Qwood: un emprendimiento rural con mucho I+D e ingeniería financiera
Qwood es un emprendimiento rural con una ambición global. Tras una década de desarrollo, la empresa ha lanzado al mercado un innovador parquet autoadhesivo de madera flexible

Luis Fernando Méndez tiene dos empresas. A la primera, fundada hace 13 años, la llamó Quewood. A la segunda, que acaba de lanzar, la ha llamado Qwood. Queda claro que lo suyo es la madera.
En Quewood “hacemos origami con madera”, dicen. Aquí utilizan láminas ultrafinas de madera que manejan como si fuera papel. Con estas hacen fundas de gafas, cuadernos, sellos para coleccionistas, tarjetas de presentación, marcapáginas, portabotellas y muchos otros objetos que pueden verse en el catálogo de su ecommerce.
Un paso más allá
En Qwood lo que ofrecen en un parquet autoadhesivo de madera flexible técnica para que cualquiera, sin hacer obra, pueda entarimar el suelo o las paredes de su casa.
La madera, en este caso, procede de los montes de Quebec (Canadá). De aquí la Q inicial del nombre de la marca. Son láminas de 1.5 mm de espesor, resistentes a la humedad y que se cortan con una tijera sencilla. De esta forma, el usuario final puede instalar él mismo el entarimado de una habitación en un solo día sin necesidad de recurrir a un profesional ni abandonar el domicilio.
Con la primera, ha podido Luis Fernando Méndez, financiar la puesta en marcha de la segunda con la que espera facturar, en 2 o 3 años, 8 millones de euros. Te contamos cómo.
La historia de un emigrante
La de Luis Fernando podría ser la historia de cualquier otra familia de emigrantes españoles de la década de los 60. Nacido en León, sus padres deciden trasladar la residencia a Francia. Se van con sus 10 hijos, cuando Luis apenas contaba con 4 años. Allí se casó y se fue a vivir a Toulouse donde trabajó para una empresa de cantos y llevando un almacén de maderas.
Después se hizo emprendedor. Con un socio montó un negocio basado en una novedosa valla publicitaria. En madrid tuvimos ocasión en verla en la estación de Atocha, en 1994.
Empezaron en Francia, pero luego quisieron atacar también el mercado internacional. Así es como Méndez desembarca con su maleta en Montreal con la misión de expandir el negocio. Desde allí consiguió vender el proyecto no solo a los canadienses, sino también a los belgas y a los españoles.
Lo otro que descubrió en Canadá fue la madera flexible, un ingenio nacido en EE.UU en 1924 utilizado como recursos fundamental de la construcción residencial y de diseño. En ella se inspiraría Méndez cuando, regresado ya a España y afincado en Castellón primero y luego en Madrid, decidiese emprender de nuevo.
10 años para dar con el adhesivo
Ya se ha dicho que el objetivo de Quewood era sacar productos de gran consumo para poder así autofinanciar, mediante el flujo de caja, el proyecto mayor de Qwood.
La madera y la técnica la tenía de Canadá. Lo que no funcionaba en ese parquet autoadhesivo ecológico que se había propuesto crear era, precisamente, el adhesivo.
El problema fue que empezaron con adhesivos de acrílico donde comprobaron que, al contacto con el agua, la humedad reblandecía la madera y lo despegaba todo.
El otro reto era dar con una fórmula para pegar bien la madera de manera que los bordes no se levantasen y la curvatura fuera hacia abajo y no se levantase. Para resolver esta duda tuvo que ir Méndez tres veces a Canadá.
Hasta llegar a Taiwan
Para solucionar el problema del adhesivo, se recorrió media España y pidió ayuda a la Universidad de Valladolid que le ofreció colaborar a cambio de un importe que no podía pagar. También realizó pruebas en la multinacional estadounidense 3M donde dieron con un adhesivo de alta calidad, pero económicamente inviable.
Al final supo de un adhesivo de poliuretano que se fabricaba en Taiwán y pegaba a la perfección. Este es el que utiliza ahora Qwood que le fabrican en la empresa madrileña Equymelt, especialistas es soluciones adhesivas para profesionales e industria.
Desde que empezó con la búsqueda hasta que dio con la solución había transcurrido una década.

La innovación
La idea de crear un suelo de madera natural de 1.5 mm. de espesor, es la principal innovación de Qwood. El efecto es idéntico al del parquet de madera pero, paradójicamente, más duro que una tarima convencional.
Para ello utiliza madera flexible, una chapa de marquetería de 0.6 mm pegada a papel craft que solo tienes que retirar e instalar directamente.
Los beneficios
Entre las ventajas del producto, Méndez refiere unas cuentas. Evitas acuchillar y desmontar rodapiés o cortar puertas, a diferencia de las tarimas tradicionales de 15 mm; no generas polvo ni ruidos; como las placas se venden ya barnizadas con un producto no tóxico, no tienes que abandonar el domicilio durante unos días; el material es resistente al agua apto, en consecuencia, para baños y cocina.
Otra, no de menor trascendencia, es que utiliza 15 veces menos madera que cualquier tarima convencional, por lo que resulta bastante más económica.
Dispone de dos formatos. Uno pequeño para baño y cocina y otro más largo para estancias mayores y ofrecen hasta 3.500 tipos de maderas diferentes, desde roble hasta arce, nogal, cerezo o peral.
Integración vertical
La intención de Luis Fernando Méndez es basar el modelo de negocio en una integración vertical. Es decir, ellos mismos desarrollan, fabrican y venden sin pasar por ningún intermediario salvo la empresa responsable de barnizar el producto, y los proveedores de la madera.
Por este mismo motivo, la venta será exclusivamente online aprovechando que se trata de un producto ligero, poco voluminoso y no frágil.
Emprender en el pueblo
Qwood ocupa una antigua fragua de Fresno de Cantespino, una localidad segoviana que no llega a los 300 habitantes. Se instaló allí a través de un programa de atracción de emprendimiento rural. Sostiene Méndez que ésta ha sido una de sus decisiones más acertadas y anima a cualquier emprendedor a que siga su ejemplo.
Dispone de un espacio de 200 metros cuadrados por el que paga 250€ al mes y la luz la recibe gratis. Lo mismo en Madrid le hubiese costado entre 2.500 y 3.000 euros mensuales, es decir, más de 30.000€ al año y cerca de 400.000€ en los 13 años que lleva allí instalado. En buena medida, este ahorro en costes fijos le ha ayudado a mantenerse durante todo el tiempo de desarrollo.
Dos empleados
Tampoco en mano de obra se gasta mucho. Actualmente solo trabajan en Qwood él y Camilo, un amigo de su hijo que le ayuda en todas las tareas de digitalización, desarrollo web o marketing. En ocasiones, para aquellos clientes que prefieren que les instalen la tarima, recurren a jóvenes universitarios a quienes pagan el 150% del Salario Mínimo Interprofesional.
En la fragua, que sirve también de centro de desarrollo, reciben y almacenan la madera ya barnizada, la cortan con láser y embalan los lotes, también en madera. Así es como mantienen todo bajo control.
Tal y como lo tienen todo, con los dos únicos empleados incluídos y sin ampliar infraestructura, Qwood podría fabricar ahora unos 10.000 metros cuadrados de tarima al mes. Siguiendo el cálculo del CEO de vender 100.000 metros cuadrados al año, le sale una facturación aproximada a los 8 millones al año.
Empezar por Francia
Otra cosa que tiene clara Méndez es que España no es su mercado principal. A su juicio, aquí ni existe cultura de bricolaje ni excesiva afición por la madera. Así que es en Francia donde van a iniciar las ventas de lo producido desde Segovia.
En Francia el coste de la instalación de un suelo de madera pegado como hacen ahora, cuesta 40 € el metro cuadrado, y la tarima entre 120 y 150 € el metro cuadrado. Con Qwood la tarima saldría a 70€ y 10€ la instalación del metro cuadrado. Con esta promesa, están a punto de abrir una empresa en el país galo.
El montaje financiero
“Montamos una empresa en Francia para poder comercializar más fácilmente. Queremos tener el dominio qwood.fr, un número de teléfono francés y un sistema de facturación francés”. La fórmula jurídica será la de una Sociedad Anónima Simplificada (SAS), un tipo de sociedad mercantil moderna, más flexible y de rápida constitución.
Las operaciones en Francia las va a financiar en dos fases. La inicial será una aportación no monetaria de 100.000€. Este dinero no se aporta en efectivo, sino mediante una aportación no numeraria.
Para justificarlo, ha pedido a una empresa francesa que valore el desarrollo de la web ya traducida al francés, valorándolo en los 100.000€ que se aportan como capital a la nueva empresa.
Los 100.000€ del capital, los dividirá en 10 millones de acciones a un valor de un céntimo (0,01 €) cada acción.
Prima de emisión
La segunda fase se enfoca en captar capital de riesgo (previsto para septiembre u octubre). Aquí recurrirá a la prima de emisión. Emitirá nuevas acciones, por ejemplo un millón más, por un valor nominal de un euro por acción. Al vender 1 millón de acciones a 1 euro, se valora la empresa en función de esa última compra sin que la aportación de los fundadores haya cambiado.
Este método, además de acrecentar la valoración de la empresa, permite al fundador obtener una gran inyección de capital manteniendo el control y protegiendo a los antiguos accionistas de la dilución.
Haciendo ruido
Para que todo lo planeado suceda, lo primero que tiene que conseguir Luis Fernando Méndez es despertar el interés por la madera.
Conforme a este propósito, el objetivo primordial en este momento es hacer ruido y comunicar mucho. En esta dirección va el pódcast que quieren emitir también desde la fragua, en español y francés, hablando solo de madera y carpintería. En una primera publicación que hicieron en TikTok dice Luis Fernando que tuvieron 20.000 contactos.
Andan también estos días enviando muestras a influencers relacionados con el mundo de las reformas y el bricolaje. Sabe Méndez que a la gente”esto solo le va a interesar si nos convertimos en un producto de moda y se corre la voz” y en ello están.
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