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Aislamiento y teletrabajo: tan arriesgado como fumar 15 cigarrillos al día

Algunos expertos en psicología equiparan el aislamiento que genera el teletrabajo a fumarse 15 cigarrillos al día. Se apoyan en evidencias científicas

Teletrabajo y aislamiento
Aleix Hildebrandt.

El aislamiento no es bueno. Autónomos, teletrabajadores y plantillas híbridas han sustituido las conversaciones de pasillo por cadenas de correos, las llamadas por mensajes de WhatsApp y los cafés compartidos por pantallas divididas.

Una transformación silenciosa que, según alerta el psicólogo Aleix Hildebrandt, profesor de la Universitat Carlemany, está dejando una huella profunda en la salud mental y física de millones de personas.

“Hemos pasado de lo presencial al teléfono, y del teléfono al mensaje escrito. Cada salto ha hecho la comunicación más eficiente, pero también más fría. Muchos profesionales no se han dado cuenta de que esa pérdida acumulada tiene un precio, y ese precio se paga con salud”, afirma el experto.

El Robinson moderno

“El Robinson Crusoe moderno no está en una isla desierta, está en una multitud de pantallas. No le falta información, le falta presencia” humana, continúa este profesor.

A esta circunstancia se añade la eliminación de lo que los sociólogos llaman ‘lazos débiles’. Se incluyen aquí las interacciones breves y espontáneas que ejercemos en el día a día. Algo tan sencillo como dar los buenos días al entrar en  la oficina o comentar una película con algún compañero es el pegamento de la vida profesional. Sin ellas, el vínculo con el trabajo se convierte en mera transacción

La soledad enferma

La Organización Mundial de la Salud declaró la soledad una prioridad sanitaria global en 2023. Ese mismo año, el Cirujano General de Estados Unidos (máximo portavoz de salud pública del gobierno federal) publicó un informe que la calificaba la soledad de “epidemia”.

Existen evidencias científicas de que la soledad crónica aumenta el riesgo de padecer depresión, ansiedad, deterioro cognitivo y enfermedad cardiovascular.

“El correo electrónico es eficiente, pero la voz humana regula emociones. Ningún mensaje escrito puede hacerlo.”

Los trabajos de la investigadora Julianne Holt-Lunstad cifran el riesgo de mortalidad asociado a la soledad prolongada como comparable al de fumar aproximadamente quince cigarrillos diarios, y superior al de la obesidad o el sedentarismo. Entre los mecanismos identificados figuran la inflamación crónica de bajo grado, la alteración del sistema inmune y una peor regulación cardiovascular.

Un perfil que crece

Apoyándose en su propia experiencia en la consulta, Aleix Hildebrandt refiere un perfil cada vez más frecuente. Son profesionales competentes que, sin darse cuenta, han dejado de tener conversaciones que no sean funcionales.

“Llegan con irritabilidad persistente, dificultades para desconectar, rumiación sobre correos que releen veinte veces buscando un tono que quizá no existía, y una sensación difusa de estar a la deriva. Muchos lo atribuyen al exceso de trabajo, pero el problema de fondo es otro: han perdido presencia humana en su día a día”.

Lo de mayor exposición

El aislamiento laboral no afecta a todos por igual. Los perfiles de mayor riesgo son quienes viven solos, los autónomos que carecen de un equipo estable, quienes se incorporan a una empresa ya en remoto y quienes residen en entornos rurales o zonas poco pobladas. 

También las personas introvertidas, que tienden a no forzar el contacto, y quienes atraviesan transiciones vitales como mudanzas, separaciones o duelos.

“El teletrabajo no es el villano de esta historia”, matiza el psicólogo. “Tiene ventajas enormes en conciliación, autonomía y calidad de vida. El problema aparece cuando la flexibilidad se convierte en aislamiento sin que nadie lo haya decidido de forma consciente. La solución no es volver a la oficina cinco días a la semana, sino diseñar una vida laboral en la que el contacto humano ocupe un lugar que no sea residual”.

¿Cómo prevenirlo?

Como medidas de prevención, Aleix Hildebrandt propone una serie de prácticas para proteger la salud en contextos de trabajo remoto o independiente. Son estas:

  • Ritualizar el contacto por voz. Programar llamadas breves periódicas, no solo cuando hay urgencia. Recuperar el teléfono para lo que no es transaccional.
  • Incorporar al menos un día híbrido, de coworking o de trabajo en un espacio compartido cada semana. El cambio de entorno tiene un efecto psicológico mayor al que parece.
  • Marcar límites claros de inicio y fin de jornada. Un paseo antes y después de trabajar funciona como ritual de entrada y salida y separa el espacio personal del profesional.
  • Cultivar activamente los lazos débiles: la comida mensual con excompañeros, tomar un café con el colega que está en otra empresa o las comunidades profesionales. Son inversiones baratas en tiempo y muy rentables en bienestar.
  • Detectar las señales de alerta: irritabilidad sostenida, insomnio de más de dos semanas, pérdida de disfrute en actividades que antes gustaban, aumento del consumo de alcohol o pantallas. En circunstancias como éstas, conviene ya consultar con un profesional.

“La soledad laboral actúa como un goteo: invisible hasta que pasa factura”, concluye el psicólogo. “Nombrarla es el primer paso para dejar de normalizarla. Y ponerle remedio suele ser más sencillo de lo que parece: casi siempre empieza por una llamada”.

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