
Coté Soler
CEO de BeLiquid, productor, director y conferenciante
El arte de generar impacto
Este experto reflexiona –desde su experiencia como ingeniero, actor y formador de directivos– sobre las claves para comunicar con impacto en entornos empresariales

A veces, empezamos una presentación en una sala con 6 personas o un auditorio con 100, con todos los elementos “correctos”: agradecimientos, credenciales, el tema en grande, nuestro flamante powerpoint… y, aun así, a los treinta segundos la mitad de la audiencia está mirando el móvil.
Me ha pasado y lo he hecho a propósito más de una vez: arrancar mal, a propósito, para mostrar algo incómodo pero real. No fallamos por falta de contenido; fallamos porque no conectamos. Y en un entorno como el actual, si no conectas, no existes.
Generar impacto es una competencia
No creo que generar impacto sea un don reservado a unos pocos. Es una competencia. Se entrena o, como decimos nosotros, se ensaya. Y cuanto más ensayas, más impacto generas.
Trabajamos con directivos y equipos todas las semanas. Al cabo del año hablamos con más de 300 responsables de talento, RRHH, comités de dirección, CEOs…
La radiografía se repite: equipos desbordados y desorientados, mandos intermedios sin herramientas para sostener emocionalmente a sus personas, comités que operan en islas verticales cuando el cliente exige pensar en líneas horizontales, y CEOs a los que ahora se les pide, además de visión, ser grandes comunicadores, con capacidad de impactar hacia hacia dentro y hacia fuera.
A distintas velocidades
Y lo que pasa, simplemente, es que no estamos preparados para ello. Hemos estudiado otras cosas que no nos llegan para gestionar este momento. El cambio y la tecnología van más rápido que nuestra preparación.
Y, mientras tanto, comunicamos por más canales que nunca: email, Slack, Teams, WhatsApp, town halls, vídeos… pero la sensación general es que nadie recuerda nada y nadie se entera de nada.
Ahí es donde entra el impacto. No es hablar más alto, ni parecer brillante, ni acumular diapositivas. Impactar es lograr que alguien te escuche, te entienda, le parezca importante lo que dices, lo recuerde y lo repita de tal forma, que lleve a la acción y algo se mueva. Si se queda, se repite. Y si se repite, transforma.
De Vigo al escenario (y de ahí, a la empresa)
Nací en Vigo, en un entorno donde de emociones se hablaba poco o nada. Estudié Ingeniería Informática —todo muy lógico, muy racional— y años después me formé como actor.
Descubrí un lenguaje que no había conocido: cuerpo, mirada, pausa, emoción. Todo lo que he conseguido en vida profesional lo conecto mucho más con mis habilidades de actor que con las de mi carrera de informática.
Las habilidades para presentar, impactar, motivar, escuchar, negociar o liderar las aprendí mientras estudiaba interpretación. De ahí nació BeLiquid, donde unimos artes escénicas y management para entrenar a líderes y equipos en algo que casi nunca se entrena en la empresa: la capacidad de generar impacto.
Con el tiempo ordené lo aprendido en un marco simple que uso a diario: PCERA. Sí, suena a “pecera” y no es casual. Cuando lideras, estás en una pecera: todo se ve, todo se amplifica.
¿Cómo impactar?
El reto es salir mentalmente de esa pecera y decidir cómo quieres impactar en cada interacción. Las cinco claves son: Presencia, Claridad, Emoción, Ritmo y Acción.
1. Presencia
Presencia no es hacer; es estar. Un actor joven se mueve mucho para “llenar”. Uno con tablas apenas se mueve y, sin embargo, sostiene la escena. A los líderes nos pasa igual: cuando estás de verdad —mirando, escuchando, leyendo la sala—, el otro también está.
Para llegar ahí ayuda salir de la cabeza y entrar en el cuerpo. Mehrabian demostró que el 93% de la comunicación es no verbal y si estoy rumiando qué decir o como decirlo, desconecto de toda la parte no verbal… y se nota.
La presencia también es autenticidad: no copiar a nadie. A veces hablo de la “maldición de Steve Jobs”: querer parecerse al estilo de un gran comunicador en lugar de encontrar el propio. La audiencia agradece la verdad más que la imitación.
2. Claridad
Cuando te escuchan, tus palabras importan. Pero ese 7% verbal (sí, lo de Mehrabian) tiene que funcionar como un tiro. El primer enemigo es la maldición del conocimiento: cuanto más sabemos, peor explicamos. Llenamos el discurso de jerga y el otro se pierde.
El segundo enemigo es el lenguaje corporativo. Recomiendo Weekend Language: habla como hablarías con un amigo en un parque (sin perder profesionalidad). Se trata de hacer digerible lo que dices. Y tercero: las historias.
Dentro de tres semanas, probablemente no recordéis mis palabras exactas, pero sí recordaréis la historia de “un gallego que estudió informática, se hizo actor y ahora entrena a líderes… el de la pecera”. No es casual: el cerebro recuerda relatos.
3. Emoción
Todos decimos que la emoción importa. ¿Por qué? Porque somos animales. Decidimos más de lo que creemos de forma emocional y justificamos después. Y la emoción se contagia.
En negociación, a veces una reacción no verbal (sorpresa incómoda, decepción sincera) y una pausa bien sostenida mueven más que un argumento de dos minutos. Y al revés: cuando un cliente me dice que una formación le ha encantado, levanto los brazos, aplaudo y digo: “¡Oleeee!”.
¿Qué busco? Devolver entusiasmo, fijar el momento en la memoria y reforzar el vínculo. Lo que emociona, se recuerda. Y lo que se recuerda, se repite.
4. Ritmo
Piensa en un concierto con ritmazo: el público entra sin darse cuenta. Al hablar pasa lo mismo. El ritmo sostiene la atención. No es hablar rápido o despacio, sino saber cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo dejar aire.
Las pausas también comunican. En música se dice que el silencio es una nota que no tiene sonido pero si duración. El silencio bien usado no te resta autoridad; te la da.
¿El enemigo? Las muletillas (“eh…”, “vale”, “¿no?”). Suelen aparecer por inseguridad, falta de preparación, miedo al silencio, automatismo o exceso de control y eso es justo lo que transmites a tu oyente cuando dices “ehhhhh”.
Sustitúyelo por un silencio mientras piensas qué quieres decir. Es realmente interesante observar a alguien pensando.
5. Acción
En la naturaleza todo tiende al equilibrio. Nada se mueve sin una fuerza que empuje. Con las palabras igual: si decimos algo, es porque queremos provocar algo.
En interpretación hablamos de la acción detrás del verbo: quiero que confíes, quiero que te quedes, quiero que digas la verdad. La misma frase —“Hola, ¿qué tal la reunión?”— puede significar cosas muy distintas según la intención que la sostiene.
Una noche, después del estreno de una famosísima película, tuve la oportunidad de cenar con su director. Le conté que salí del cine tan emociona que, al ir a cenar, no pude pedir: si abría la boca, lloraba.
Le pregunté si esa emoción era talento o método. Me dijo: “Cada plano lo creo pensando en la emoción que quiero provocar en el espectador.” Eso es acción aplicada a la comunicación: no hablar por hablar, diseñar el efecto que quieres causar.
Salir de la pecera
Vuelvo a la pecera. A menudo los líderes vivimos dentro sin darnos cuenta: observados, medidos, amplificados. El trabajo —el arte— consiste en salir de esa pecera, mirar desde fuera y elegir qué queremos provocar con cada plano: una reunión, una conversación difícil, una presentación, un correo.
No se trata de impresionar; se trata de dejar huella útil. Porque, hoy, liderar sin generar impacto se parece demasiado a no liderar.
Y la buena noticia es que se entrena.
Recomendados

Redacción Emprendedores
Este experto habla de cómo mejorar la cohesión y confianza dentro de los equipos de trabajo con técnicas teatrales.

Las 3 claves que impulsan a las startups europeas como líderes en innovación responsable en IA
Redacción Emprendedores
Las cuestiones paneuropeas que afectan a todo el ecosistema de las startups son la recaudación de fondos, la regulación y el apoyo de los gobiernos locales.

Redacción Emprendedores
Según este experto, comprender las implicaciones legales resulta esencial para aprovechar las oportunidades de la IA

Redacción Emprendedores
No es alarmante, pero sí preocupante. La morosidad empresarial afecta a miles de negocios cada año. Este experto explica cómo recuperar facturas impagadas.
