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En primera persona: «Soy un afortunado por dedicarme a mi pasión aunque me pase noches sin dormir»

Nicolás Barilari Plana, Argentina. 35 años. Tiene el emprendimiento en la sangre desde que montó un puesto de perritos calientes a los 17 años antes de ingresar en la universidad.

20/06/2023  Redacción EmprendedoresCasos de éxito

Desde entonces ha fundado varias compañías tecnológicas y de finanzas. Tras unos años como emprendedor en Argentina, decidió venirse a España y lanzar Finaer. Ahora, ha cofundado Nash21, una proptech dedicada a transformar los contratos de alquiler para convertirlos en activos líquidos y transaccionales y maximizar así su rendimiento. Este es el relato de su historia, contada en primera persona:

«A mí siempre me gustó emprender. No se trata de una frase hecha ni pretendo erigirme como ejemplo de nada, pero lo ha sido todo en mi vida. La experiencia no ha sido, ni cuanto menos, un camino de rosas porque, como os podéis imaginar, no todo ha estado lleno de éxitos, pero justamente esos ‘proyectos que pudieron ser, pero no fueron’ terminaron siendo los que mayores aprendizajes me aportaron.

Yo nací en Argentina en el año 88. Esta frase suelo utilizarla como mi carta de presentación porque representa mi carrera como profesional y la manera de enfocar mi trabajo. Para el que no lo sepa, por aquel entonces, Argentina estaba en un proceso de hiperinflación del 10.000% anual. Desde el día que yo nací hasta hoy, mi país ha estado siempre en crisis y el miedo a corralitos, recisiones y la inestabilidad política han formado parte de mi día a día.

El hecho de trabajar e intentar desarrollar proyectos bajo este paraguas te obliga, sin que tengas otra opción, a saber adaptarte a cualquier contexto,sobrevivir a él y estar siempre alerta. Todo ello es lo que te forja como emprendedor porque, en muchas ocasiones, te obliga a aprender a pasos agigantados.

Mi escuela, más que la licenciatura de finanzas que estudié por la insistencia de mis padres fue la de la calle y la de trabajar constantemente en la que la fórmula del éxito viene ya hecha. Soy de los que piensan que, si trabajas un 20% o un 30% más que el resto, está claro que hay más de oportunidades de que te equivoques, pero también un 30% más de opciones de contactar nuevos clientes o construir nuevos proyectos.

En todas las empresas en las que he trabajado, el leitmotiv ha sido el de trabajar bajo el principio de la mejora continua y bajo el principio estricto de la meritocracia. Cuando empezamos las operaciones en España, algunos conocidos nos sugirieron que cambiáramos nuestros principios porque no iban a casar del todo con la cultura española. Por supuesto no hicimos caso. Los principios no se negocian. Si les hubiésemos hecho caso, no tendríamos niveles de productividad por encima del 25% con respecto a nuestros competidores.

Comencé como emprendedor de la mano de un amigo montando una cadena de puestos de hot dogs, mientras, al mismo tiempo, empezaba mis pinitos en el mundo financiero cuando decidí llevar a cabo mi primera inversión bursátil. Lo anecdótico de aquello es que tuve que abrir la cuenta a nombre de mi madre porque aún no tenía la mayoría de edad. Estas dos historias tuvieron distintos desenlaces. Mientras que, con el puesto de perritos calientes, el negocio aparentemente más sencillo, fracasé, la inversión fue todo un éxito. De ahí uno de los primeros aprendizajes de mi carrera: lo mío estaba en las finanzas; mi gran fascinación, mi petróleo.

Tras varios años en el mundo de la consultoría, me nombraron director de Estrategia para LATAM en un pequeño fondo de inversión que invertía en infraestructura y préstamos soberanos. Esto me permitió hacer contactos, conocer inversores y viajar a Estados Unidos a terminar de formarme. Sin embargo, Argentina entonces entró nuevamente en crisis por lo que todos los fondos de inversion decidieron excluirla como destino para sus      inversiones     . Mi país se encontraba oficialmente en situación de default al haber impagado su deuda lo que provocó que este segmento de la empresa terminara desapareciendo.

De esta situación, extraje una nueva lección. En la vida profesional hay cosas que uno no es capaz de controlar y aquellas que se pueden prever o pronosticar, tienen un grado de acierto muy bajo. Cuando uno se lanza a emprender, suele tener más variables sin control, que variables controladas. Me gusta decir que es necesario tener un plan A, un B, un C, un D y un E, por todas aquellas variables que no puedes controlar. A cada uno de ellos, además, siempre le he agregado un enfoque obsesivo por la planificación y el feedback de control.

Sin embargo, si llega el momento en el que todo está bajo control, eso quiere decir que vamos muy lentos. Emprender es saber también manejar e incluir variables desconocidas para ver cómo se desarrolla el negocio. El hecho de mantener ese “equilibrio” entre el movimiento y lo seguro, entre planificación e improvisación, es para mí la clave del éxito.  Por otro lado, y no está de más decirlo, en eso de la flexibilidad los argentinos contamos con ventajas innatas de nacimiento.

Esa pasión por el control también me viene de mi pasado como analista. La mayor parte del tiempo lo dedicaba a entender y analizar proyectos ajenos reflejados en una hoja de datos. Con el tiempo, también aprendí a mirarlas yendo un paso más allá. Al principio, cuando repasaba los datos de los negocios y sus métricas, siempre llegaba a la misma conclusión: “Si eran viables económicamente, ¿por qué no llevarlos a cabo? Finalmente, y con el paso de los años y de ver a muchos proyectos triunfar que no eran los mejores en el plano económico o también fracasar a aquellos que eran excelentes en su planteamiento, llegué a la conclusión de que los que tienen éxito, se debían a que sus founders se dedicaban de manera exclusiva y full a una sola cosa a la vez, el que mucho abarca, poco aprieta.

A partir de entonces, aprendí a decir que no y a enfocar mi energía 100% en un proyecto. No lo voy a negar, me costó varios dolores de cabeza, pero me hizo más maduro como emprendedor. A fin de cuentas, como dice Howells: “El petróleo no se encuentra en la superficie, sino en la profundidad”. Una vez que hay “olor” a petróleo, cualquier mínimo esfuerzo puesto en otra dirección, es antieconómico y, sobre todo, antirracional. 

La fórmula del éxito: equipo y mucha suerte

No hay lugar a dudas de que sin buenas ideas y sin buenos productos es muy difícil lograr el éxito. Aun así, si uno cuenta con un gran equipo incluso hasta los malos productos y las malas ideas pueden llegar a buen puerto.

Un equipo profesional, unido, involucrado encuentra solución a cualquier desafío. Aquí radica la verdadera clave del éxito. Y en mi caso, como encargado de liderarlo, mi principal tarea es construirlo y mantenerlo.

Cuando se encuentra a la persona que cumple con los requisitos es mi obligación darle las herramientas y el espacio necesarios para que pueda superarse a diario y trabajar más y mejor. Así, con ese equipo de personas, el buen producto y los resultados económicos llegan solos. Por otro lado, si se detecta que alguien no conecta con los valores de la empresa, hay que prescindir de esa persona de manera inmediata porque el bien del grupo debe prevalecer sobre el bien individual.

Si me preguntan por alguna fórmula del éxito diría que esta se encuentra en primer lugar, en atraer, retener y cuidar a las mejores personas; en segundo lugar, el producto y el servicio; y en tercer lugar, los beneficios a largo plazo.

Por último, pero no menos importante para completar la fórmula, hay que contar con una alta dosis de buena suerte. Suele haber cierta tendencia a pensar que los méritos son propios de uno, pero que los fracasos son cuestiones del destino. La definición de suerte es la suma de preparación y la buena fortuna y para eso conseguirla lo único que hay que hacer es trabajar y mejorar un poco todos los días.

Ser emprendedor, como decía al principio, es duro. Dejas de tener vacaciones, los libros que lees son sobre trabajo     , siempre tienes alguna idea o duda que te ronda la cabeza y no puedes dejar de pensar en ello, además de las noches en vela trabajando. Sin embargo, me considero un afortunado. Me levanto cada día con la felicidad plena de dedicarme a lo que verdaderamente me gusta. Cada idea o proyecto que va tomando forma es mi mayor satisfacción. En definitiva, para mí no hay nada más gratificante que ser empendedor«.

Nicolás Barilari Plana