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Cómo llegar a ser experto o experta en ciudades inteligentes

Agilidad, empatía, conocimentos tecnológicos pero también en diversas materias, son algunas de las cualidades que se requieren para ser profesional en el ámbito de la movilidad y las smart cities,

30/04/2024  Ruth PereiroFormación

La tendencia a crear entornos urbanos eficientes, sostenibles, inclusivos y diseñados para mejorar la calidad de vida también alcanza a la necesidad de profesionales que sean capaces de acompañar esta transformación. Sin embargo y según coinciden las personas expertas en este artículo, este perfil resulta complejo pues no basta con tener conocimientos técnicos o parciales en una materia que requiere de una visión más amplia. 

Rodrigo Miranda
Managing Partner de ISDI

Isdi logo

En ISDI, nos apasiona la tecnología y siempre estamos buscando oportunidades para formar parte del cambio. Por eso, somos conscientes de cómo las Smart Cities y la movilidad revolucionan los negocios.

Dentro de las Smart Cities, el juego se centra en encontrar ese balance perfecto entre personas, tecnología y sostenibilidad. Voy a destacar algunas áreas clave que creo fundamentales:

  • Necesitas ser un todoterreno profesional, empapado en IA, Big Data, IoT… porque la mezcla de estas tecnologías es lo que va a marcar la diferencia.
  • La práctica en casos reales, como solemos priorizar en nuestros programas. Colaborar y estar al día de proyectos innovadores (startups). Liderar y gestionar proyectos complejos y, no menos importante, es la formación en sostenibilidad.

Aunque nuestro terreno de juego son los negocios digitales, las ciudades inteligentes no nos son ajenas. Lo que buscamos es que salgas de ISDI listo para cualquier desafío que te lance el futuro, ya sea en el aula, en la oficina o, por qué no, en el corazón de una ciudad inteligente. Lo que de verdad importa es estar siempre preparados.

Fabiola Pérez Ramos
CEO y cofundadora de MIOTI Tech & Business School

Mioti logo

En el diseño de programas educativos para la movilidad y las ciudades inteligentes, la interdisciplinariedad se presenta como un componente esencial. La participación activa de diversos actores, como empresas, gobiernos y ciudadanos, garantiza la relevancia y aplicabilidad de soluciones. Sin embargo, en la era del Internet de las Cosas, la interconexión de dispositivos y la recopilación masiva de datos ofrecen un nuevo horizonte de posibilidades educativas. Asimismo, la adaptabilidad constante también es fundamental en un entorno tecnológico en evolución, que requiere una actualización continua de los contenidos formativos.

Además, la sostenibilidad emerge como un pilar clave, enfatizando la importancia de soluciones respetuosas con el medio ambiente. Aquí es donde el IoT desempeña un papel crucial al proporcionar herramientas para monitorear y gestionar los recursos de manera más eficiente. Al integrar estos componentes en los programas educativos, sobre todo los ejecutivos, podremos prepararnos para afrontar los desafíos de un mundo cada vez más tecnológicamente avanzado.

Adolfo Núñez Sarompas
Experto en sostenibilidad ambiental en la UDIMA

Udima

En lo referente a la movilidad en general y a las ciudades inteligentes en particular, se están estableciendo ahora las bases que marcarán su futuro a corto y medio plazo. Existen distintas tecnologías, con diferentes grados de maduración, las cuales pretenden dar respuesta a una misma necesidad o cubrir un nicho específico del mercado. Algunas tendrán éxito mientras que otras, por prometedoras que puedan parecer, se quedarán por el camino. La formación deberá tener en cuenta estas circunstancias, actualizándose de forma dinámica y continua, de modo que los alumnos sean capaces de adaptarse y prever hacia dónde se dirigen los cambios. Los avances serán globales y afectarán a la economía, la legislación, al urbanismo, al mercado laboral e incluso a los comportamientos sociales. Se necesita que las partes implicadas, ya sean técnicos o no, puedan ser capaces de hablar un mismo lenguaje para avanzar conjuntamente a una meta común. Para ello es esencial desarrollar una formación específica para los no técnicos, enfocada a responder a sus necesidades profesionales afectadas por estos cambios presentes y futuros.

Carlos Arroyo Zapatero
Doctor Arquitecto y Urbanista, Universidad Europea de Madrid

Cómo llegar a ser experto o experta en ciudades inteligentes

Es fundamental aplicar las metodologías de aprendizaje basado en proyectos (PBL), que es el ADN de la Universidad Europea, en un ámbito en evolución constante y que requiere una visión transdisciplinar.
Involucrar a los estudiantes en la identificación de problemas reales en su entorno, planteando intervenciones concretas, les permite desarrollar habilidades blandas como el trabajo en equipo, la comunicación efectiva, el pensamiento crítico y la resolución de problemas, aprendiendo a detectar autónomamente lo que necesitan aprender para convertirse en agentes de cambio y líderes en la búsqueda de soluciones innovadoras y sostenibles para los desafíos urbanos contemporáneos.
El PBL implica un enfoque interdisciplinar, integrando tecnología emergente como la inteligencia artificial, Big Data, o el Internet de las cosas (IoT), desde la sociología, la participación ciudadana  y las políticas públicas, desarrollando nuevas visiones en planificación urbana, la ciudad de los cuidados, prácticas sostenibles en movilidad, accesibilidad universal, con educación en ética, privacidad, transparencia e inclusión.

José Luis Blanco
CEO de Madrid Executive Business School, MEBS

logo de Madrid Executive Business School, MEBS

¿A quién no le gustaría vivir en un entorno urbano que sea eficiente y sostenible? Ese sueño ya comienza a tener forma. Las ciudades son cada vez más inteligentes, innovadoras, resilientes, responsables, inclusivas…, en definitiva, más habitables. Pero aún queda un buen trecho para lograr ese lugar ideal, sin que sea una utopía. 

No es fácil encontrar expertos que impartan formaciones específicas en la integración de tecnologías emergentes, así que mucho menos, profesionales ya formados que las lleven a cabo. La constante evolución del panorama urbano y del tecnológico necesitan expertos ágiles, empáticos, actualizados, flexibles, con conocimientos no solo tecnológicos, sino sociales, de medio ambiente, legislativos, sanitarios, etc. 

Las empresas, tanto públicas como privadas deben informarse, innovar, poner a prueba sus proyectos, ser críticas, analizar resultados, tanto a corto como a largo plazo, y escoger las opciones que más beneficios vayan a aportar a la sociedad y medio ambiente -local y globalmente-, independientemente de los intereses políticos de cada nación. 

Antonio Lucio Gil
Profesor externo de Movilidad Sostenible en la EOI y Miembro del Consejo Académico de AEDIVE

EOI logotipo

Es bien sabido que los retos de la descarbonización del transporte y la movilidad están en el corazón de las estrategias de mitigación del cambio climático; quizás sean su principal quebradero de cabeza; desde luego son la verdadera piedra de toque de su eficacia. El transporte es responsable en España del 30% de las emisiones de gases de efecto invernadero y representa el 36% del consumo final de energía. Pero, su realidad problemática, más allá de las implicaciones en energía y clima, incide en otros muchos aspectos críticos, sociales, económicos, y ambientales (como la contaminación local impactante en la salud humana), necesitados de atención máxima. 

Reduciendo nuestro foco a “energía y clima” la incomodidad no puede ser mayor. Los países que se tienen por líderes, y reportan a la opinión pública sus reducciones anuales de emisiones en términos llamativos (como ejemplo, Reino Unido, 5,7% España, 5,6%), han de reconocer que en transporte y movilidad las cosas no avanzan, pese a la mayor presencia de vehículos eléctricos en sus calles (en Reino Unido más de un millón).

Cuando se hace un ejercicio diligente de estimaciones resulta ineludible reconocer un aspecto crítico que se suele pasar por alto en las “comunicaciones al uso” (institucionales, empresariales, periodísticas), a saber, la jerarquía en las fuerzas motrices para que ese cambio prescrito tenga lugar. Nuestro Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030 (PNIEC) es muy claro: en el sector transporte el objetivo es una reducción del 33% de las emisiones, entre 2020 y 2030, unas 27 Mt CO2 equivalente. A la pregunta de cómo se plantea conseguir esta reducción, se responde que “la principal fuerza motriz impulsora de la descarbonización del sector de la movilidad-transporte” recae en “un cambio modal que afectará al 35% de los pasajeros-kilómetro que hoy día se realizan en vehículos convencionales de combustión”, apostando por “la reducción de los tráficos, el uso del transporte público colectivo, la movilidad sostenible y la electrificación en lo que a los consumos energéticos del sector del transporte se refiere”.  Para operar este cambio modal se ha depositado inicialmente la confianza  en la figura de las Zona de Bajas Emisiones (obligatorias para las poblaciones de más de 50.000 habitantes, según el artículo 14 de la Ley 7/2021, de 20 de mayo, de cambio climático y transición energética, y reguladas por el Real Decreto 1052/2022, de 27 de diciembre).  En un segundo momento se añade, “la otra fuerza motriz impulsora de la descarbonización del sector” será la presencia de renovables en la movilidad transporte que alcanzará en 2030 el 28% por medio de la electrificación (5,5 millones de vehículos eléctricos en ese año) y el uso de biocarburantes avanzados. 

Tenemos la percepción de que toda la “atención” está poniéndose en la segunda fuerza motriz del cambio, la que podemos identificar como binomio vehículo eléctrico- electricidad renovable; de manera que las previsiones de esfuerzo en formación se hacen en este campo. Sin embargo, quedan desatendidas las necesidades de formación de la principal fuerza motriz, la del cambio modal. Frente a ello, la conclusión no es reducir “atención” a aquella para dárselo a esta. De ninguna manera. No se trata de distribuir la “atención” que actualmente se dedica a la formación en este ámbito, sino de ampliarla mucho más, de manera que aumente respecto al binomio vehículo eléctrico-electricidad renovable, y, a su vez, se haga significativa en relación con el cambio modal.

Sobre la necesidad de prestar más atención en general a la formación con relación a la transición ecológica, hay algo en lo que venimos insistiendo en diversas publicaciones, y que viene al hilo, a saber, la procedencia de revertir el “exceso de agenda” (visión sistémica a priori plasmada en agendas), y el “déficit en implementación” (conocimiento experimentado y contrastado en escenarios locales concretos). La formación es consustancial a la implementación, se materializan en simbiosis; sin embargo es virtual y especulativa en relación con las agendas. Un excelente ejemplo de ello, en el ámbito de la movilidad sostenible, sobre la que hemos escrito, es la campaña «Keep on Running», que se desarrolló con ocasión de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, en la que participaron el 80% de las empresas de más de 100 empleados de la ciudad. Se aprendió “haciendo”, todos de todos. 

Volviendo al binomio vehículo eléctrico-renovables, el informe de Boston Consulting Group para AEDIVE, presentado en enero del 2022, estimaba que 165.000 puestos de trabajo necesitarán cualificación específica, a causa de los nuevos empleos del sector y la adecuación de los existentes a las nuevas necesidades de la industria.

Focalizándonos en la formación para el cambio modal, que, como sabemos, desde el punto de vista normativo, se ha confiado a la figura de las Zonas de Bajas Emisiones, apuntaríamos una consideración estratégica, que requeriría de un desarrollo argumental en el que ahora no podemos extendernos. Esto es, por sí mismas no son un instrumento decisivo, con capacidad “automática”, sino que más bien hay que entenderlas como un “vector” sobre el que integrar estrategias de movilidad singularizadas por puntos del metabolismo urbano de generación/atracción de desplazamientos, elaboradas humilde y artesanalmente sobre tres bases, como son la información/caracterización suficiente, la concertación y la flexibilidad resultante de las dos previas; todo ello con una intensa inteligencia hacia el transporte público y la movilidad no motorizada. Lo cual nos recuerda que no hay “soluciones mágicas”, y nos reconduce a la esforzada y cotidiana labor “en lo pequeño y próximo”, sobre lo que se vienen trabajando desde hace lustros, en torno a las figuras de los PMUS  (planes de movilidad urbana sostenible) y, sobre todo, y este es el punto al que queremos llegar, en torno a la figura de los PTT (planes de transporte al trabajo) o similares. En ese contexto se generaron manuales y guías iniciales, con enfoques complementarios, que siguen conservando su vigencia, como la  IDAE o la Fundación Movilidad. Desde entonces, se han sumado instrumentos de este tipo en el ámbito de la seguridad vial, la prevención de riesgos laborales, la promoción de la salud, la energía y el clima, etc; y se han desarrollado normas y estándares. Pero no se ha propiciado, con la diligencia debida, el “actuar” de manera significativa, como si se hizo con aquella experiencia de Londres 2012 que mencionamos; y, resulta que en las transiciones se “aprende haciendo”, y se hace más esencial que nunca la noción de “savoir faire”. 

En ese sentido, tienen una especial importancia que se activen previsiones como las que se contemplan en ciertos PMUS, como es el caso de “Madrid 360”, cuyo “eje estratégico 8: aplicar elementos tecnológicos y logísticos innovadores para optimizar los servicios de movilidad”, incluye una medida 8.3 que integra tres acciones, que pasamos a referir:

• Acción 91. Promover un acuerdo de colaboración con las empresas para la realización de Planes de Transporte al Trabajo que impulse el teletrabajo y otras medidas de movilidad sostenible. 

• Acción 92. Apoyar técnicamente, desde el Ayuntamiento, a las empresas en la realización y ejecución de los planes de transporte. 

• Acción 93. Favorecer la aplicación de Planes de Movilidad en Áreas de Actividad Económica

En el desarrollo de estas humildes acciones se encierra buena parte de la efectividad de las ZBE, y , en definitiva, la clave de “la fuerza motriz principal impulsora de la descarbonización del sector de la movilidad-transporte”, como la define el PNIEC. Y, recordemos, la formación es consustancial a su implantación, ambas se retroalimentan.