Las audiencias masivas ya no son la única vía para construir un negocio alrededor del contenido. El auge de las comunidades online está desplazando el foco del número de seguidores hacia audiencias más especializadas y participativas, un cambio que cobra fuerza mientras la inteligencia artificial multiplica el contenido disponible en internet. En ese escenario, Mateo Jiménez empezó a explorar este modelo antes de convertirlo en su profesión y, con 22 años, dejó la universidad para volcarse en una comunidad que ya generaba ingresos.
Aquel proyecto fue el punto de partida de Skool Scaling, cuya actividad supera hoy los 500 lanzamientos de comunidades de Skool en nichos muy distintos.
Dejó la universidad cuando el negocio empezaba a responder
La salida de la universidad no fue el inicio de la aventura empresarial, sino el momento en el que Mateo decidió concentrar sus esfuerzos en algo que ya había encontrado clientes. Había conseguido miembros y facturación, una primera validación que le llevó a plantearse qué podría ocurrir si trasladaba al proyecto las horas que hasta entonces ocupaban los estudios.
“Si no me hubiera ido bien con mi comunidad de Skool, no hubiese dejado la universidad”, afirma. El paso implicaba asumir riesgos, aunque no partía de cero. Mateo recuerda el razonamiento que terminó inclinando la balanza: “Pensé que si todo el tiempo que le estaba dedicando a la universidad se lo dedicaba a esto, podría escalarlo”. Según relata, esa dedicación permitió multiplicar posteriormente por dos y por tres el nivel que había alcanzado.
Ese episodio también fue moldeando su forma de emprender. Mateo Jiménez defiende validar una propuesta antes de acelerar y concentrar recursos en aquello que empieza a responder, en lugar de dispersarlos entre distintas oportunidades. Con el tiempo, ese mismo criterio pasó de orientar su propio proyecto a servir de base para trabajar en comunidades de Skool impulsadas por otros profesionales.
Su filosofía también está marcada por los periodos menos favorables de su recorrido. “Estuve dos años sin tener resultados y no paré”, recuerda. Una etapa que sitúa detrás de su visión del emprendimiento como un proceso de largo recorrido, alejado de la expectativa de obtener resultados inmediatos.
Una fórmula trasladada a nichos muy distintos
Aquella iniciativa personal acabaría evolucionando hacia Skool Scaling™. Desde entonces, la metodología se ha trasladado a más de 500 lanzamientos relacionados con inteligencia artificial, trading, salud, fútbol o calistenia, además de especialidades tan concretas como bateristas de iglesias cristianas, educación canina o cuidado de loros.
La diversidad de casos le ha permitido detectar un desafío que se repite independientemente del sector: captar miembros es solo una parte del recorrido; la otra consiste en conseguir que permanezcan. Esa continuidad puede construirse mediante sesiones, recursos, nuevas dinámicas y el conocimiento que empieza a circular entre los propios integrantes.
“El valor que se aporta nuevo el mes siguiente siempre debe ser más alto que la cuota que pagan los miembros de la comunidad”, explica Mateo. El contenido deja así de ser el único activo y comparte protagonismo con las conversaciones, experiencias y relaciones generadas dentro del grupo. Con el tiempo, los propios integrantes pueden aportar aprendizajes, resolver dudas y enriquecer el espacio sin depender únicamente de lo que publique su creador.
El recorrido de Mateo Jiménez conserva así la idea que marcó aquel paso a los 22 años: concentrar recursos cuando una propuesta empieza a demostrar que funciona. Más de 500 lanzamientos después, la apuesta que le llevó a dejar la universidad se ha convertido en el eje de su actividad empresarial.