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Ignacio Aguirreche
Ignacio Aguirreche Schaafsma CEO de Tiampe

Revolución verde: ¿Por qué las empresas se lanzan a la conquista sostenible?

Este experto plantea un análisis sobre por qué las empresas españolas se están lanzando ahora con tanta fuerza hacia la sostenibilidad

08/07/2024  Redacción EmprendedoresFirmas
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Revolución verde: ¿Por qué las empresas se lanzan a la conquista sostenible?

“Si alcanzamos nuestras metas de sostenibilidad, pero nadie nos sigue, habremos fallado”. Esta simple frase pronunciada hace unos años por el célebre empresario holandés Paul Polman, pionero en responsabilidad ambiental corporativa, ha terminado por convertirse en una especie de profecía autocumplida que marca hoy el paso del panorama en Europa.

Se cuentan por miles las empresas que cada año se suman a una revolución verde que no solo transforma de forma radical los hábitos de consumos de los ciudadanos, también el modo en que las organizaciones estructuran sus procesos internos y desarrollan su cadena productiva.

El impacto de esta industria transversal en nuestro país resulta innegable. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), las actividades vinculadas a la protección del medio ambiente y la gestión de recursos naturales generan cada año unos 30.000 millones de euros, lo que representan el 2,30% del PIB nacional.

El sector da trabajo en España a más de medio millón de familias y va camino no de poder satisfacer sus propias demandas dentro de un lustro: un informe de la Comisión Europea estima que para 2030, y pese al gran crecimiento que experimentaremos, habrá unos 50.000 empleos verdes sin cubrir dentro de nuestras fronteras.

El escenario plantea certezas tangibles a partir de las cifras, pero también un puñado de interrogantes que a muchos nos golpean al contemplar el comportamiento de un mercado que avanza como un tsunami. ¿Por qué la ola sostenible se eleva a tanta velocidad?

Seguramente la primera causa tenga que ver con un efecto disuasorio vinculado a la voluntad institucional global. Los marcos regulatorios y normativas ambientales se están implementando con agresividad en diferentes regiones del planeta.

Organismos como la ONU o la propia UE marcan el paso en torno a ellos, apoyados en estrictos protocolos que restringen emisiones y exigen acciones sostenibles. Para las empresas, cumplir con esto no solo evita sanciones, también abre puertas a beneficios fiscales y subvenciones gubernamentales de distinta clase.

Sin embargo, afirmar que la única motivación de las organizaciones responde al cumplimiento de la ley implicaría caer en una simplificación excesiva. La conciencia ambiental ha experimentado un auge significativo en el plano social impulsada por los propios consumidores.

Un ejemplo de ello lo representa la llamada Generación Z –1995-2005–, que emerge como unos de los segmentos poblacionales más influyente y prioriza el compromiso sostenible en sus decisiones de compra. Las marcas, sin ninguna duda, ven en hechos como éste una oportunidad a explotar de forma comercial.

Esta última idea alimenta un principio consolidado ya en el mercado global y que tiene mucho que ver con la vertiente económica del asunto: la rentabilidad puede dispararse cuando una empresa, además de sus servicios, vende una filosofía de trabajo que repercute de forma positiva sobre la sociedad.

Así lo pone de manifiesto, por ejemplo, un reciente estudio elaborado por la consultora estadounidense Gartner, que revela que el 69% de los CEOs ven la sostenibilidad como un polo de inversión beneficioso que, además, emerge como en una de las principales oportunidades de crecimiento en 2024.

Otra investigación publicada por el Foro Económico Mundial señala también que las empresas que cuentan con estrategias sostenibles bien definidas y publicitadas tienden a atraer más inversión, pública y privada, que las que carecen de ellas.

En un escenario más próximo, contamos con indicadores que apuntan en la misma dirección. Un informe de la Red Española del Pacto Mundial –entidad que asocia a más de 2.000 empresas nacionales– concluye que el 94% de las compañías del IBEX-35 desarrolla acciones destinadas a potenciar la economía circular y la reducción de su huella de carbono, al entender que estos fines también pueden impactar de forma positiva sobre sus cuentas de resultados.

Precisamente el concepto de economía circular está muy en boga en estos días a través de algunos modelos alternativos de financiación que están cambiando muchos paradigmas. Fórmulas como el leasing o el renting se presentan como herramientas esenciales para promover una cultura productiva en el que el valor de los equipos y bienes industriales se mantiene en el mercado durante el mayor tiempo posible, relegando el modelo tradicional de consumo basado en «comprar, usar y desechar».

Por todo ello, la apuesta sostenible dejará pronto de ser algo opcional o condicionado en exclusiva a fines filantrópicos particulares. El futuro industrial europeo pasa por una vertiginosa revolución verde que resultará diferencial en los próximos años, también para lograr ventajas competitivas perdurables en un mercado global tensionado

Las organizaciones llamadas a escalar posiciones potenciarán su ADN corporativo en base a fines medibles que traduzcan los compromisos ESG en acciones concretas. Así, la batalla empresarial venidera se librará cada vez menos en el terreno del producto y más en el del ecosistema lo rodea.

Ignacio Aguirreche SchaafsmaCEO de Tiampe
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