Ballesteros Comunicación: cuando la batalla judicial también se libra en los medios
Con una especialización poco común en España, Ballesteros Comunicación diseña estrategias para proteger la imagen de sus clientes cuando un caso trasciende el ámbito de los tribunales

El sistema judicial está diseñado para garantizar que los casos se resuelvan mediante un proceso legal. Durante este, pruebas, procedimientos y decisiones judiciales se suceden en busca de dar un juicio justo e imparcial.
Sin embargo, en una sociedad hiperconectada, los casos más importantes tienen una sentencia social mucho antes de que exista una judicial. ¿Qué hacemos cuando los jueces son la sociedad entera? Ballesteros Comunicación surge para tratar de luchar contra esta idea.
La consultora especializada en comunicación de litigios ayuda a empresas, políticos y famosos a gestionar el impacto mediático de sus procesos judiciales. Su socio director, Roberto Ballesteros, explica el porqué de su negocio:
“Cuando un cliente pasa por un proceso judicial, las penas están claras y son proporcionales. En los juicios mediáticos hay un linchamiento desproporcionado, y la desproporción siempre es antijurídica. Siempre es una injusticia”.
Una profesión poco conocida
El trabajo de Ballesteros Comunicación no es especialmente común. Existen gabinetes de crisis dentro de las grandes empresas por si surgen problemas, pero prácticamente no hay casos de gabinetes externos que gestionen específicamente la reputación en procesos judiciales.
Su trabajo comienza estudiando cada caso en profundidad: leer autos, analizar la documentación, identificar los puntos débiles del cliente y detectar dónde pueden surgir los principales focos de ataque por parte de la prensa.
En la práctica, su labor se basa en construir una imagen y una defensa mediática para mitigar el posible linchamiento en los medios. “Igual que un investigado necesita preparar una defensa legal, también tiene que construir una estrategia ante los medios”, explica Ballesteros.

La propia naturaleza de su plantilla encaja en este perfil híbrido entre lo legal y lo periodístico. Los miembros de Ballesteros Comunicación son en su mayoría periodistas de tribunales, por lo que conocen a la perfección los ritmos, las fechas clave y las actuaciones de un proceso legal. Esta dualidad es imprescindible para poder construir esas estrategias de imagen y comunicación.
El propio Ballesteros se dedicó a este tipo de periodismo durante años y ahí fue donde se topó con que había un nicho de mercado por cubrir.
Cuenta que, hace años, estaba a punto de publicar un artículo sobre un juicio por estafa en el que estaba involucrada “una empresa gorda” y decidió llamarles por si querían aportar algo antes de lanzarlo:
“Me sorprendió mucho ver cómo la persona de comunicación con la que hablé no tenía ni idea de qué decir ante los medios. La conversación era un teléfono escacharrado: yo hablaba con la responsable, ella colgaba para consultar con el abogado y volvía a llamarme con la respuesta. Así una y otra vez. (…) Tienes que saber qué está pasando en tu empresa y debes tener un plan“.
Este suceso le permitió ver que existía la necesidad de una empresa como Ballesteros Comunicación. El proyecto se puso en marcha poco después y desde que arrancaron hace cuatro años no ha habido uno en el que no “duplicasen facturación”, en palabras de Ballesteros.
Mano a mano con los medios
No es un secreto que otra parte clave de su trabajo es hablar con los periodistas encargados de cubrir los juicios que atañen a sus clientes. Este trabajo puede ser sensible, ya que la línea ideológica de un medio, la repercusión mediática de un artículo y el interés de un cliente no suelen ir alineados.
Desde Ballesteros Comunicación aseguran que solo les gusta trabajar con periodistas rigurosos y profesionales. En otras palabras, aquellos que antes de publicar una información prefieren escuchar a todas las voces y contrastar sus versiones.
“No queremos un periodista que cuente exactamente lo que decimos; queremos un periodista que escuche las dos partes y ofrezca la información más completa posible”, cuenta Ballesteros.
Ante la duda de este periodista sobre el riesgo de que un cliente pida silenciar a profesionales de la información, la firma marca una línea roja clara. Consideran que cualquier beneficio obtenido mediante este tipo de prácticas suele ser temporal y termina pasando factura a largo plazo:
“Nosotros no podemos silenciar a ningún medio. Existen grandes corporaciones que destinan enormes recursos a intentar influir en la conversación pública, pero nosotros venimos del periodismo y no podríamos trabajar contra la libertad de expresión ni contra el derecho a la información”.
Los clientes de Ballesteros Comunicación
Los clientes que requieren este tipo de servicios suelen ser figuras con una elevada exposición pública. La cartera de Ballesteros, aunque profesionalmente discreta, se nutre de empresas, políticos y famosos que necesitan ayuda en sus procesos legales.
Desde la firma aseguran que no tienen líneas rojas en cuanto a qué perfiles aceptar y cuáles no. “No estamos aquí para juzgar a nadie, para eso están los jueces”, asegura Ballesteros. No obstante, hay algo que no aceptan y que sí puede truncar las relaciones con un cliente, la mentira:
“No aceptamos que nos mientan. Somos profesionales y guardamos secretos, pero no podemos aceptar eso ya que socava la confianza y entorpece nuestro trabajo”.
La clave de su servicio coincide con un proceso judicial en una cosa: cada caso es único. Debido a la sensibilidad del trabajo, no pueden elaborar planes ni declaraciones estándar para tipos de casos, sino que tienen que estudiar cada uno y hacer una estrategia tailor made.
No obstante, esto último tiene un coste añadido claro, no es un servicio para todo el mundo ya que no todos los investigados lo necesitan. La clase de clientes que optan por este tipo de consultas cuentan con amplios recursos económicos como para financiar un trabajo tan “a medida”.
Además, los procesos judiciales son largos, lo que implica tener a varias personas dedicadas exclusivamente a un caso durante bastante tiempo. “Es un servicio de lujo. Tener a profesionales día a día volcados en un único caso es algo entendiblemente caro”, argumenta Ballesteros.
Lo mejor y lo peor de la profesión
La naturaleza de su trabajo les permite asomarse a algunas de las situaciones más delicadas del ámbito empresarial, político y judicial. Años gestionando casos de gran exposición pública han hecho que, desde Ballesteros Comunicación, tengan claras las luces y sombras de su trabajo.
Entre tanto foco mediático y gestión de crisis, hay una habilidad mucho más sencilla que sigue siendo fundamental: leer. Roberto asegura que el gusto por la lectura es un requisito indispensable en la profesión.
Buena parte del trabajo consiste en analizar extensos sumarios, autos y documentos judiciales para comprender cada caso en profundidad. Para quienes disfrutan investigando y pasando horas entre documentos, esa es precisamente una de las partes más gratificantes del trabajo.
No obstante, el trabajo también tiene sus momentos más amargos, especialmente cuando las penas de cárcel entran en la conversación. Ballesteros lo describe en estas palabras:
“Lo peor es ver a gente que sabemos que es inocente procesada judicialmente como culpable. Al estar dentro y saberlo todo, estamos convencidos de su inocencia cuando entran a prisión; eso es duro”.
La comunicación de litigios es una profesión relativamente nueva, pero nace de un problema muy antiguo: la distancia entre lo que ocurre y lo que la gente cree que ha ocurrido. Esta nueva rama de la comunicación seguirá creciendo mientras el juicio mediático siga llegando antes que el judicial.
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