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Qué debe tener un plan financiero para lanzar tu negocio

Un plan financiero puede incluir, sin que te des cuenta, tanto la fecha de caducidad de tu negocio como garantizar la continuidad del mismo. Hacerlo bien depende de ti y ...

14/03/2023  Redacción EmprendedoresGestión
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Luis Núñez Monedero es socio director de Finout, una empresa que se dedica a externalizar las divisiones financieras y administrativas de las organizaciones. Experto en el área financiera y modelos de negocios, su dilatada carrera le ha permitido ayudar a más de un centenar de empresas de todo tipo y tamaño en su recorrido a la sostenibilidad económica, algo que depende, en gran medida, del plan financiero. Suyos son estos consejos para hacerlo bien.

1. Hacerlo

Lo primero que hay que decir del plan financiero es que hay que hacerlo. Su ejecución es inexcusable porque, como advierte este experto, “puedes tener la idea de negocio más brillante y el equipo más capaz del mundo, pero de poco sirve si no te detienes antes de lanzar tu producto o servicio al mercado, en aterrizarlo en el mundo matemático. Solo poniendo dígitos reales a las ideas sabrás si hay posibilidad de que la empresa sea rentable”.

Se trata, pues, de poner a priori números a todo, desde los recursos disponibles para arrancar el negocio, hasta el sueldo que vas a poner a cada empleado, los costes de fabricación, calcular gastos en proveedores, en tecnología… A todo. 

2. Cuándo y quién

“El plan financiero hay que hacerlo desde el minuto cero, inmediatamente después de que surge la idea de negocio. Al final no vas a vivir de la idea, sino de lo que vendas con ella, de los ingresos que te genere”. 

En opinión de Núñez, lo mejor es que sea el propio emprendedor quien estructure el plan, como ejercicio previo de reflexión, aunque luego recurra al servicio de un profesional que lo supervise y aporte una visión externa y objetiva.

3. Aspectos que debes contemplar

La misión del plan financiero es analizar la viabilidad del negocio en el corto, medio y largo plazo recopilando toda la información económica que se recoge en el plan de negocio. Partiendo de esta premisa, existen una serie de elementos que ningún plan financiero debe eludir:

1. Recursos financieros disponibles. Tanto para la puesta en marcha de la empresa como para la continuidad de la misma. La planificación ha de partir de una cuenta de pérdidas y ganancias. En el primer apartado se deben registrar tanto los costes fijos o directos, es decir, aquellos que hay que afrontar independientemente de lo que factures, y los gastos variables, aquellos que dependen de tu producto o servicio y que cambian dependiendo de la producción o la venta. En la segunda columna del documento, se anotan los ingresos o ganancias que vas generando.

Puesto todo en orden, al final debes desembocar en la tesorería que es, en opinión de Núñez, la verdadera brújula que te va a indicar si tu negocio va por buen camino o no. El control de la caja permite, además, anticiparse a posibles problemas de liquidez y mejorar la toma de decisiones. “Es fundamental saber cuánto dinero puedes quemar todos los meses atendiendo a lo que factures, solo así podrás actuar para mantener tu empresa saneada”.

2. Marcar objetivos y plazos. Los números resultantes del análisis previo te ayudarán a conocer el punto de equilibrio de tu empresa y, en función de este, marcar nuevos objetivos para seguir avanzando. El número de unidades de tu producto o servicio que necesitas vender para alcanzar el objetivo en el plazo propuesto; el incremento de gastos de producción; o la inversión y estrategias necesarias para captar nuevos clientes son algunos de los aspectos que deben tenerse en cuenta en esta hoja de ruta que se traza para cada etapa del negocio.

“El plan financiero es también un buen instrumento de aprendizaje que ayuda a mejorar la comprensión del negocio y sobre cómo debe fluir el dinero”, apunta Núñez.

3. Ser realista al medir resultados. Siempre se dice que el papel lo aguanta todo, pero de poco sirve engañarse con los números. “Los números te los tienes que creer, deben ser realistas, lógicos y evitar el exceso de optimismo”.

4. Análisis de la evolución del mercado. Como el mercado no está bajo el control de los emprendedores, conviene tener en cuenta aquellos factores externos que pueden desviar el rumbo financiero fijado y arbitrar posibles medidas de corrección en caso de que esto suceda. 

5. Hacerle caso: Ya se ha hablado muchas veces del enamoramiento de la idea que sufren muchos emprendedores y de los riesgos que ello conlleva. Sin embargo, son los números el mejor indicador de si una idea de negocio es buena o mala conforme a su encaje en el mercado. “Si los números no te salen, mejor desistir o rediseñarlo todo antes de que sea demasiado tarde”, es la severa advertencia que hace en este punto el director de Finout.

El aviso parece obvio, pero a veces lo que más falla es el sentido común. “Muchos se empeñan en seguir adelante aunque las cuentas no le salgan. Piensan que son pequeños tropiezos, retrasos en los objetivos previstos, que el tiempo les dará la razón y que, mientras, pueden enmendar las cuentas a base de lograr nuevas rondas de inversión, reducir la calidad del producto o, incluso, con sacrificios personales. Hasta llegar al punto de que su proyecto le llegue a hastiar. Antes de que esto suceda, yo recomiendo buscarse un trabajo”.

6. Revisarlo periódicamente.  Un plan de negocio no es algo estático, un documento que se hace una vez al principio y ahí se queda. Periódicamente tendrás que ir verificando resultados, comparando con tus objetivos y rehaciendo números permanentemente. Siempre con el objetivo de predecir el capital necesario para un futuro determinado y comprobar el uso adecuado de los mismos. 

Los principales errores

Confundir conceptos en el plan de negocio, como mezclar el IVA con la cuenta de resultados; exceso de optimismo, “especialmente en lo que atañe a los ingresos”; olvidar conceptos como las fuentes de financiación (no solo inversión), el análisis del punto de equilibrio o de riesgos; son los tres fallos principales que Núñez observa en sus clientes a la hora de diseñar su plan financiero.