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La matemática del éxito de KüchenHouse

Negocio testado, demanda continua, acompañamiento real, ADN tecnológico… Todas las claves que han llevado a la marca a liderar el segmento de mobiliario de cocina.

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En el mundo del hábitat –donde conviven la emoción, el metro cuadrado y la letra pequeña– hay marcas que venden cocinas, y luego está KüchenHouse, que ha decidido jugar otra partida: convertir el mobiliario de cocinas en un negocio medible, controlable y, sobre todo, rentable.

No es poesía: son números. Y en tiempos de incertidumbre, los números suelen ser el idioma más persuasivo.

Con quince años de trayectoria en España y una red de 20 locales en expansión, KüchenHouse se ha ido despegando del tópico de “tienda de cocinas” para operar como una “marca inteligente”. Hablamos de una organización con método, tecnología y un modelo “llave en mano” diseñado para que el inversor no dependa de la improvisación sino de un sistema.

KüchenHouse ocupa el hueco que otros dejaron

Más que inventar algo, el mérito de KüchenHouse ha sido ocupar un vacío. Por un lado, está el comercio tradicional: valiente, cercano… y demasiadas veces desordenado, sin estandarización, con gestión irregular. Por otra parte, las grandes superficies de batalla: precios bajos, sí, pero a costa de la personalización y la experiencia.

Y justo aquí ha abierto KüchenHouse una ventana de oportunidad, con una propuesta que definen como Premium–Lujo accesible.

¿Y en qué consiste esta propuesta? En producto exclusivo, diseño cuidado, proceso industrial con precisión alemana y un discurso de marca reforzado por una imagen pública reconocible -el prestigioso chef Martín Berasategui–, sin caer en el elitismo.

A todo lo anterior se suman varios aspectos vitales para cualquier inversor: exclusividad del 100%, con márgenes superiores al 30% dentro de una operativa auditada y replicable.

Rentabilidad con calendario: cuando el negocio deja de prometer y empieza a devolver

Hay un detalle que en franquicia suele ser música: la marca no cobra cánones ni royalties. Además, la inversión global puede iniciarse desde 150.000 euros, con una aportación personal de 30.000 euros.

En este punto KüchenHouse saca pecho con una idea muy concreta: la “matemática del éxito”, que se traduce en varias cifras:

  • Inversión inicial desde 150.000 euros sin cánones ni royalties.
  • Break-even operativo: entre el mes 7 y 9.
  • EBITDA superior al 15% y margen bruto del 30%.
  • Pay-back completo: menos de 36 meses.
  • Histórico estimado: 18 a 24 meses en muchos casos.

Estos plazos no se sostienen con entusiasmo, sino con control. A partir de aquí, la central trabaja con KPIs en tiempo real y vigila tres palancas muy concretas: 

  1. La afluencia, con un objetivo de más de 20 visitas al mes. Si el dato se desvía, se activan campañas de marketing para corregirlo.
  1. El ratio de conversión, con una meta de entre el 30% y el 50%, respaldada por formación continua al equipo comercial.
  1. El ticket medio, situado entre 10.000 y 15.000 euros, que se optimiza con estrategias de cross–selling bien enfocadas.

Este rigor en las cifras, además, se vio respaldado con el Certificado de Excelencia en Gestión Empresarial durante tres años consecutivos (2019–2021). Se trata de un reconocimiento que, según los datos aportados, solo logran 47 de cada 1.300 empresas, tras superar 57 indicadores.

La diferencia que el cliente entiende en diez segundos: tecnología 4D

Pero no son estos –ni mucho menos– los únicos elementos en la ecuación de éxito que ha formulado KüchenHouse.

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KúchenHouse es una organización con método, tecnología y un modelo “llave en mano” diseñado para que el inversor no dependa de la improvisación sino de un sistema.

En un sector donde muchos aún venden con catálogo y promesa, la compañía apuesta por un factor que reduce fricción: Realidad Virtual 4D, junto con Inteligencia Artificial y aplicaciones propias.

Traducido al lenguaje del cliente: ponerse unas gafas y “vivir” la cocina antes de comprarla. Traducido al lenguaje del inversor: menos incertidumbre, más confianza y, por tanto, una tasa de cierre que –según el planteamiento del modelo– se dispara.

La tecnología aquí no es un adorno. Es una herramienta comercial.

“Llave en mano”: el copiloto que evita el accidente del primer año

El argumento más convincente para un inversor sin experiencia en el sector no es que “aprenda rápido”, sino que no vaya solo. KüchenHouse estructura su modelo como un acompañamiento real, donde la central actúa como copiloto operativo, encargándose de:

  • Búsqueda y negociación del local mediante Big Data y geomarketing.
  • Diseño y ejecución de la obra y montaje del showroom.
  • Selección, formación y seguimiento del equipo comercial.
  • Marketing proactivo para generar leads cualificados desde el primer día.
  • Departamento Técnico que acompaña día a día al negocio.

El resultado prometido es relevante: apertura en 3 a 4 meses y posibilidad de alcanzar autonomía total incluso para emprendedores que empiezan desde cero en el sector.

Un sector con ventajas estructurales (y eso es oro)

Aquí aparece otra razón por la que el modelo encaja con perfiles inversores: el sector cocina –bien gestionado– presenta tres ventajas intrínsecas difíciles de copiar en otros negocios:

  • Ausencia de stock. Se fabrica a medida tras el pedido; menos inmovilizado, menos riesgo.
  • Compra planificada. El cliente no compra por impulso, compra por proyecto; el proceso comercial se puede trabajar con método.
  • Demanda continua. Reformas y obra nueva sostienen el mercado.

Además, el sistema favorece alianzas con arquitectos, promotoras y empresas de reformas, ampliando el flujo de oportunidades y diversificando ingresos.

El cierre: KüchenHouse busca socios, no espectadores

Bajo el liderazgo de su CEO, César Losada, KüchenHouse se presenta como una opción para inversores que quieran liderar una zona con un negocio testado y con alta fidelidad dentro de su red.

Con la promesa de financiación del 100% del proyecto y un soporte integral 360°, el mensaje es claro: aquí no se trata solo de abrir una tienda, sino de operar un sistema.

Y al final, de eso va la inversión inteligente: de poner el dinero en un lugar donde el talento no dependa de la suerte, sino de un modelo que ya ha demostrado que sabe caminar sin tropezar cada diez pasos.

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