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Deepfake: la IA que interviene en un tercio de los procesos electorales

Podría decirse que la ‘deepfake’ es la evolución de las ‘fake news’ que ha traído la IA generativa, presente ya en un tercio de los procesos electorales que se celebran.

08/05/2024  Ana DelgadoGestión

Un deepfake o falsedad profunda es un tipo de contenido multimedia hiperrealista (vídeo, imagen o audio) que ha sido manipulado utilizando técnicas de Inteligencia Artificial (IA), principalmente de aprendizaje profundo, para que parezca que alguien está diciendo o haciendo algo que en realidad ni ha dicho ni ha hecho. Está presente en muchos ámbitos, en la mayoría de los casos con intenciones maliciosas, como la difusión de información falsa, dañar la reputación de alguien o para cometer estafas y fraudes. Tampoco la política es ajena a este fenómeno.

En Check Point, empresa de origen israelí especializada en soluciones de ciberseguridad, han llevado a cabo un análisis de los 36 procesos electorales celebrados en el mundo desde el pasado mes de septiembre hasta hoy concluyendo que en 10 de ellos se ha recurrido al deepfake.

El ‘deepfake’ en la política

Lo cuenta Eusebio Nieva, director técnico Check Point España quien distingue tres ámbitos de aplicación de deepfake.

1. El mismo candidato. Se trata de usar una tecnología relativamente sencilla para mejorar la imagen del candidato y hacerla más atractiva físicamente. Podría compararse con los antiguos retoques de Photoshop. Un ejemplo reciente lo representa la candidata francesa Juliette de Causans al Senado por el departamento de las Ardenas, quien no tuvo empacho en manipular su imagen del cartel electoral excesivamente alejada de la realidad. La imagen se hizo viral y se convirtió en motivo de mofas y memes durante unos días. No pasa de ser un hecho anecdótico

2. Entre contrarios internos. Aquí entrarían los distintos partidos políticos con representación parlamentaria en un país concreto y el permanente rifirrafe de acusaciones difundiendo imágenes y videos de autopromoción y ataque al contrario. 

También aquí hay unos cuantos ejemplos, como el de los candidatos a la presidencia de las últimas elecciones argentinas, el conservador Javier Milei y el peronista Massa. En la campaña se pudo ver a Milei en un video con aspecto de psicópata insertado en una escena de La naranja mecánica o en otra creación audiovisual donde el líder de derechas se plantea un mercado de órganos humanos. El equipo de campaña de Milei, por su parte, contraatacó compartiendo imágenes creadas con inteligencia artificial donde se ve a un Massa como una especie líder comunista chino. Según algunas fuentes, el video se reprodujo más de 30 millones de veces.

3. Entre naciones. Aquí el asunto es todavía más grave porque la intención es desestabilizar a otro país y frustrar un proceso electoral cuyos resultados serían supuestamente contrarios a los intereses del país que realiza el ataque. Valgan como ejemplo el conflicto bélico entre Rusia y Ucrania donde se habla de un cuarto frente bélico basado en el uso de la IA para fines de construcción narrativa interesadas. También se publicaron relacionadas con los esfuerzos de China por influir en las elecciones de Taiwán mediante la utilización de tecnologías avanzadas de inteligencia artificial.

Deepfake: la IA que interviene en un tercio de los procesos electorales

El dividendo mentiroso

Es una expresión bastante recurrente entre los que se dedican a la ciberseguridad, también conocida como la paradoja de la desconfianza. El fenómeno surge a raíz de la proliferación de la desinformación y las falsificaciones, especialmente en la era de las tecnologías profundas o deepfakes.

Consiste, básicamente, en generar una información falsa que parece real porque nos interesa, bien para desviar la atención de acusaciones más graves, bien para negar la autenticidad de una información verídica. Se trata de ganar credibilidad a base de mentiras.

Un caso de estos se produjo en 2019, con un video que mostraba al presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, admitiendo haber ordenado ejecuciones extrajudiciales el cual fue etiquetado como deepfake por sus partidarios, a pesar de que era real. 

Los más propensos

Dice Nieva que en el caso de España no tienen evidencias de que se haya producido un caso de deepfake grave teniendo de cuenta que, a mayor grado de madurez democrática en un país, menos riesgo de que se ponga en marcha esta práctica.

No obstante, señala que cuanto más polarizadas están las posiciones política en campaña, mayor es la posibilidad de que suceda, por lo que es importante mantenerse alerta, especialmente a escasos días de celebrarse el proceso electoral, que es cuando se concentran más deepfake y noticias falsas por la sencilla razón de que no hay tiempo para desmentir y contrastar. A juicio de Nieva hay que desconfiar de cualquier noticia espectacular e inesperada que surja esos días. 

¿Cómo combatirlo?

Según Nieva no existen muchas herramientas que combatan el problema. Sí las hay a un alto nivel, con fuertes inversiones e investigaciones profundas, pero no a nivel de usuario de andar por la calle. Tampoco la ley tiene mucho que hacer a nuestro favor por la polémica y los peligros que generaría anular un proceso electoral, aunque quede demostrada la manipulación con IA.

En relación con las redes, recuerda asimismo Nieva la facilidad de crear cuentas falsas para manipular a la opinión pública. También le parecen sospechosas a este experto las supuestas conversaciones robadas o declaraciones fuera de micrófono.

Así que la forma más eficaz de identificarlas son las herramientas de toda la vida: la formación, la atención, el contraste informativo y la alfabetización mediática robusteciendo la información que aportan los profesionales frente a lo que algunos llaman el periodismo ciudadano que encuentra en las redes su principal campo de cultivo. Subraya también la importancia de evitar sesgos como el de la confirmación consistente en quedarnos solo con aquellas informaciones u opiniones que ratifican las propias creencias o hipótesis, abogando por la independencia intelectual.

Ana Delgado