoría de los trabajadores aspiraban a ascender profesionalmente y asumir nuevas responsabilidades. Sin embargo, algo está cambiando, especialmente entre los más jóvenes.
La denominada quiet ambition encaja a la perfección en el contexto de la revolución laboral de la Generación Z que estamos viviendo y que pone sobre la mesa temas como la precariedad laboral y un nuevo orden de prioridades.
“La quiet ambition es un cambio cultural que están protagonizando las generaciones que se incorporan al mercado laboral, fundamentalmente los miembros de la Generación Z”, comenta Iñaki Ortega Cachón, profesor de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)..
“Es una nueva definición del éxito profesional. Consiste en trabajadores que, aun siendo excelentes en lo suyo, han decidido que ‘escalar la pirámide’ corporativa ya no es su prioridad. Está causada por un proceso acelerado por la pandemia de priorización del ocio frente al trabajo. Se trata de trabajar para vivir y no vivir para trabajar”, aclara.
Los expertos de la UOC, se muestran de acuerdo. “Esta tendencia, vinculada a la Generación Z, se basa en priorizar el bienestar personal por encima de la ambición laboral, los lugares de poder y las jornadas de trabajo maratonianas. El ascenso ha dejado de ser sinónimo de éxito, mientras que se impone la idea de que ‘la vida es lo que ocurre fuera del trabajo’“, apuntan en este artículo.
Las causas de la quiet ambition
La precariedad salarial es el principal motivo que subyace bajo la quiet ambition. “Durante muchos años, las organizaciones han asociado el ascenso a una mejora salarial, pero actualmente este incremento a menudo no compensa el coste real”, afirma Carlos González Reyes, profesor de Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) e investigador del grupo i2TIC-IA Lab.
“El cambio de posición supone más responsabilidad, más estrés y menos equilibrio personal. El problema no es sólo retributivo, sino de propuesta de valor. Los profesionales ya no valoran únicamente el sueldo, sino también la flexibilidad, el bienestar y el sentido del trabajo. Cuando esto no acompaña, el ascenso deja de ser atractivo”, explica.
“Hay personas para quienes ascender implica aumentar la responsabilidad. Y esto, a la vez, supone responsabilizarse de tareas de las que no quieren saber nada. Creen que ascender implica poner más horas a disposición del empleador cuando hay toda una serie de tareas de cuidados de personas dependientes o de un mismo que no pueden asumirse”, agrega Natàlia Cantó Milà, profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC, experta en sociología e investigadora del grupo GlobaLS.
Una ‘tormenta perfecta’
Pero no se trata sólo del aumento de responsabilidades y que éste no se vea compensando salarialmente. Ortega Cachón considera que la quiet ambition se explica por la confluencia de diversos factores que generan una “tormenta perfecta”.
“Primero, la pandemia provocó resetear prioridades y la digitalización acelerada con el auge del teletrabajo, lo que ha roto las barreras de la oficina, demostrando que se puede ser productivo sin estar 12 horas bajo el fluorescente”, anota.
“En segundo lugar, la crisis del 2008 y las siguientes han logrado una desconfianza de los trabajadores en las instituciones y, por tanto, hacia el liderazgo tradicional“, añade.
“Los Z han visto a sus padres sacrificarse por una empresa que luego les despidió con un correo. Y ellos mismos empiezan a trabajar con contratos precarios. El ‘contrato social’ empresa-empleado se ha roto”, sentencia.
¿Por qué aflora entre los jóvenes?
El profesor de la UNIR explica los motivos por los que la quiet ambition parece una tendencia más arraigada entre los miembros de la Generación Z.
“Son nativos de las tres letras ‘i’: internet, irreverencia e incertidumbre. Han crecido viendo crisis económicas y climáticas. Para ellos, el ocio y la salud mental es parte de su bienestar. No compran el relato de la ‘cultura del esfuerzo’ si no hay un retorno en esos términos. Para un Z, tener tiempo para sus proyectos personales o su salud es mucho más ‘ambicioso’ que gestionar un presupuesto millonario bajo un estrés crónico”, puntualiza.
De igual modo, Cantó hace hincapié en que un ascenso ya es entendido como sinónimo de éxito profesional. “Estamos ante un cuestionamiento del paradigma. Hay personas, que ya no son una minoría marginal, que dicen ‘no’ al ascenso a cualquier precio. No es una redefinición del concepto de éxito, sino más bien un cuestionamiento del modelo”, expone.
No sólo entre la Generación Z
En cualquier caso, esta quiet ambition no es un fenómeno que se dé exclusivamente entre los más jóvenes. De hecho, los datos del último ‘Informe sobre cambio de empleo’ de InfoJobs nos muestran que los menores de 35 años se muestran más proclives al ascenso que los mayores.
Según dicho estudio, el 57% de los menores de 35 años muestran interés en ascender, mientras que el porcentaje cae hasta el 39% entre los mayores de esa edad.
InfoJobs interpreta que esto es “señal de que cuentan con posiciones más asentadas y de que realizan una ponderación distinta de costes y beneficios al asumir más responsabilidades”.
¿Cómo impacta en la empresa?
La quiet ambition puede llegar a suponer un problema. “Las empresas se encuentran con que el liderazgo clásico transaccional de siempre (más sueldo a cambio de más horas) ya no funciona”, subraya Ortega Chacón.
“Tienen que pasar a un liderazgo transformacional que permita que los trabajadores encuentren en la empresa una herramienta no sólo para su desarrollo profesional, sino también personal. Las empresas han de tener directivos audaces que inspiren y creen seguidores no sólo subordinados”.
Por otro lado, hay que tener en cuenta que no se trata únicamente de la falta de disposición para ocupar puestos directivos. En EMPRENDEDORES contábamos hace algún tiempo que 3 de cada 5 mánagers (60%) admiten no sentirse preparados para liderar, según un estudio de Fresh People.
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