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En caso de sanción

Si eres autónomo, conocer qué gastos de tu actividad profesional puedes desgravar y cuáles no te ayudará a mejorar tus cuentas. El problema es que a menudo ni siquiera los ...

21/10/2011  Redacción EmprendedoresGestión
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Cuidado con el “ya lo quitaré”, porque puedes incurrir en una doble sanción, por no pagar y por dejar de ingresar. A priori, como decíamos al principio, se contempla el principio de intencionalidad y culpabilidad. Aquí no cabe la ignorancia ni el descuido. Se entiende que ha habido negligencia y se sanciona. Si te regularizan, aumentan la base imponible del IRPF y te calculan una nueva cuota sobre esa nueva base. Por ejemplo, imagínate que te deduces 1.000 euros por la compra de un coche y que tus beneficios son de 20.000 euros. Si el inspector considera que esos 1.000 euros no son deducibles, la base imponible sube a 21.000 euros. Si tienes un tipo medio de IRPF del 25% y has pagado 6.000 euros vía retenciones, al aumentar la base imponible se supone que tienes que pagar 250 euros más (el 25% de los 1.000 euros que no te han admitido). La cuota resultante a pagar serían esos 250 euros más la sanción (un 50% de lo que has dejado de pagar, en este caso 125 euros) más los intereses de demora sobre la cantidad que falta por pagar (un 5% anual). Si detectas que has cometido un error y quieres presentar una complementaria, lo que debes pagar es un recargo (si has dejado de pagar algo que debías), que es de un 5% si han pasado entre 1 día y 3 meses; el 10%, entre 3 y 6 meses; el 15%, entre 6 y 9 meses, y el 20% si supera esa cantidad.

Y, ¿de quién es la culpa, del asesor o del contribuyente? Hacienda va siempre contra el contribuyente, pero éste puede demandar a su asesor. Para ello tiene que demostrar que ha incurrido en un error y esto no es fácil de demostrar. Hay casos en los que son los asesores, los que piden al contribuyente que firmen un documento exculpatorio cuando aconsejan en un sentido y el cliente decide ir por otro camino.

Redacción Emprendedores
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